
Anunciado por el propio Presidente y con un amplio esfuerzo de difusión por parte del Gobierno, la puesta en marcha del nuevo Plan Ahora 12, que se amplió hasta 30 cuotas, se topó con las limitaciones que impone la realidad económica incluso para los programas oficiales destinados a estimular la actividad.
La vocación de ofrecer fuertes incentivos al consumo, particularmente enfocado en esta oportunidad en bienes durables y semidurables -aquellos que, según los expertos, proporcionan mayor sensación de bienestar los consumidores de sectores medios- no pudo soslayar la compleja situación económica condensada en dos datos: el alto nivel de inflación y la siempre acechante escasez de dólares, hoy compensada por el fuerte ingreso de divisas del campo que el Banco Central administra con rigurosidad.
El primero de esos datos, la inflación en el rango de 50% interanual, pesó en la trabada negociación con los bancos, que lograron que el Gobierno les ofreciera esta vez mayores beneficios. En principio, el nivel de tasa que, aunque claramente negativa, aumentó levemente para los plazos ya vigentes pero se ubicó en 40% para el plazo más largo de dos años y medio, por encima de la expectativa de los funcionarios del Ministerio de Producción que llevaron adelante la negociación. La mayor ventaja, sin embargo, la concedió el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, que habilitó a los bancos que más presten bajo esta modalidad un mayor nivel de liquidez disponible para invertir en las célebres Leliqs.
Pero no fueron esas concesiones, claramente determinadas por la mayor resistencia de las entidades financieras a acordar el programa en el contexto de menor rentabilidad por la combinación de las tasas reguladas y el persistente avance de precios, los principales obstáculos que enfrentó, y aún enfrenta, el Gobierno para el éxito de su plan.
Por el contrario, la disponibilidad de dólares se presenta como el talón de Aquiles de un plan destinado a mejorar el humor social de cara a las elecciones. La ausencia de los celulares entre los rubros incluidos en la flamante versión del programa es, sin dudas, el ejemplo más patente. Los smartphones supieron ser, hasta que fueron despedidos del plan el año pasado, un producto estrella de ventas del Ahora. A tal punto que esa fue, precisamente, la principal razón que esgrimieron los funcionarios ante los fabricantes nucleados en la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (AFARTE).

“La explicación que dieron es la participación de los celulares se terminaba consumiendo el cupo destinado a la financiación y que se venden igual sin el plan”, aseguró una fuente del sector quien aclaró que, a pesar de las quejas públicas, la decisión no sorprendió en las empresas. Lo cierto es que el volumen de venta de celulares, fabricados en Tierra del Fuego pero con una incidencia de insumos importados por encima del 70%, tiene un peso determinante en el programa, con 6 millones de unidades vendidas en plena pandemia y derrumbe de la actividad económica. En contrapartida, la venta de televisores y aires acondicionados en conjunto no alcanza la mitad de esa cifra.
Pero estos productos también requieren de altos niveles de insumos importados para su fabricación local, lo cual genera un delicado equilibrio entre el éxito del plan, que promueve un aumento de ventas, y la necesidad de administrar el flujo de dólares destinados a la importación. En el Banco Central reconocen que las divisas destinadas a la importación de bienes intermedios es, junto con los dólares destinados a la compra de energía, el renglón que más crece: se lleva el 42% del total y registra un aumento del 78% respecto al año pasado.
En cualquier caso, tal vez sean los propios destinatarios del plan, los consumidores, quienes eviten un goteo excesivo de dólares por esta vía. De acuerdo a los datos del último informe del Índice Prisma, que procesa que procesa 12.500 millones de transacciones al año, se produjo un cambio durante el último año en el uso del Plan Ahora por el cual crecieron las ventas de los planes más cortos (3 y 6 cuotas) y se frenaron los de mayor extensión. En otros términos, los consumidores se volcaron mayormente a realizar compras en los rubros incluidos en los planes de menor plazo, como indumentaria, calzado o gastos de esparcimiento, mientras que relegaron la adquisición de electrodomésticos o bienes destinados al equipamiento del hogar, categorías que experimentó un buen ciclo de ventas durante los meses de cuarentena más estricta.
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