Mercedes Mateo Díaz, jefa de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo, disertó sobre “Qué aprendimos en los países en desarrollo”, en una presentación moderada por Cecilia Calero, directora del Área de Educación y de los posgrados en Educación, e investigadora del Cepe, de la Universidad Torcuato Di Tella.
Mateo Díaz comenzó exponiendo cifras relativas a problemas estructurales de América Latina y el Caribe. Precisó que en 2020 unos 44 millones de personas cayeron en la pobreza; que 168 millones de alumnos quedaron fuera de la escuela; un 40% de los estudiantes de la región no tiene acceso a una computadora en el hogar y más de la mitad de los niños pobres no tiene acceso a internet.
Graficó la desigualdad en el acceso a la educación remota con el caso de Santiago de Chile. “Mientras en la comuna Las Condes, de altos ingresos, el acceso fue del 99%, en La Pintana, de bajos ingresos, fue del 53%”. Y alertó: “La enseñanza más importante que dejó la pandemia fue la diferencia en el acceso y oportunidades entre estudiantes de diferentes niveles socio económicos, áreas y género no resisten a un shock de la naturaleza como el que estamos viviendo”.
La especialista advirtió que la pobreza se verifica en la falta de espacio en los hogares para que los chicos hagan sus tareas, en la falta de conectividad y dispositivos digitales, en la violencia doméstica, en la precariedad económica de los hogares, en la falta de una buena alimentación y en la capacidad de desarrollar capacidades socioemocionales y habilidades digitales. “Cualquier política educativa tiene que ser mirada con el lente de la multidimensionalidad de la pobreza”.

“Hemos asistido también a una fragmentación acelerada del tejido social”, dijo, y lo ilustró con el caso colombiano: “Debido a que las zonas rurales carecen de acceso a internet para asistir a clases remotas y las oportunidades legales son limitadas, se estima que el reclutamiento de menores por carteles de la droga se ha quintuplicado desde el inicio de la pandemia”.
Otro aprendizaje importante que para Mateo Díaz dejó la pandemia fue que “las escuelas no son necesariamente el espacio de propagación del virus”, y agregó que en la eventualidad de una nueva pandemia “deberíamos considerar otras medidas antes que el cierre de escuelas”.
“La pandemia trajo un cambio de paradigma: la escuela dejó de asociarse al espacio físico y los aprendizajes sincrónicos, y nos hemos abierto mentalmente a que la educación puede producirse desde cualquier lugar, de forma asincrónica, y que el aprendizaje puede adaptarse a las necesidades y ritmos del estudiante”, dijo. Asimismo manifestó que otro aprendizaje fue el de la “importancia de la salud mental de los estudiantes”, y alertó que “el confinamiento prolongado en el hogar tiene efectos en el bienestar físicos y socioemocionales de los chicosy jóvenes”. Otra lección aprendida, explicó, fue que “los sistemas educativos no estaban preparados para la educación a distancia”.
Mateo Díaz consideró que en la pospandemia perdurarán algunas nuevas tendencias. “El online llegó para quedarse y el futuro será híbrido, con un uso más efectivo en el aula con las posibilidades que ofrecen las herramientas digitales, una combinación de oferta tradicional y no tradicional para la formación o una personalización del aprendizaje”, dijo. Y añadió que otra tendencia importante es que “se está descomponiendo la cadena de producción”, dado que se están verificando cambios en la estructura de mercado, sobre todo para estudiantes de secundaria y educación superior: “La oferta de servicios es cada vez más modular: antes las trayectorias educativas estaban bastantes prefijadas”.
“Otra gran tendencia es el cambio en el comportamiento de los consumidores: veremos estudiantes más exigentes, que van a pedir resultados en términos de retornos a la inversión que van a hacer relativos a trabajo e ingresos”, agregó.
En relación al estado del mercado laboral, dijo que hay una tendencia a su polarización. “En un extremo, las ocupaciones de baja remuneración y con mano de obra poco calificada; y en el otro, las ocupaciones que requieren funciones cognitivas avanzadas, pensamiento crítico y habilidades técnicas especializadas.”, describió, y aseveró que los trabajos que “estaban en el medio están en proceso de desaparición y reemplazados por máquinas”. Luego alertó sobre los efectos de la tendencia a la “automatización” del mercado laboral: “En países como Argentina, Chile, México o Uruguay, entre el 20% y 30% de los trabajos tienen un alto riesgo de automatización”.
“En términos de empleo, la diferencia la produce la educación superior. Hay grandes primas salariales para quienes la poseen”, dijo. Aunque alertó sobre dos puntos clave: la inequidad en el acceso y la heterogeneidad en los programas de educación superior.
Con respecto al “potencial redistributivo” de los cambios en el sector educativo, Mateo Díaz describió un escenario en el que “las mejores universidades del mundo están empezando a ofrecer sus servicios a precio más bajos gracias a la digitalización de programas. Hay una oferta emergente de universidades alternativas que ofrecen educación de excelencia a la mitad de precio; grandes compañías, como Google, están creando sus propios programas educativos a la medida de sus necesidades, y también hay muchas empresas que están ofreciendo certificaciones digitales”.
“La cuestión es cómo pasamos de la educación remota e híbrida de emergencia a la transformación permanente de los sistemas educativos. A una versión 4.0 de la educación, adaptada a las necesidades de la gente que está viviendo en el mundo de la cuarta revolución industrial, y cómo resolvemos el gran desafío de la inequidad”, cerró.
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