
La industria de la indumentaria registró en los últimos dos meses un período de fuerte deterioro en casi todos sus indicadores y, según el propio sector, atravesó el peor bimestre desde comienzos del año pasado.
Las empresas debieron enfrentar una combinación de caída del consumo, suba de costos, aumento de importaciones y el agravamiento de los problemas financieros internos. Este escenario llevó a los fabricantes a reducir su actividad, ajustar estrategias de precios, gestionar una presión inédita de stocks y adaptarse a una dinámica comercial externa que profundizó las tensiones en el mercado.
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Los datos relevados por la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) exhibieron una estructura sectorial debilitada, con un nivel de ventas que retrocedió por tercer bimestre consecutivo y con una percepción empresarial que se desplazó hacia posiciones abiertamente pesimistas. Además, las señales provenientes del comercio exterior reforzaron el impacto sobre los productores locales, ya que las importaciones de prendas crecieron al ritmo más acelerado en siete años.
Ajuste en el empleo
En este contexto, el comportamiento del empleo y de la producción se convirtieron en el eje más crítico del panorama industrial.
Las empresas recurrieron a ajustes crecientes en la dotación de personal
Las empresas recurrieron a ajustes crecientes en la dotación de personal, con un salto de los despidos que marcó el valor más alto desde 2024. Las suspensiones se duplicaron y representaron el 10% de las medidas adoptadas por las empresas, cuando el bimestre anterior era 5%. En el caso de los despidos, representaron casi 30% de las medidas adoptadas.
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Estas decisiones se vincularon directamente con la imposibilidad de trasladar a precios la suba de los costos, la caída sistemática de ventas y la acumulación de inventarios que dificultó la continuidad del ritmo productivo.
El registro de cuatro bimestres consecutivos de incremento en despidos mostró la velocidad con la que las compañías adoptaron herramientas de contención y evidencia el deterioro que afectó la operación cotidiana de las firmas. Mientras la demanda se contrajo y la presión por exceso de stock aumentó, la producción se desestabilizó y los fabricantes recortaron turnos, horas y personal.
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La encuesta de la CIAI mostró que 7 de cada 10 empresas reportaron caídas en ventas en el quinto bimestre del año. Este comportamiento se consolidó como tendencia, ya que por tercer período consecutivo el balance sectorial se mantuvo en terreno negativo.
La baja interanual de unidades vendidas llegó al 13,3%, un nivel que reflejó el retroceso del consumo sobre una base que ya se encontraba debilitada. La caída de la demanda volvió a ocupar el primer lugar entre las preocupaciones de los empresarios, posicionándose como un problema para el 80% de las firmas. A esta dificultad se sumó un incremento de costos que afectó la estructura operativa del sector y que presionó aún más sobre la rentabilidad.
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Precios contenidos
La incapacidad de trasladar costos salariales a precios ocupó un rol determinante en el deterioro del desempeño. Según la cámara, el 64% de las empresas absorbió completamente los incrementos salariales, mientras el 34% solo aplicó ajustes parciales. Esta dinámica explicó el desacople del índice de precios de prendas respecto del nivel general y mostró las restricciones que enfrentó la industria para sostener márgenes y planificar producción. La contención de precios se impuso como norma en un escenario marcado por la resistencia del consumidor y por la competencia creciente de productos importados.

El problema de los stocks se convirtió en uno de los aspectos más sensibles para la actividad. El 48% de las empresas declaró inventarios excesivos, el valor más elevado desde fines de 2024.
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Este indicador sumó cuatro bimestres consecutivos en alza y se transformó en una fuente relevante de tensión financiera, ya que la acumulación de productos sin rotación limitó la capacidad de reposición, alteró la planificación de la producción y redujo el espacio para nuevos lanzamientos o series cortas.
Deterioro de la cadena de pagos
La cadena de pagos también mostró signos de deterioro. Un tercio de las firmas reportó retrasos frecuentes, mientras las empresas sin inconvenientes en sus pagos se redujeron del 49% al 30%. Esta situación generó un impacto directo sobre la producción: al enfrentar demoras en los cobros, muchas compañías ralentizaron compras de insumos, ajustaron la planificación de fabricación y priorizaron órdenes de mayor liquidez.
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Al enfrentar demoras en los cobros, muchas compañías ralentizaron compras de insumos, ajustaron la planificación de fabricación y priorizaron órdenes de mayor liquidez
En un marco donde la demanda retrocedió y los costos crecieron, el deterioro financiero limitó todavía más la capacidad de sostener personal y actividad.
La confianza empresarial cayó con fuerza. El 58% de las compañías calificó la situación económica como mala o muy mala, el nivel más crítico de los últimos dos años. Las expectativas para 2025 se movieron hacia posiciones negativas: la proporción de empresas que esperaba mejoras en ventas descendió a solo 10%, mientras el pesimismo aumentó desde el segundo al quinto bimestre.
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La contracción del optimismo coincidió con el deterioro del resto de las variables operativas, en un contexto donde las empresas evaluaron un escenario de incertidumbre y ajuste para los meses siguientes.
Explosión de las importaciones
La información de comercio exterior reforzó el diagnóstico general. Entre enero y octubre de 2025, las importaciones de prendas de vestir crecieron un 102% en dólares y 154% en cantidades respecto del mismo período de 2024.
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El volumen importado llegó a 31.232 toneladas, una cifra que ubicó al segmento en su récord histórico para ese lapso. China explicó buena parte del incremento, con precios unitarios en retroceso y una participación del 51% sobre el total. El precio promedio de la prenda importada cayó un 21%, impulsado por la mayor presencia de productos de bajo costo, y generó una competencia directa sobre la producción nacional.

El análisis por categorías mostró que los pantalones, los abrigos y los sweaters concentraron la mayor parte del valor importado. Los pantalones representaron el 21,8% del total, con un crecimiento interanual del 124% en dólares y del 196% en cantidades. Las t-shirts y las camisas también registraron subas significativas, lo que amplió la oferta externa en segmentos de alta rotación. La competencia se acentuó con el descenso de precios unitarios: las t-shirts importadas bajaron un 37%, las camisas de hombre un 27% y los sweaters un 20 por ciento.
Del lado de las exportaciones, el desempeño también fue negativo. Entre enero y octubre, el valor exportado cayó un 21% y el volumen retrocedió un 24%. El sector envió 479 toneladas, el registro más bajo de los últimos ocho años. A pesar de este declive, el precio unitario de la prenda exportada subió 4%, un movimiento que respondió a modificaciones en la composición del mix exportador, más orientado a productos de mayor valor relativo.
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