
Un año electoral, donde el Gobierno apuesta a una estrategia de devaluación a un ritmo que va más lento que la inflación, puede ser un buen momento para los consumidores que tienen ahorro disponible para apostar a la compra de bienes durables.
Los especialistas estiman que en los próximos meses puede haber un “veranito” para el consumo de bienes como electrodomésticos, tecnología —que incluso permiten la financiación en cuotas— y también automóviles e incluso inmuebles. Las posibles restricciones a las exportaciones también pueden generar mayor demanda ante una posible escasez en algunos rubros.
“Quizás no es tanto por el valor actual, se puede pensar que el dólar está atrasado y que puede haber un posible salto post-elecciones y que eso motive a la demanda de durables. En una economía inflacionaria hay que buscar refugio de valor; al estar restringido al acceso al dólar y al estar restringidas ciertas importaciones, se genera como una presión extra. Sumado a que ya las restricciones existen y puede ser que se tengan que profundizarse”, señaló el economista Guido Lorenzo, de la consultora LCG.
Las posibilidades de menor oferta de bienes que se importan es una motivación extra para adelantar consumos. “Se empieza a ver algunos faltantes de determinados productos que alienta a una compra anticipada. Si a eso se suma que se pueden encarecer más, ya sea porque va haber menos ofertas o porque el dólar va a ser más alto, convendría anticiparse y consumir esos bienes que uno prevé que van a escasear en el futuro”, agregó Lorenzo.

De acuerdo a los datos de la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara) durante enero de 2021 se patentaron 49.438 unidades, una suba del 9,9% interanual, ya que en el mismo mes del año anterior se habían registrado 44.972 unidades.
“Somos optimistas que podemos tener un año positivo estableciendo un nivel de actividad con un piso de 430.000 patentamientos en el año, si contamos con la oferta y las medidas de incentivos necesarias. Sabemos que las terminales están acompañando también esta recuperación y van a aumentar el abastecimiento de vehículos. Con el esfuerzo que está haciendo toda la cadena de valor vemos posible que no solo nuestro sector crezca sino también motorizar otras industrias asociadas y ser uno de los ejes de la recuperación”, explicó Ricardo Salomé, presidente de Acara.
Con todo, el mercado está fuertemente distorsionado por la restricción de la oferta de productos procedentes del exterior. El Gobierno libera las licencias de importación a cuentagotas y en función de la disponibilidad de divisas, por lo que no solo se ven afectados los modelos que no se fabrican en el país, sino también los nacionales, perjudicados muchas veces por la escasez de piezas.
Esta situación hace que aumenten de precio en las concesionarias los vehículos nuevos y que se revalorice el mercado del usado. Hay modelos que hoy no están disponibles y tampoco las empresas saben cuándo ingresarán, por lo que en esos casos la persona que tiene un usado en buenas condiciones, patentado en 2020 o 2019 lo está ofreciendo incluso más caro que el 0Km.

En enero de 2020 un Gol Comfortline tenía un precio de lista de la terminal Volkswagen de $1.001.441, y uno usado del 2019 se cotizaba a $590.000, es decir, poco más de la mitad. Este año, en enero, el valor sugerido del mismo modelo 0km por la terminal alemana era de $1.354.000, mientras que esa unidad patentada en 2019 hoy está publicado en 1.130.000 pesos.
El economista Mariano Otálora recordó el “overshooting” que tuvo el dólar cuando en su cotización informal llegó a los $195. “Cuando el dólar subió, muchos bienes de la economía ajustaron a la suba y no volvieron para atrás con los precios. Desde el aumento en el valor de los autos usados o 0 Km, el costo de los materiales de la construcción, los electrodomésticos o la tecnología en general”, señaló.
“Si el dólar sigue planchado, en todas sus cotizaciones, la inflación genera que los precios en dólares también aumenten. Por lo tanto, los precios que vemos hoy, más caros que meses atrás, seguirán aumentando en pesos y en dólares dependerá de qué pase con el mercado en los próximos meses; si el Gobierno logra o no mantener la pax cambiaria”, agregó. Según el especialista, hoy sigue siendo negocio endeudarse en pesos para adquirir bienes dolarizados. Un ejemplo son los costos de la construcción, que están en un nivel bajo medido en dólares en términos históricos.
En el mercado inmobiliario, en tanto, se sostiene la baja de precios en la ciudad de Buenos Aires. Según un informe de Reporte Inmobiliario, los precios de departamentos usados (según los valores publicados en dólares) se retrajeron un 17,3% durante el último año, con ocho trimestres con caídas consecutivas.
El valor promedio del metro cuadrado del usado departamento usado (calidad estándar sin amenities) se ubicó en febrero de este año en USD 1.810. La caída alcanza el 24,6% si se compara al valor actual con los USD 2.400 del mismo mes de 2019. Los valores se vienen ajustando lentamente desde hace ya más de dos años, pero aun no generó un crecimiento significativo en las ventas.
A pesar de esto, en el sector de la construcción, la demora en las aprobaciones de proyectos de obra producto de las limitaciones que impone la pandemia, el golpeado nivel del salario real y el complicado acceso al crédito hipotecario seguirán operando como trabas para que la demanda se recupere de manera sostenida.
Desde la consultora Ecolatina destacaron que ‚en el actual escenario económico, los bienes durables son los principales favorecidos: “Luego de sufrir un fuerte golpe en el momento más complejo del aislamiento social (ASPO), las ventas de electrodomésticos, autos, motos, muebles e insumos vinculados al mantenimiento y reparación de la vivienda han venido mejorando sensiblemente, traccionando distintas ramas industriales. Si bien este ‘veranito’ del consumo sería de corto aliento, de no mediar una corrección cambiaria abrupta, algo que no prevemos en el corto plazo, la reactivación de estos sectores se extendería”.
Según la consultora, una parte de este crecimiento obedeció al adelanto de compras en vistas de una devaluación, por eso, es probable que la demanda modere su ritmo. Mientras que las restricciones de oferta registradas en algunas cadenas de comercialización, además de la incertidumbre cambiaria, presionaron a la inflación en los últimos meses. “El endurecimiento de los controles a las importaciones y a la compra de dólares para la producción frenaría la recuperación de algunas de estas actividades, tal el caso de la electrónica”, alertaron.
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