
La intención del Gobierno, el sindicalismo y las cámaras del sector automotor de darle impulso a la actividad luego de la caída de la producción y las ventas de los últimos años se enfrenta con la necesidad de divisas para la importación de autopartes, en un contexto de “escasez manifiesta de dólares” que representa un cuello de botella para el desarrollo del sector, según el análisis de la consultora Invenómica, que propuso “generar cambios de fondo” en la estructura productiva antes de impulsar un aumento en la comercialización de vehículos.
“Hay una relación lineal casi perfecta y estructural: cuando más autos se venden, más crece el déficit de dólares”, sostuvo la entidad en su análisis que refleja, precisamente, la correlación entre las dos variables, al punto que el derrumbe en la comercialización de vehículos fue coincidente con la caída de reservas y el inicio del proceso de devaluación del peso, en el segundo trimestre de 2018.
En ese sentido, en 2017 se produjo el récord anual del déficit del mercado automotor, de USD 8.347 millones, con ventas de 883.802 autos. Al año siguiente, las ventas cayeron un 22,8% a 681.816 unidades, en tanto el rojo comercial del sector se redujo un 46,1% a USD 4.499 millones, mientras que en 2019 hubo un derrumbe interanual del 45,4% en la comercialización de vehículos, con 372.474 casos y al mismo tiempo el déficit se contrajo el 85,4%.

De esa forma. el balance de la última mitad de la Presidencia de Mauricio Macri mostró las dos caras del mercado automotor: las ventas cayeron 57,8% y la producción 33,5%, con el único dato alentador que aportó esa debacle: el déficit de divisas del sector cayó 92,2% entre 2017 y 2019.
Con ese panorama, el 17 de diciembre de 2019 presidente Alberto Fernández expresó su apoyo al “Acuerdo Social y Productivo para el sector automotor 2030” presentado por SMATA, la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), la Asociación de Concesionarios de Automotores (ACARA), la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), y la Comisión Automotriz de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (ADIMRA), con el propósito de reactivar el sector para llegar dentro de una década a exportar 1.400.000 automóviles por USD 46.000 millones.
Al respecto, Invenómica advirtió en su informe sobre una serie de condicionamientos para llevar adelante ese propósito, ya que sostuvo que “la escasa capacidad de crecimiento del mercado local de vehículos no es únicamente consecuencia de factores asociados a la capacidad adquisitiva, a la falta de financiamiento, a los costos de mantenimiento o a las expectativas del consumidor”.
Un problema estructural
“Hay una cuestión de fondo y es que con la actual estructura productiva y de comercio exterior de autos, y aun produciendo más vehículos, un aumento en las ventas repercutirá directamente en una mayor salida de dólares del país. Y no es un dato menor, en una economía que sufre de restricciones externas y que tiene hoy una escasez manifiesta de dólares”, puntualizó.
Invenómica subrayó el carácter “estructural” de esa realidad que, agregó, “no se soluciona únicamente fabricando más autos localmente”, debido a que, precisamente, “la principal fuente de pérdida de divisas es consecuencia de la importación de partes que utilizan las mismas automotrices nacionales”.
“Con un perfil de endeudamiento complejo, y políticas restrictivas en el terreno cambiario para las familias y para determinados sectores productivos, suponer un crecimiento de las ventas domésticas de vehículos implica realizar inmediatamente giros en dólares que la Argentina hoy no puede asumir”, remarcó.

En consecuencia, la consultora recomendó que “antes de incentivar el crecimiento” del mercado automotor, lo que el país necesita es “generar cambios de fondo para limitar el tamaño de su déficit de divisas”.
Entre las medidas para llevar adelante en ese sentido, propuso “revisar los mecanismos de comercio con Brasil, replicar los instrumentos de fomento fiscales y financieros brasileños que incentivan el desarrollo y la incorporación de mayor cantidad de componentes locales en sus vehículos" y " exigir el cumplimiento concreto en cada una de las empresas de los coeficientes de intercambio externo”.
“Los cambios en la política automotriz, además de registrar el impacto directo sobre la balanza comercial, debe contemplar el dinamismo que el sector genera sobre el resto del entramado industrial y sobre el empleo, en el marco de un sector que está cambiando significativamente sus paradigmas con la incorporación de más tecnología y de nuevos jugadores internacionales principalmente provenientes de la hi-tech”, finalizó.
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