Hay un país ubicado a más de 17.000 kilómetros de la Argentina donde la camiseta celeste y blanca forma parte del paisaje cotidiano. Allí, Lionel Messi y Diego Maradona son ídolos populares, los partidos de la Selección se viven con la intensidad de un clásico local y decir “soy argentino” suele provocar sonrisas, pedidos de fotos e incluso gestos de hospitalidad difíciles de imaginar. Ese país es Bangladesh y, durante el Mundial, volvió a convertirse en uno de los lugares donde más se hizo visible el apoyo a la Albiceleste.
Con el objetivo de conocer de cerca ese fenómeno viajó Gastón Motta, creador de contenido que recorrió Daca durante la Copa del Mundo y compartió su experiencia en Infobae a la Tarde. Según explicó, el viaje no respondió a un interés turístico tradicional, sino al deseo de entender por qué un país tan lejano desarrolló un vínculo tan profundo con el fútbol argentino.
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“Yo vine pura y exclusivamente porque soy fanático del fútbol y quería vivir la experiencia”, contó. Lo que encontró, reconoció, terminó superando cualquier expectativa. “Estar acá te digo que es mejor que estar en Miami”, aseguró, antes de explicar uno de los aspectos que más lo sorprendió: la enorme diferencia entre la cantidad de hinchas argentinos y la cantidad de argentinos reales que hay en Bangladesh. “Hay muy pocos argentinos, entonces es mucho más exclusivo”, resumió.
Ser argentino, un privilegio inesperado
Apenas comenzó a recorrer las calles de Daca, Motta descubrió que su nacionalidad generaba una reacción inmediata. Contó que muchas personas lo identificaban enseguida y que, apenas confirmaban que era argentino, cambiaban por completo su actitud. “Lo que pasa acá es surrealista. A veces ni yo me lo puedo creer”, relató.
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Las escenas, dijo, se repiten prácticamente todos los días. “Voy a comprar una pizza y lo primero que hacen es sonreír porque se dan cuenta en un segundo que soy argentino. El otro día fui a comer y me pusieron la canción de La Scaloneta a todo volumen en el restaurante”. Para él, no se trata de casos aislados, sino de una costumbre que encontró desde que llegó al país.
Esa admiración también tiene consecuencias concretas. “No estoy gastando nada de plata porque nadie te deja pagar nada. Todos te hacen ‘no, no, argentino, argentino’”, explicó.
Entre todas las anécdotas, hubo una que lo sorprendió especialmente. Recordó que, al subir a un taxi durante la madrugada, el conductor le preguntó de dónde era. “Le dije ‘Argentina’ y le cambió la cara. Eran las cuatro de la mañana y empezó a gritar: ‘No lo puedo creer, es mi país favorito’. Después no me quiso cobrar”. Aunque aclaró que “no todo es gratis”, reconoció que termina gastando mucho menos de lo previsto porque los gestos de hospitalidad aparecen constantemente.
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La escasa presencia de compatriotas potencia todavía más esa situación. Mientras Bangladesh se llena de camisetas argentinas durante cada Mundial, los argentinos que efectivamente visitan el país son muy pocos. “Fuimos a ver un partido con la Embajada argentina y éramos tres argentinos más la comitiva. En el primer partido creo que estaba yo solo”, recordó.
Un país intenso, caótico y completamente atravesado por el fútbol
Más allá del fenómeno futbolero, Motta describió a Bangladesh como un destino muy distinto a los circuitos turísticos más conocidos de Asia. Explicó que los argentinos pueden obtener una visa al llegar al país, aunque deben presentar distintos requisitos, y recomendó que quienes nunca viajaron por esa región se informen antes de organizar una visita.
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“Es rústico, mucho caos, muchísimo caos”, sintetizó. Para dimensionar esa sensación recurrió a una comparación que, según dijo, ayuda a comprender la escala del país: “Bangladesh es más chico que Uruguay, pero tiene 177 millones de habitantes”.
