
“Ningún cargo de primera línea va a ser para el PRO”. Ése es el mensaje que recibieron muchos integrantes de los equipos técnicos vinculados a áreas económicas que acompañaron a Patricia Bullrich en el diseño de sus planes y cuyos nombres sonaron para distintas carteras. La premisa, que hasta ahora se viene ratificando ya que en ninguno de los cargos confirmados en el futuro gabinete de Javier Milei fue designado, efectivamente, alguien del partido fundado por Mauricio Macri, no sería ajena a la cartera económica.
Pero las negociaciones no terminan y el qué, el cómo y con quién son partes de un engranaje indisociable que pueden terminar por quebrar esa máxima que por el momento -van apenas cuatro días de transición- se sostiene.
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Entre todos los candidatos que se mencionan para ocupar el Ministerio de Economía, algunos con más fuerza que otros y, también, algunos más involucrados que otros, existe un punto inicial de coincidencia. Todos, al igual que Milei, creen en la necesidad de shock y de unificar el mercado de cambios lo antes posible. Pero, a diferencia de lo que fue la experiencia de 2015, en la que la mayoría de los nombrados participaron, el camino es mucho más intrincado que entonces. Ahora, sostienen también en sintonía con el Presidente electo, encontrar una solución “de mercado” -como prometió Milei- a la “bola de Leliq” es un paso previo que consideran imprescindible antes de la eliminación de las restricciones cambiarias y la profusa cantidad de precios para el dólar que rigen hoy en la Argentina.

Pero ese camino de liberalización y unificación del tipo de cambio se topa con un escollo para nada menor: la promesa de dolarizar la economía, el caballito de campaña de Milei del que, hasta anoche, no se había bajado.
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Es cierto que nadie en el mercado parece creer ya en el intento de una dolarización inminente, temor instalado en la previa a la primera vuelta electoral que desató una corrida cambiaria que llevó el precio de los dólares alternativos por encima de los valores del cierre de ayer. Pero también lo es que la ausencia taxativa de un certificado de defunción de la propuesta puede alimentar tensiones permanentes sobre el mercado de cambios.
“No hay forma de ser gradual porque no hay más dólares. Massa vació todo. El problema del (próximo) gobierno es que la idea de la dolarización diferida agrava la inestabilidad nominal. Pero abandonar ahora la idea tiene un alto costo político”, coinciden en el diagnóstico en los equipos económicos del PRO, incluídos algunos de los nombres que más fuerte suenan.
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Entre ellos, el de Federico Sturzennegger, quien por haberse acercado a colaborar con Milei incluso antes de la primera vuelta, cuando Bullrich seguía en carrera, escaparía al veto amarillo para los puestos de mayor jerarquía. Cerca del ex presidente del Banco Central admiten que todavía hay cuestiones de “sintonía fina” que acordar, y remarcan que las Leliq son la prioridad para poder levantar el cepo cambiario cuanto antes. La propuesta de dolarización que encarna Emilio Ocampo desde su futuro puesto al frente del BCRA, es la exigiría el mayor esfuerzo de sintonización. Aclararon, sin embargo, que no hay en ese frente cruces ni rispideces. “Es todo ruido”, afirmaron. Pero lo cierto es que, por debajo de ese ruido, las internas existen.
Luis “Toto” Caputo y Luciano Laspina, los otros dos nombres más repetidos para “inmolarse” en la silla eléctrica, también tienen reparos y no es claro el interés del próximo mandatario de ubicarlos en ese puesto. El de Damián Reidel, ex integrante del equipo de Sturzenegger en su paso por el Central también está en el bolillero. En ese sentido, el propio Milei hizo ayer una afirmación que muchos interpretaron como un posible nombramiento cuando, en declaraciones televisivas sostuvo que ”Caputo está en condiciones de resolver los problemas monetarios y cambiarios que tenemos”.
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A media tarde de ayer, un nuevo nombre, algo sorpresivo, se sumó a la lista. El economista Carlos Rodríguez, quien fue hace meses designado como jefe de asesores de un consejo económico de Millei en la campaña, postuló a Ricardo López Murphy como otro posible candidato para esa silla que alguna vez, por poco tiempo, supo ocupar hace 22 años. Salió eyectado por una feroz resistencia al ajuste fiscal que proponía, precisamente la característica que hoy lo convertiría en un mensaje tremendamente potente hacia el mercado y la sociedad en general. Radical de origen, se sumó a la campaña de Bullrich desde el principio pero nada sería más equivocado que etiquetarlo como un miembro del Pro. El único detalle es que López Murphy también se pronunció contrario a la idea de la dolarización.
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