
Enero suele ser un mes de descanso para los maestros y profesores de todos los niveles educativos en Argentina, pero también es un momento del año clave, donde uno se replantea nuevas metas personales y proyectos profesionales. Como buenos enseñantes, pero también aprendices, los educadores de hoy saben que, para asumir el desafío de un contexto complejo y demandante, necesitan seguir capacitando y desarrollando nuevas habilidades.
¿En qué temáticas deben especializarse los docentes para afrontar los cambios a nivel educativo? ¿Cuáles son las principales competencias que deben adquirir?
Estamos atravesando un momento de transición entre lo que podríamos llamar la educación tradicional y los nuevos paradigmas impulsados por la tecnología y los cambios acelerados que trajo la pandemia. Estos últimos pusieron en evidencia que el aprendizajes hoy transcurre en espacios y tiempos más flexibles (presencial/virtual y sincrónico/asincrónico), que la educación no es transaccional sino relacional (no alcanza con dar o enviar contenido, se requiere del vínculo), que los conocimientos ya no se adquieren en compartimentos estancos, al contrario, son transversales a las diversas disciplinas y se construyen justamente desde su integración. Estas y otras tendencias van conformando un nuevo escenario educativo y nos dan “pistas” acerca de las demandas actuales.
Si bien la escuela y la universidad aún mantienen su estructura subdividida por áreas del conocimiento específico, cada vez más se evidencia la necesidad de abordar ciertas temáticas que son interdisciplinarias y requieren de una mirada conjunta:
Educación Computacional,
Educación Ambiental para el Desarrollo Sostenible,
Educación para la Ciudadanía Global,
Educación en Situaciones de Crisis,
Educación Inclusiva,
Educación Financiera,
Educación para una Vida Saludable,
Educación Emocional,
Educación en Perspectiva de Género,
Educación Sexual Integral,
Educación en Tecnologías Emergentes
Este listado da cuenta de las principales preocupaciones de la agenda educativa actual, promovidas desde la UNESCO para un sistema de educación inclusivo y de alta calidad. Se trata de áreas claves que todo educador debe conocer porque forman parte de su realidad cotidiana y problemática de las aulas.
Ya no es posible descansar en la idea de que en la clase de ciencias se enseña sustentabilidad y en la de economía, finanzas. Hoy sabemos que un proyecto educativo que integra conocimientos y convoca a trabajar de manera colectiva es mucho más enriquecedor.
Ahora bien, para desenvolverse en los contextos híbridos que señalamos, se requieren de ciertas aptitudes y destrezas que están por encima de cualquier disciplina y nivel. Mucho se ha hablado de las competencias digitales por un lado, y de las habilidades del siglo XXI por otro, pero lo cierto es que cuando miramos el momento actual y proyectamos hacia el futuro de la educación, no quedan dudas que se requiere de ambas y de manera simultánea.
Específicamente, en lo que respecta a competencias digitales docentes, se incluyen desde aspectos básicos como incorporar la tecnología en la enseñanza o gestionar la información en redes, a procesos más complejos. Tales como, interactuar en un ecosistema de múltiples recursos digitales, identificar problemas técnicos, conocer lenguajes de programación, crear contenidos, etc. En cuanto a las habilidades del siglo XXI, las mismas son de índole socioemocional y tienen que ver tanto con el desarrollo profesional como personal. Afectan nuestra forma de adaptarnos, relacionarnos, tomar decisiones.
Por lo tanto, para enseñar con tecnologías y hacer un uso crítico y seguro de las mismas, para desarrollar la creatividad e innovación, estimular el pensamiento crítico, promover la comunicación y colaboración entre los estudiantes, primero deben formarse los docentes. No porque se cuestionen sus talentos, sino sencillamente porque este mundo globalizado y digital nos obliga día a día a repensarnos en todos los roles y profesiones.
Si queremos pasar del discurso del cambio a la puesta en marcha, la formación docente debe ser en saberes y en práctica, continua y contextualizada. Si bien puede venir de programas ministeriales y políticas educativas, es importante que cada docente se autogestione y reflexione en qué problemáticas puede aportar o desde qué lugar puede constituirse como un referente en ciertos temas. También a nivel escuela, puede resultar una experiencia muy gratificadora que, desde un liderazgo colaborativo, se reconozca cuales son las necesidades particulares y se impulse la capacitación del equipo docente.
Por Rocío González - Lic. y Prof. en Comunicación Social. Mgter en Procesos Educativos mediados por Tecnologías. Directora del área de Formación Docente en Ticmas
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