Esa realidad se refleja especialmente en Daca. “Es un caos absoluto para todo”, afirmó sobre una ciudad donde el tránsito, las multitudes y el movimiento permanente forman parte de la vida diaria. Sin embargo, lejos de verlo como un aspecto negativo, sostuvo que esa intensidad también constituye parte de su identidad y de su atractivo.
En términos económicos, explicó que viajar resulta bastante accesible. “Los hoteles quizás no tanto, pero comer sí. Una hamburguesa sale cuatro o cinco dólares y la comida local dos dólares y medio”, detalló. Eso sí, hizo una advertencia con humor: “Le ponen picante los muchachos”.
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La pasión por Argentina nació con Maradona y hoy sigue con Messi
Durante su recorrido, Motta aprovechó para preguntarles a decenas de bangladesíes por qué elegían a la Selección Argentina. La respuesta, contó, aparecía una y otra vez y tenía un origen común: el Mundial de México 1986 y la figura de Diego Maradona.
“Todo viene del Mundial 86”, explicó. Según le contaron los propios hinchas, la historia colonial de Bangladesh con Inglaterra también ayudó a construir ese vínculo emocional. “Ellos fueron colonia inglesa, entonces había una pica con Inglaterra. Con Maradona campeón del mundo eso quedó marcado”.
Con el paso de las décadas, esa admiración dejó de estar ligada únicamente a una generación y pasó a transmitirse dentro de las familias. “Hablé con un chico de unos veinte años y le pregunté por qué era fanático de Argentina. Me respondió que toda su familia era de Argentina, que su papá era fanático de Maradona y lo hizo hincha desde chiquito. Él ahora es fanático de Messi”, contó.
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Para Motta, ese intercambio explica mejor que cualquier estadística por qué la pasión sigue intacta casi cuarenta años después.
Una rivalidad con Brasil que parece sacada de Sudamérica
Si el fanatismo por la Selección sorprende, la rivalidad con Brasil no se queda atrás. Según explicó, el mapa futbolero de Bangladesh está claramente dividido entre quienes apoyan a la Argentina y quienes alientan a la Verdeamarela, mientras que el resto de las selecciones reúne apenas grupos mucho más reducidos de simpatizantes.
“Acá hay dos bandos supernotorios: Brasil o Argentina. Después hay un porcentaje muy chiquito de Alemania, Portugal y algunos más”, describió. Esa división, aseguró, se hace evidente cada vez que rueda la pelota.
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Durante uno de los partidos del Mundial compartió la transmisión con estudiantes universitarios y vivió de cerca esa competencia. “Cuando hacía un gol Egipto o Cabo Verde, los brasileños nos lo festejaban en la cara. Cuando metíamos nosotros, iban los argentinos a buscarlos. Es un nivel muy extraño. Es como un Boca-River”, relató.
La disputa también se traslada a las calles. “Literalmente hay más banderas y camisetas argentinas que en Argentina, pero por lejos”, afirmó. Según contó, durante este Mundial instalaron una camiseta gigante de la Selección, de 12 metros de alto por nueve de ancho, suspendida entre dos edificios de Daca, mientras que enfrente apareció otra de Brasil, aunque de menor tamaño.
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A partir de lo que conversó con los propios habitantes del país, Motta estimó que entre el 50 y el 60% de los bangladesíes simpatiza por la Argentina, alrededor del 30% lo hace por Brasil y el resto reparte sus preferencias entre otras selecciones. Más allá de los porcentajes, aseguró que la competencia es permanente. “Es constantemente así: a ver quién hace las cosas más grandes, si Brasil o Argentina.”
Después de varios días recorriendo Bangladesh, hubo una imagen que terminó sintetizando toda la experiencia. No fue un estadio repleto ni una celebración puntual, sino algo mucho más cotidiano: caminar por cualquier calle de Daca y cruzarse, una y otra vez, con chicos, comerciantes, taxistas o familias enteras vestidos con la camiseta de la Selección Argentina. Para un argentino, concluyó, esa escena resulta tan inesperada como inolvidable.
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