
El equipo económico proyecta que en septiembre, el primer mes que operó con la reducción de la alícuota del impuesto PAIS, tendría una inflación de 3,5%, por lo que no habría un impacto muy marcado respecto al ritmo al que ya se mueven los precios. En julio el dato oficial fue de 4% y para agosto, una cifra que se dará a conocer mañana, las estimaciones hablan de un IPC levemente inferior.
La proyección del Banco Central surge de una presentación que hizo el vicepresidente de la entidad Vladimir Werning el viernes pasado en la cumbre del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), en el que disertaron distintos funcionarios del equipo económico. En un cuadro incluido en su presentación, Werning remarcó cuál es la distancia entre las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) y el dato final de inflación, para argumentar que la inflación desacelera a un ritmo más rápido de lo esperado por el consenso de los analistas privados.
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Pero en el gráfico incluyó además una proyección propia de la entidad, en la que muestra que para septiembre, el primer mes en que impactó de lleno la baja de la alícuota del impuesto PAIS desde 17,5% a 7,5% para el pago de importaciones y de fletes, el IPC desaceleraría a la zona del 3,5%, unos 0,4 puntos porcentuales del 3,9% esperado para agosto por el REM. Y que en septiembre, además, la inflación núcleo caería hasta el 3% mensual. Esta última proyección fue agregada el viernes en IAEF, ya que en la versión anterior de las habituales presentaciones de Werning ante inversores el dato solo llegaba hasta julio.

El equipo económico espera que la reducción impositiva que empezó a ser efectiva el 2 de septiembre actúe como ariete para perforar la inercia inflacionaria de los últimos tres meses, en que la suba de precios núcleo se mantuvo estable. La apuesta es a que septiembre exhiba un ritmo de precios más bajo que julio (4%) y que agosto, mes del que el ministro Luis Caputo anticipó que se espera una cifra similar.
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El mercado es algo más escéptico sobre un efecto claro en los precios y estima difícil medirlo en esos términos. “El impacto sobre la inflación resulta difícil de estimar: dependerá de la estructura de costos de los distintos bienes y servicios que incorporan bienes importados, del grado de competencia que presente el resto para habilitar o no la recomposición de márgenes de rentabilidad. Entendemos que no será significativo, no esperamos bajas nominales de precios, en todo caso un freno de ajustes programados”, planteó LCG en un informe.
“El impacto más claro debería notarse en los precios mayoristas, no solo de productos importados que tienen una ponderación de 7,3% en el IPIM del Indec y que ya venían subiendo por debajo del ritmo del crawling peg desde marzo sino también de productos manufacturados nacionales que tienen un componente de costo importado”, mencionó 1816, en tanto. Es por eso que estimó que “la magnitud del traslado a precios es inherentemente difícil de estimar por el simple hecho de que en nuestra historia económica no tenemos experiencias de apreciación nominal en un régimen de tipo de cambio administrado”, apuntó.
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El Grupo IEB también enfatizó esa particularidad: que el impacto en precios podría ser más bien diferido que inmediato. “Da cierto colchón para evitar remarcaciones sin pérdida de márgenes, lo cual podría impulsar los datos de inflación futuros a la baja”, plantearon. “No obstante, esta no es la única forma en que la baja del tributo podría asistir en el control de la inflación. Al abaratarse el costo de importar no sólo los bienes intermedios, sino también los bienes finales, pondrá presiones sobre los productores locales”, expuso. Parte de esa conversación ya tuvo lugar, la semana pasada, entre empresarios supermercadistas y el Gobierno nacional.
Otra idea que sostuvo Werning en su presentación es que según una medición nueva que realiza el Banco Central la actividad económica “cambió su ciclo” y que tras haber tocado un piso debería empezar a mostrar signos de reactivación. Se trata de un ILA (indicador líder de actividad) que según una metodología desarrollada por el think tank norteamericano The Conference Board habría mostrado que “en julio se cumplieron las tres condiciones que indican que el ILA-BCRA habría verificado un punto de giro en marzo”.
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Esas tres condiciones serían:
- Duración, que mide la cantidad de meses con variaciones mensuales positivas de los últimos cuatro.
- Difusión, es decir el porcentaje de sectores con variación mensual positiva (medido como media móvil de los últimos cuatro meses).
- Profundidad, que implica la variación porcentual del índice líder del BCRA.
“Es esperable que el cambio de fase del EMAE haya ocurrido en abril o en los meses subsiguientes”, concluyó Werning en su presentación.
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