
Las superficies de tenis en tonos rosa, violeta y negro irrumpieron en los principales torneos, desplazando al tradicional verde y ocre en los últimos años.
Esta transformación, impulsada por razones visuales y el deseo de aportar identidad y modernidad a cada evento, generó debates entre organizadores, jugadores y aficionados, según informó L’Équipe.
Colores inéditos y la reacción de los protagonistas
El cambio resulta especialmente notorio en certámenes como la Laver Cup, Indian Wells y Montpellier, donde las pistas exhiben combinaciones inéditas de colores. En la Laver Cup, el negro se consolidó como el rasgo distintivo del torneo.

Michael Hoffmann, vicepresidente de operaciones en sitio del evento, explicó a L’Équipe: “Nuestro court negro es rápidamente reconocido por los espectadores, quienes identifican el torneo al instante gracias al contraste de esta tonalidad y las líneas blancas”.
La tendencia abarca pistas violetas y verde primaveral en Indian Wells y Miami, superficies azul y rosa en Montpellier, así como violetas con gris en Rotterdam y Quimper. El Challenger de Brest optó por mezclar azul glaz, inspirado en su socio principal, con coral, en alusión a la concienciación sobre el cáncer de mama.
Adeline Léon, directora operativa del torneo, admitió a L’Équipe: “Al principio no todos estaban convencidos con el uso del rosa”, aunque los comentarios de espectadores y patrocinadores resultaron muy positivos, pese a que algunos consideraron que los colores eran demasiado llamativos en los primeros partidos.
Regulaciones, contraste y visibilidad

En el circuito ATP, los organizadores disponen de cierta libertad para elegir colores, siempre que se asegure un contraste claro entre la superficie de juego y las áreas exteriores.
Jean-Pierre Bailly, director comercial de Polytan, fabricante de superficies para torneos como Indian Wells y el US Open, puntualizó a L’Équipe: “Los organizadores pueden hacer prácticamente lo que quieran, siempre que se garantice el contraste adecuado”. El reglamento de la ATP exige que las líneas sean blancas y prohíbe el uso de amarillo.
El contraste se considera fundamental para la visibilidad. Laure Fernandez, especialista en neurociencias aplicadas, detalló en L’Équipe: “El contraste entre la pelota y la pista, así como entre la zona jugable y las áreas exteriores, resulta esencial para facilitar la percepción de la bola y evitar la fatiga visual prematura de los jugadores”.
Además, destacó que un contraste adecuado favorece el trabajo de los árbitros, ya que mejora la visibilidad de la pelota durante el juego. Así, los criterios técnicos, la imagen televisiva y la búsqueda de innovación se suman a la experiencia sensorial tanto para jugadores como para el público.
Pruebas, adaptación y psicología del color
El proceso de implantación de nuevos colores exige pruebas y ajustes técnicos. Hoffmann indicó que en 2016 y comienzos de 2017 se realizaron tests con pistas parcialmente negras para evaluar el impacto visual en televisión y las sensaciones de juego.
Aunque las primeras impresiones de los jugadores fueron alentadoras, el tono negro no era lo suficientemente uniforme en pantalla, lo que llevó a introducir cambios en la pigmentación hasta lograr el efecto deseado.

Para los tenistas profesionales, la adaptación a estos nuevos colores suele ser rápida y casi automática. El estadounidense John Isner, semifinalista en Wimbledon en 2018, opinó: “El court negro es sumamente agradable” y agregó que, aunque requiere “un breve periodo de ajuste, tras uno o dos días de entrenamiento, los jugadores se sienten cómodos”.
Según Fernandez, la rutina y la capacidad de automatización sitúan a los profesionales en ventaja sobre los aficionados, que pueden experimentar una mayor dificultad para procesar la información. Otros factores, como la niebla o las zonas de sombra en la cancha, pueden afectar más la atención y el rendimiento.
Impacto en público, patrocinadores y experiencia sensorial
La percepción de espectadores y patrocinadores también incide en las decisiones. En el Challenger de Brest, el debate inicial por el color rosa dio paso a una aceptación generalizada tras los primeros encuentros.
El impacto visual contribuye a atraer nuevos públicos, aunque resulta necesario equilibrar el efecto para no saturar la experiencia de quienes siguen el juego desde la grada o por televisión.
Los colores seleccionados generan efectos psicológicos concretos. Según Fernandez, las tonalidades frías como el azul y el verde propician un entorno más calmado y favorecen la concentración, cualidades útiles en momentos decisivos.
En cambio, los colores cálidos o intensos —rojo, naranja— incrementan la energía y la activación emocional, modificando el ánimo tanto de los jugadores como del ambiente en el estadio. Un suelo azul puede ser más relajante para el ojo del espectador que la arcilla tradicional de color ocre.

La adopción de nuevas paletas cromáticas en las pistas de tenis combina innovación visual, requisitos técnicos y el bienestar de jugadores y público. La selección del color no solo distingue a cada torneo, sino que puede influir en el estado mental de quienes compiten, ayudando a promover calma y control en los momentos clave.
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