
Decenas de grupos de WhatsApp, centenares de reuniones, interminables horas frente a la pc para impartir clases virtuales, crear actividades interactivas y corregir tareas, entre otras prácticas mediáticas, se volvieron una rutina cotidiana para nosotros, los educadores modernos. Nos encontramos atravesados por el conocimiento, la emoción y la tecnología, siendo rehenes de los efectos indeseados de la educación disruptiva.
Angustia, estrés, apatía, irritabilidad, insomnio y depresión son algunos de los tantos síntomas de la infoxicación, comprendida como la sobrecarga de información que recibe el ser humano a través de múltiples medios, generando en él la sensación de no poder abarcarla y gestionarla adecuadamente.
En tiempos tan vertiginosos donde lo único permanente es el cambio y la incertidumbre constantes, no es casual que hayan aumentado exponencialmente los casos de depresión y ataques de pánico en los educadores. La presión latente de “tener que cumplir con todo” nos agobia, oprimiéndonos el pecho, dejándonos sin aire, con la (¿falsa?) ilusión de que algún día la labor docente será debidamente reconocida y retribuida, sin prejuicios ni reclamo alguno.

El idilio del “e-ducador moderno” que la sociedad ha impuesto pareciera no tener en cuenta algo primordial: que somos seres humanos sentipensantes, con necesidades básicas propias que, por cierto, también deben ser satisfechas, como la utopía de almorzar y cenar a horario, dormir ocho horas diarias, tener tiempo de recreación, entre otras. Combatir la infoxicación requiere en muchos casos de ayuda profesional, digital detox (dieta digital, es decir, momentos de desconexión total), práctica de deportes o ejercicios (como pilates y yoga) y el descanso necesario que todo ser humano precisa (y no siempre tiene).
Los docentes transformamos la mente y el corazón de nuestros estudiantes en pos de brindarles una educación de calidad y prepararlos para un futuro mejor, dejando en sus caminos un legado que nunca olvidarán, es por ello que jamás ni la inteligencia artificial ni ninguna otra tecnología reemplazará nuestra figura, ya que no somos un muro, sino el (milagroso) puente que siempre tenderá su mano y dará su vida para lograr la felicidad y el progreso de su alumnado.
¿Aplaudimos y revalorizamos un momento el arduo trabajo que realizan estos héroes y heroínas alrededor del mundo? Es necesario y hasta una deuda pendiente con quienes a diario dejan una huella imborrable en la humanidad.
Cecilia Frontera es profesora de literatura, tecnóloga educativa, experta en educación y nuevas tecnologías y Maestranda en Inteligencia Artificial. CEO y fundadora de E-ducadores Transmediáticos Consultora Educativa. Ha escrito diversos artículos científicos y literarios como así también libros colaborativos internacionales. Instagram: @cecifrontera777 - Web: www.e-ducadorestransmediaticos.com
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