The Economist, uno de los más influyentes medios en los círculos económicos y políticos internacionales, volvió a poner el foco sobre la situación argentina. Después de que en su edición anterior había alertado sobre la “loca existencia” del país, en su edición publicada este jueves afirmó que la Argentina está “a la deriva, en medio de corrientes traicioneras” y afirma en un editorial de la sección Americas que los peronistas se están peleando acerca de un acuerdo con el FMI que, al cabo de dos años de negociaciones, todavía tiene muchas cosas pendientes.
La revista ilustra la situación con un barco en medio de la marejada y comienza su artículo describiendo el delta del Paraná, por el que transita el grueso de las exportaciones del país, como un laberinto de canales y corrientes cruzadas que se juntan y separan constantemente. Lo mismo sucede, explica, con el peronismo, “un amplio movimiento populista nacional que gobernó el país 25 de los últimos 38 años”, desde el retorno de la democracia, que se une cuando tiene el poder a la vista y se divide en la adversidad, como muestra la actual pelea en torno de la propuesta de acuerdo con el FMI. .
A continuación, el texto recapitula la historia inmediata: la asunción de Alberto Fernández como presidente, hace dos años, con la tarea de hacer el roll over de USD 44.500 millones que el Fondo le había otorgado al país durante la gestión de su predecesor “de centro derecha”,,Mauricio Macri. La reticencia a acordar, dice The Economist, es en parte ideológica, ya que Cristina Fernández de Kirchner (CFK), a quien presenta como “vicepresidente y líder del ala izquierda y populista” del gobierno, “ha hecho carrera política atribuyendo los problemas autoinfligidos del país al liberalismo y al FMI”.
Pero la resistencia al acuerdo, agrega, tiene también raíces económicas, ya que a cambio de refinanciar la deuda el Fondo quiere que la Argentina deje de imprimir dinero, reduzca su déficit fiscal y deje su actual esquema cambiario “dual”, lo cual implica ajustarse el cinturón a corto plazo para mejorar a mediano plazo “en un país cuya economía todavía no se recuperó completamente de la pandemia y donde cuatro de cada diez personas viven en la pobreza”.
Según The Economist, los lineamientos del acuerdo que se dieron a conocer el 28 de enero, son menos demandantes de lo habitual en el Fondo. El presidente se jactó de que no reformará el sistema jubilatorio y aumentará la inversión pública. “Es un acuerdo sin medidas de austeridad”, cita el medio al ministro Martín Guzmán.
El plan tiene todavía que ser aprobado por el directorio del FMI, pero ya fue rápidamente rechazado por los kirchneristas, dice la influyente revista, citando la renuncia, el lunes pasado, de Máximo Kirchner, “el hijo de la vicepresidente”, como jefe del bloque peronista en la Cámara de Diputados, alegando no estar de acuerdo con la estrategia ni con los resultados de la negociación.
Máximo, dice The Economist, está en lo cierto de que el acuerdo es más duro de lo que el gobierno sugiere, ya que exige un recorte del déficit a 2,5% del PBI en 2022 y a 1,9% en 2023. Sucede, explica, que el déficit de 2021 fue de 3,3% porque el gobierno contó con ingresos “de única vez”, como el impuesto a la riqueza y aumento de la recaudación de retenciones por el alza de los precios internacionales de las materias primas. Sin cambios, el déficit de 2022 probablemente sería del 4,5%, estima la revista, por lo que el recorte del déficit exigido es en verdad cercano a 2% del PBI, “probablemente reduciendo subsidios a la electricidad y el gas y dejando que la inflación siga erosionando el valor de las jubilaciones”. Además, el acuerdo requiere que el Banco Central reduzca la emisión de dinero para cubrir el déficit de 3,7% a 1% del PBI y aumentar las reservas en USD 5.000 millones.
El Fondo sabe, dice The Economist, que el de Fernández es un gobierno débil que en 2023 afrontará elecciones. Ya reconoció que cometió errores en el crédito de 2018 al gobierno de Macri, pero cree también que “un acuerdo subestándar es mejor que un default”.
“El Fondo ve esto como un puente hacia un nuevo gobierno que tenga la capacidad de hacer las reformas que la Argentina necesita para poner sus cuentas en órden y crecer”, cita la revista al economista Eduardo Levy Yeyati, director de la escuela de Gobierno de la Universidad di Tella.
La conclusión es que un acuerdo de bajo nivel es preferible a un no acuerdo, ya que un default implicaría “más presión sobre el peso, más inflación y menos crecimiento”. Pero cualquier acuerdo debe ser aprobado por el Congreso, y los kirchneristas parecen decididos a votar en cuenta, con lo cual el Gobierno depende de la oposición o de un decreto de emergencia.
El problema subyacente, prosigue es que la preferencia peronista por el proteccionismo, la inflación y los subsidios ha provocado una escasez crónica de divisas. De hecho, explica The Economist, “El equipo de (Alberto) Fernández parece hablar de crecimiento, pero lo bloquea con regulaciones e impuestos. Al respecto, Federico Sturzenegger, es consignado afirmando que “este gobierno es una máquina de destruir oportunidades”.
De hecho, el editorial afirma que la Argentina está llena de emprendedores que llevan sus negocios a otro lado. “El kirchnerismo –dice- lo único que ofrece a los argentinos es retórica”. La oposición, remata, tiene todo a favor para ganar la próxima elección, pero enderezar la economía y ponerla en un canal de alta velocidad requerirá que el país haga frente a verdades duras.
“La sequía del último año -remata- dejó al Paraná peligrosamente bajo y el peronismo parece estar en igual condición”.
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