
¿Podría el eventual “Pacto de Mayo”, que el Ieral de la Fundación Mediterránea también llama “Pacto de Córdoba”, revertir el largo estancamiento económico de la Argentina?
Sí, dice un paper de la entidad, pero para hacerlo debería pivotear sobre el último punto del decálogo que el presidente Javier Milei propuso ante la Asamblea Legislativa el 1 de marzo pasado: “la apertura al comercio internacional, de manera que la Argentina vuelva a ser una protagonista del mercado global”.
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Según Jorge Vasconcelos y Maximiliano Gutiérrez “si la agenda del Pacto de Mayo se lograra ordenar en función de una exitosa reinserción de la Argentina en la economía mundial, no perdería sentido ninguno de los 9 ítems restantes, pero sí habría que reconfigurar objetivos e instrumentos, pasando a tener en cuenta su impacto en términos de competitividad”.
Des-desarrollo
Los autores citan dos métricas del des-desarrollo argentino. Entre 1953 y 2023 el PBI por habitante cayó del 63% al 33% (esto es, de casi dos tercios a un tercio) del PBI por habitante de EEUU, tras superar el 70% a principios de los ‘60, y en el mismo lapso las ventas externas del país pasaron de 1,34% a 0,36% de las exportaciones mundiales, perdiendo casi tres cuartas partes de su participación en la torta exportadora global.
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De no haber ocurrido ese retraso relativo respecto de EEUU, tomado como kilómetro cero de la economía mundial, el PBI por habitante sería hoy el doble de lo que es y las exportaciones del país superarían largamente los USD 300.000 millones anuales.

Vasconcelos y Gutiérrez resisten comparar el propuesto “Pacto de Mayo” con el de la Moncloa, en España, en 1977, cuyo hilo conductor fue el objetivo, compartido por los partidos políticos españoles con representación parlamentaria, de integrar el país a la Comunidad Económica Europea (CEE), logrado con el ingreso en 1986, el posterior perfeccionamiento de la CEE a Unión Europea, la creación del euro y de un “Banco Central Europeo” (BCE), capaz de actuar como “prestamista de última instancia”.
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A falta de ese eje ordenador, dicen los autores, buscar respuestas a cada uno de los 10 ítems del “Pacto de Mayo” por separado “muy probablemente lleve a un mínimo común denominador extremadamente raquítico, sin ningún poder transformador”.
El último será el primero
Para que el decálogo sea eficaz en términos de desarrollo, argumentan, “habría que reconfigurar objetivos e instrumentos, pasando a tener en cuenta su impacto en términos de competitividad y capacidad de crear empleos. Así, por ejemplo, la cuestión fiscal, la magnitud y eficiencia del gasto público, una estructura tributaria que deje atrás los impuestos más distorsivos, se ven con mayor nitidez si se organizan en función de una decidida integración de las actividades económicas a las cadenas globales de valor”. Esto es, al punto 10 del pacto como “eje ordenador”.
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En buena medida, el desafío se asemeja al de los países que superaron la “trampa del ingreso medio” en la que según algunos economistas, como Eduardo Levy Yeyati, que la describe en el libro “Dinosaurios y Marmotas”, la Argentina está sumida hace muchas décadas: una desconexión entre riqueza real y riqueza percibida y entre un Estado relativamente generoso en promesas de bienestar pero de hecho muy modesto en la prestación de servicios esenciales como Educación y Salud, lo que genera una frustración que en los últimos 20 años se intentó suplir con más transferencias fiscales (planes, moratorias jubilatorias) que agudizaron la fragilidad financiera, la inflación y sucesivas crisis.

Según el paper del Ieral, salvo el caso de España y otros emergentes que pasaron a desarrollados dentro de la Eurozona, el resto de los países que lograron superar con éxito la “trampa del ingreso medio” funcionan, en general, con Bancos Centrales independientes, metas de inflación y flotación cambiaria, algo diferente a la dolarización y competencia de monedas que menta el actual gobierno argentino.
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“Los casos excepcionales que han adoptado una moneda común como es el euro, han podido testear en sucesivas crisis la tremenda importancia de contar con un prestamista de última Instancia como es el Banco Central Europeo”, dice el trabajo, según el cual “los prerrequisitos para desembocar en competencia de monedas son tan exigentes como los que debieron cumplirse cuando se ingresó en la convertibilidad”.
Para evitar que la “competencia de monedas” no inaugure una nueva huida del peso, los autores citan 5 requisitos:
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- gobernabilidad;
- prescindir del impuesto inflacionario para cerrar las cuentas fiscales;
- haber resuelto la “inflación inercial”;
- entrar al nuevo régimen con precios relativos “corregidos” y habiendo eliminado trabas comerciales y cambiarias; y
- “apuntar a la inflación internacional desde el primer día”.
Una agenda altamente demandante, que exige además resolver una coyuntura complicada.

Por caso, el trabajo menciona que pese a la baja de la tasa de interés dispuesta el lunes 11 por el BCRA, la emisión por el pago de los intereses de los pasivos remunerados sería aún de $1,97 billones al mes, 5% de la Base Monetaria amplia actual.
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“Se redujo la tasa, pero sigue siendo muy alta como emisión endógena, una mochila demasiado pesada para una moneda que se proponga competir de igual a igual con las divisas”, subrayan Vasconcelos y Gutiérrez, que de todos modos señalan que la “competencia de monedas” exigiría unos USD 15.000 millones, mucho menos que los USD 35.000 millones necesarios para rescatar todos los pesos y dolarizar la economía.
Recesión
La reciente baja en la tasa de interés también respondería al temor del Gobierno a una recesión más profunda y prolongada de lo que preveía, dicen los autores, y citan indicadores, como la caída del salario real a valores similares a los de mayo de 2006 (esto es, hace casi 18 años).
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Apuntan los economistas además que los sectores con mayor apertura exportadora (como hidrocarburos y procesamiento de carne) están logrando surfear mejor la recesión, en particular si se comparan con los sectores de menor inserción internacional.
Otros indicadores son las caídas en febrero del despacho de cemento (24% interanual), la producción de autos (18,2%), del índice Construya (25,6%), de ventas minoristas (25,5%) y del patentamiento de autos (18,7%). Lo cual vuelve a resaltar la importancia de una “reinserción internacional” de la economía argentina.
En suma, mucho por hacer para llegar a un eventualmente exitoso “Pacto de Mayo”.
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