
Taylor Swift puede presumir de ser la artista más popular del siglo XXI, y quizá de todos los tiempos. Cinco de los diez álbumes más populares en Estados Unidos en 2023 eran suyos, según Luminate, una empresa de análisis. Los álbumes de Swift acumulan ya 384 semanas entre los diez primeros de la lista Billboard, superando el récord de los Beatles. Está a mitad de camino de la gira de conciertos más lucrativa de la historia. Su versión cinematográfica recaudó más de 260 millones de dólares en taquilla el año pasado.
El 19 de abril publicó un álbum doble titulado «The Tortured Poets Department: The Anthology». A lo largo de 31 canciones, Swift esgrime su bisturí y disecciona cada centímetro de sus relaciones recientes. Pocos compositores han sabido transmutar mejor el desamor en éxitos. («El subidón», como cantaba en «Blank Space», seguro que siempre ha merecido la pena). Desgraciadamente, en este álbum ha renunciado al pop bailable en favor de algo tan abatido como su título indica.
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Atrás quedan los estribillos irresistiblemente pegadizos de «I Knew You Were Trouble» y «We Are Never Ever Getting Back Together», sustituidos por sintetizadores de ensueño, baterías apagadas y voces lánguidas. Swift sabe hacer bien la melancolía y la tristeza. Sin embargo, «The Tortured Poets Department» es lúgubre pero no memorable. Para una mujer que lanzó su carrera siendo una precoz adolescente que cantaba country, sus nuevas letras suenan sorprendentemente inmaduras, con rimas poco imaginativas. «Como si hubiera perdido a mi gemelo, a la mierda si no puedo tenerlo», canta en «Down Bad».
Es un signo de su estrellato que muchos Swifties se apresuraran a comprar el disco de todos modos: un día después de su lanzamiento, «The Tortured Poets Department» vendió 1,4 millones de copias en Estados Unidos. Pero algunos han roto filas y confiesan que las canciones les parecen decepcionantes e iguales. ¿Está cayendo Swift en la trampa que atrapa a quienes llegan a lo más alto en sus campos, desde autores a directores ejecutivos? Quizá nadie, ni siquiera sus compositores, quiera decirle a la mayor estrella de la música que sus canciones son sosas.
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En «I Can Do It With A Broken Heart» presume de ser «tan productiva que es un arte». De hecho, es bastante habitual que los grandes artistas en la cima de su fama publiquen largos álbumes dobles: pensemos en las 30 canciones del «Álbum Blanco» de los Beatles o las 20 de «The River» de Bruce Springsteen. Pero ambos podrían haberse beneficiado de una edición más selectiva y aún así se habrían convertido en los preciados clásicos que son hoy. Para Swift, es la calidad de su producción, y no la cantidad, lo que la distingue de sus colegas.
El último trabajo de Swift no está a la altura de su nivel habitual. En una de las canciones, afirma estar en «su mejor momento». Sus fans, tanto incondicionales como esporádicos, se preguntan si su brillo está desapareciendo.
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