
Por Virginia Porcella
Con un elevadísimo nivel de incertidumbre respecto de la evolución de las variables clave, las empresas locales y extranjeras enfrentan un desafío no menor a esta altura del año: elaborar sus presupuestos para 2020. Proyectar las pautas básicas de costos e ingresos es, en estas semanas, un ejercicio imposible. Pero las compañías tienen sus normas y, particularmente las multinacionales, tienen que cumplir en fecha con el rito mientras que muchas de las más grandes empresas locales todavía tienen su plan abierto. En algunos casos, sólo están presupuestando el primer semestre.
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La variable clave, sin lugar a dudas, es el tipo de cambio. Sobre qué valor del dólar basar todo el resto de las estimaciones. En este punto, el rango es bien amplio y los cálculos, incluso dentro de una misma industria o sector, difieren por mucho. Entre los más optimistas se cuentan algunos supermercados y empresas de consumo masivo con alto nivel de importación que, confiando en las restricciones cambiarias, prevén un dólar promedio durante 2020 en $75. Esto implica una devaluación menor a 20% y, en la práctica un atraso en el valor del dólar –subiría menos que la inflación- que las favorecería. Pero son las menos.
El grueso de las compañías, en cambio, parte de un valor del dólar de $80 promedio para el próximo año y existen en algunas otras empresas escenarios de una devaluación de 50%, lo que implicaría un dólar de $125. “Es un escenario cercano a la hiperinflación pero muchas de las consultoras con las que trabajamos lo manejan. Y nosotros también”, explicaron, por ejemplo, desde una de las principales automotrices. Es en ese mismo sector, dependiente tanto de las exportaciones a Brasil como de las importaciones para producir, en donde existe la mayor dispersión de proyecciones. Mientras una compañía alemana prevé un dólar a $82 recién hacia final del próximo año, en una competidora norteamericana calculan ese un valor aproximado para antes de junio.
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Si bien se descarta que se mantendrán restricciones, luce menos claro de qué tipo serán. Es decir, existen variantes sobre las presunciones de qué régimen cambiario terminará adoptando el gobierno de Alberto Fernández en al menos los primeros meses de su gestión. En su equipo económico se discute un desdoblamiento –un valor del dólar para producir, otro para exportar, otro para turismo, otro para atesorar- pero existe la posibilidad de que, simplemente, se mantengan o refuercen las restricciones actuales. Todo, por el momento, es incertidumbre.
Alimenticias en alerta
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“En un año normal, el presupuesto ya está recontra cerrado a esta altura. Pero ahora vamos a esperar a mediados de diciembre, a que asuma Alberto Fernández”, dijeron a Infobae en una alimenticia. En esa empresa, ironías del destino, la gran preocupación a resolver es el segundo semestre. “Calculamos un dólar promedio de $80 pero sólo para la primera parte del año, todavía no podemos tener la sintonía fina de qué va a pasar en el segundo semestre”, afirmaron. Claro, este sector quedará altamente impactado por lo que ocurra con las materias primas. No sólo por el nivel de precios internacionales sino, principalmente, por la política impositiva que aplique el próximo gobierno.
Por un lado, el propio Alberto Fernández dio indicios claros de que se actualizarán las retenciones, lo que en definitiva terminaría impactando en el precio interno. Pero el gran temor de las empresas es que se avance más allá y, bajo el paraguas del plan Argentina Contra el Hambre, se terminen avalando intervenciones, regulaciones de precios y otras distorsiones. De ahí la llamativa propuesta, hace un mes, del Ceo de Syngenta, Antonio Aracre, de donar 1% de la producción de alimentos. El ejecutivo, que participó el viernes pasado de la primera reunión del Consejo Federal, admitió que no se volvió a hablar de la iniciativa durante el encuentro con el presidente electo pero insistió en que es una buena moneda de cambio para “evitar otro tipo de intervención, que genere mayores costos y distorsiones” en el mercado. “Es mucho mejor donar una pequeña parte de la producción a que vuelva la Junta de Granos”, dijo Aracre.
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