
El ministro de Economía Martín Guzmán llegó al Palacio de Hacienda en 2019 con un vasto currículum académico, la mentoría del premio nobel de economía Joseph Stiglitz y un gusto nunca disimulado por codearse con las celebridades del mundo de la investigación científica en su área. Cierto, también, ese aura intelectual le valió críticas desde antes de su asunción a una carrera dedicada a los claustros más que a las dificultades de la gestión y las internas políticas, quizás sus peores problemas en lo que lleva en el cargo.
Pero a pesar de los muchos sinsabores que experimentó en sus más de dos años como ministro, no deja de mostrar debilidad por recurrir a algunas de las ideas innovadoras del mundo de la economía que más ruido hicieron en los últimos años. Así, quienes lo conocen, saben que encuentra satisfacción en un detalle de la forma en que pasará a aplicarse la segmentación de tarifas con la que aspira a reducir el gasto del Estado en subsidios energéticos y tratar de congraciar en algún grado los crudos números del Tesoro argentino con los nada académicos objetivos del FMI.
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Al diseñar el sistema por el cual se llevará adelante de aquí en más la aplicación de subsidios al consumo hogareño de gas y electricidad, entre muchos otros pormenores, Guzmán recurrió a una jugada de libro. De best seller, en rigor.
La obra en cuestión es “Nudge: cómo mejorar las decisiones sobre salud, riqueza y felicidad” de Richard H. Thaler. El título, que fue traducido al español en algunas ocasiones como “el pequeño empujón” –un esfuerzo titánico de traductores por pasar la expresión nudge al castellano– es quizás la expresión más acorde para todo público y de difusión del trabajo del académico que ganó el premio Nóbel de Economía de 2017, y fue escrito junto con Cass R. Sunstein ($2.649 en Temática). Aunque que más coloquialmente también podría traducirse como “empujoncito”.
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Thaler, junto con Daniel Kahneman, es uno de los nombres más célebres dentro de lo que se conoce como economía del comportamiento. Una serie de disímiles investigaciones sobre el proceso de toma de decisiones de los individuos que abandonó el axioma del homo economicus., para llegar a la conclusión de que las decisiones de las personas no son racionales, apuntan a maximizar el beneficio ni están plenamente informadas al momento de ser tomadas. El individuo, entonces, pasa de ser una máquina económica racional a convertirse en un ser humano de a pie lleno de sesgos que limitan su capacidad de obtener los mejores resultados a su disposición. Por inteligente que sea (o que crea serlo).
Así, Nudge recorre estos sesgos y va más allá. Bajo una concepción ética que bautiza “libertarianismo paternalista” –prácticamente un oxímoron– llega a la conclusión de que, por un lado, habría que dejar que el individuo decida lo que se le da la gana y, por el otro, es legítimo que el Estado de pequeños empujones –nudges– paternalistas para beneficiar decisiones voluntarias que resulten beneficiosas tanto para él como para el conjunto de la sociedad.
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En el libro se incluyen todo tipo de sugerencias de nudges a aplicar, más que nada en el área de la salud y del ahorro para el retiro. Desde recomendar que la opción de ahorro por default para los americanos sea un programa diseñado por expertos. Esto es porque una enorme cantidad de ellos simplemente posterga el hecho de ahorrar para el retiro o elegir un plan de retiro. Y eso es un problema futuro para las familias, la economía y hasta probablemente para el Gobierno.

De esa manera, quien activamente busque planificar cómo ahorra podrá hacerlo libremente. Sin paternalismo estatal. Pero quien no decida nada, o postergue la decisión, tendrá quien lo haga por él. Un pequeño empujón para evitar un problema futuro.
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Lo mismo con planes de salud y hasta con los sistemas de turnos médicos, que las personas muchas veces agendan livianamente y nunca van. Un sistema de pequeñas multas para quienes no cancelan a tiempo puede ahorrar mucho dinero.
Subsidios
En su intento por lograr una segmentación de los subsidios a la energía Guzmán parece haber dejado un nudge escondido. La implementación del sistema todavía tiene mucho por probar, pero hasta el momento el truco al estilo de Thaler es uno de los más notorios.
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El objetivo de la segmentación es que el Estado deje de pagar parte de la boleta de luz y gas a personas que tienen la capacidad económica para hacerlo. Hoy, se estima, el 50% más rico de la sociedad percibe el 60% de la ayuda que da el estado para pagar la energía. “Subsidios pro ricos”, repite Guzmán. Esto es por múltiples factores: los más pudientes suelen vivir en zonas donde hay infraestructura y tienen mayor capacidad de adquirir artefactos que la consumen. Dicho de otra forma, cuánto más grande es una casa más gas va a necesitar para calefaccionarse.

Y también minimizar el gasto para intentar, al menos parcialmente, corregir el déficit público.
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En el esquema de subsidios que Guzmán aspira a implementar, por eso, la tendencia a procrastinar -postergar deliberadamente una acción- del ciudadano de a pie se intenta poner a favor del objetivo. Para conseguir tarifas subsidiadas los argentinos van a tener que pedirlas.
En Economía aseguran que desde la semana que viene estará disponible un formulario online. Deberán registrarse en él todos los usuarios que consideran que cumplen con las condiciones para seguir recibiendo los subsidios, excepto los que ya están alcanzados por la tarifa social.
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Así, los grises entre quienes están dentro o no del 10% más pudiente se resuelven fácil. Primero, quien crea que merece subsidio deberá tomarse el trabajo de tramitarlo. Por definición, eso tiende a minimizar la cantidad de familias que van a terminar recibiéndolo.
Más aún: hay nudges más idiosincráticos en el diseño de la segmentación. Quien tramite el subsidio tendrá que proveer información de ingresos al fisco. Es decir, dar información comprobable al Estado sobre sus bienes y sus ingresos. Se puede deducir que entre quienes operan total o parcialmente a espaldas de la AFIP serán pocos los que salgan a pedir subsidios.
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En el entorno de Guzmán no disimulan cierta inspiración thaleriana a la hora de idear el registro para la segmentación de los subsidios a las tarifas del gas y la energía eléctrica, además de aplicar teorías propias, experiencias, estudios de factibilidad y otras investigaciones. Orgullosos del piné académico del ministro recuerdan que conoce personalmente al célebre economista, que sigue su carrera y, claro, que recurre a sus innovaciones a la hora de gestionar.
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