
La suba del dólar implícito en los mercados, el denominado “contado con liquidación” (CCL), que se superó los $82 esta semana, fue una muestra del nerviosismo de los mercados ante la proximidad de las elecciones, un factor de protección de los distintos agentes económicos que se cubren como en todos los procesos eleccionarios recientes en Argentina, más aún teniendo en cuenta lo que pasó el 12 de agosto pasado.
Inciden además diversos factores tales como la sospecha de que los controles de cambio podrían profundizarse dada la continua caída en las reservas, así como la baja en el rendimiento de las Leliq a siete días hasta 68% anual, su piso prefijado para octubre y el desarme de posiciones de bonos por parte de Templeton a mediados de la semana pasada en una estrategia relacionada con todos los emergentes.
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Todo lo anterior llevó a que se amplíe la brecha cambiaria, elevando el spread entre el dólar CCL y el dólar oficial por la poca oferta de dólares y una renovada demanda.
Luego de la difusión de la inflación de septiembre, la más alta en términos interanuales que se recuerde desde 1991, y la caída de actividad que se evidenció en los últimos indicadores económicos, el escenario macro-financiero sigue siendo delicado. A modo de ejemplo, los depósitos privados en dólares el martes 22 sumaban USD 20.633 millones, una cifra un 36% menor que antes de las PASO.
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Los bonos, que retomaron las bajas, también fueron afectados por el recorte del FMI en los pronósticos de Argentina, que estima una contracción económica de 3,1% e inflación de 57,3% para este año.
Nuevamente con el riesgo país cerrando por encima de los 2.100 puntos, las miradas se siguen posando en dos frentes: quiénes serán los referentes para integrar el gabinete del próximo presidente, y cómo hará la Argentina para enfrentar los pagos que tiene que hacer de acá a fin de año, pero sobre todo el año que viene.
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Las reservas ya acumulan una caída de más de USD 22.000 millones desde las PASO, tanto por intervenciones en el mercado de cambios, pagos de deudas y disminución de encajes (por la caída de los depósitos, en dólares básicamente). Pero de acá a fin de año, si las cifras de las reservas del BCRA son ciertas, no debería existir inconveniente para pagar las deudas, pero no sobra plata, aún en un contexto de cepo cambiario limitado y la obligación de los exportadores para que liquiden en Argentina las cobranzas a los 5 días de percibidas.
Más allá del fuerte incremento en la base monetaria en torno a $300.000 millones (casi 20%) para hacer frente al déficit fiscal que se estima se dará, los pagos de la deuda entre el mes actual, noviembre y diciembre ascienden a USD 2.100 millones de Letes, UDS 1.800 millones de Lecaps, Lecers y algo de Lelink; otros USD 1.800 millones de intereses de la deuda en dólares y otros USD 1.200 de intereses de la deuda en pesos y USD 300 millones de organismos multilaterales.
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Los problemas que vienen
El problema más grave se genera en el primer trimestre del año que viene, cuando venza entre marzo y abril el grueso del reperfilamiento de las letras en pesos y en dólares realizado a 6 meses (el pago del 60% final), que se estiman en unos USD 8.000 millones equivalentes.
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Y sobre todo se deberá encarar el reperfilamiento de la deuda soberana, sobre un total de USD 310.800 millones a septiembre de este año. Pero de ese total, unos USD 115.800 millones se los debe a sí mismo, es decir al Tesoro, BCRA y otros organismos públicos como el Anses. Los USD 72.600 millones a multilaterales (poco más más de USD 44.000 al FMI) pueden tener su reperfilamiento por separado, acuerdo de Facilidades Extendidas con el FMI mediante. Hay presión para que el FMI asuma su error y soporte un haircut, aunque no parece probable.
Por lo tanto, asciende a USD 122.3000 millones la deuda privada neta en cuestión, que es la realmente exigible y más difícil de reperfilar o renegociar.
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El escenario global, a pesar de la continua baja de tasas de referencia (se espera un tercer recorte de la Fed para su reunión de fin de mes), es de una marcada desaceleración de la actividad. Todos los indicadores adelantados del ciclo dan muestra de una contracción no solo en EE.UU., sino a nivel mundial en los próximos 6 a 9 meses en el sector manufacturero. El mercado necesita de un envión para superar los máximos del S&P 500, que volvió a encontrarse con su resistencia en torno a los 3.000 puntos, la cual se convirtió en un clásico ya.
Claramente la data de China con la difusión del menor crecimiento en 27 años no ayuda. El oro seguirá siendo una alternativa y los bonos del Tesoro de EEUU (USTreasuries) también, más teniendo en cuenta la diferencia de tasas con Europa, que cuenta cada vez más con bonos a tasa negativa.
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Si bien no llegará el desembolso del FMI antes del 10 de diciembre de este año, se pagarán las obligaciones con dólares de reservas que el Fondo había otorgado al inicio del acuerdo Stand-By.
Si el plan de reperfilamiento del próximo gobierno, sin quita de capital, logra que los bonos con legislación doméstica incorporen a través de una ley del Congreso una Cláusula de Acción Colectiva que permita que una mayoría del 51% (en conjunto y por serie) obligue a la minoría, se dará un paso muy importante. Solo hay CACs para la Legislación Extranjera, la cual protege al emisor del accionar de fondos buitres y litigios posteriores.
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El problema será a qué plazo se extienden los pagos, que pueden ser mucho más agresivo de los 5 años que se hablan, y un fuerte recorte de la tasa de cupón, que podría ser a lo sumo 4% anual. El impacto en el valor presente neto ya se ve en los precios y parte de esto ya estaría descontado, aunque en forma parcial. También podría impactar el factor político si se amplía mucho la diferencia entre Alberto Fernández y Mauricio Macri: los precios podrían tener una caída adicional.
El autor es director de Research for Traders y de Fin.Guru (www.fin.guru)
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