
Tras meses de especulaciones sobre la posibilidad de una corrección cambiaria que compensara el supuesto atraso del precio del dólar o insistiendo en la necesidad de que el Banco Central acelerara la tasa de crawling peg (ritmo de devaluación) que por ahora corre al 2% mensual, el mercado finalmente se convenció de que eso no ocurrirá.
Ahora, en cambio, el mercado enfoca todos sus análisis y proyecciones en evaluar el impacto que tendría en la economía un ciclo prolongado de “dólar barato”. Esto dibuja un nuevo mapa económico, con sectores que ganarán y otros que sufrirán bajo este modelo.
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Claro que el primer interrogante que surge es, en todo caso, de dónde saldrán los dólares para sostener un esquema de cambio “atrasado” y compensar el déficit de divisas que generarían algunos sectores de la economía, como el de servicios.
Las proyecciones para este año indican que la salida neta de divisas por turismo y gastos en el exterior rondará los USD 5.000 millones, cifra que superaría los USD 7.000 millones en 2025. Basta con prestar atención al furor de los paquetes a Brasil este verano.
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Déficit de la industria manufacturera
Pero también hay varios sectores industriales que aportarían al rojo en el balance de divisas. Se trata de aquellos rubros altamente sensibles a la apertura comercial como el textil, de calzado y electrodomésticos o aquellos que dependen intensivamente de las importaciones.
El caso paradigmático de este último grupo es el sector automotriz que, cuanto más produce, más piezas necesita importar, al punto que el saldo de su balanza comercial es deficitario.
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Paradójicamente, en la medida que crezca la producción tal como se espera para el próximo año, mayor será la demanda de autopartes, lo que incrementará el desbalance. Esto porque el dólar bajo sumará una dificultad a las que ya tiene el rubro para exportar.
Un informe de la consultora Abeceb ratificó que, en término productivos, el sector textil y el metalúrgico serían los más afectados por un proceso de apertura comercial con un dólar poco competitivo, mientras que también la industria liviana (insumos), de movilidad (autos), la electrónica y petroquímica enfrentarán un desafío.
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Sectores superavitarios y neutros
En el otro extremo, los sectores florecientes que serán -o al menos es la apuesta del Gobierno- los proveedores de divisas se encuentra el sector agropecuario, la energía (gas, petróleo y también renovables) la minería, no sólo el litio sino también el cobre y los servicios basados en conocimiento, es decir, la industria del software. Serían los pilares en los que descansaría un modelo cuyo tipo de cambio de equilibrio debería implicar, también, salarios altos en dólares.
En el medio, ni tan ganadores, pero tampoco perdedores y con una oportunidad para capturar divisas, se encontraría la industria de alimentos y también la de maquinaria de uso agrícola.
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Con esa perspectiva, el economista Fernando Marull compartió en sus redes un simple cuadro en el que comparó el déficit de divisas que generará el sector turístico con el aporte de dólares del sector energético, que recuperó este año el superávit y logra compensar lo que “pierde” el primero.
“Superávit energético, déficit de turismo. Desde 2024 y en 2025 van a dar empate. Venimos de 15 años donde los dos daban déficit”, afirmó Marull.
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El optimismo por el flujo de dólares que puede aportar el petróleo y el gas de Vaca Muerta, por caso, lleva a algunos analistas a hablar de las posibilidad de la enfermedad holandesa, aquel fenómeno por el cual el ingreso masivo de divisas por parte de nuevos sectores exportadores tiene un fuerte impacto de apreciación del peso. lo que hace sufrir a los sectores menos competitivos con el resto del mundo.
“Si todo sale bien, vamos a tener todos los síntomas de la enfermedad holandesa (con sectores muy ganadores y sectores muy perdedores”, pronosticó un informe de la consulta 1816, quien aseguró que, en definitiva, el desafío será “administrar la abundancia”.
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