
El viernes por la noche mientras River perdía dos puntos en su estadio con el empate frente a Vélez, la barra perdía a uno de sus miembros históricos y clave: Alejandro Flores, alias el Zapatero, fue echado de Los Borrachos del Tablón a días de la excursión que tienen planeada los violentos a Belo Horizonte para el partido frente a Atlético Mineiro por la semifinal de la Copa Libertadores. Y este hecho puso en alerta a toda la Seguridad porque nadie sabe a ciencia cierta si Flores, que fue líder en los 90 y regresó poco tiempo atrás, aceptará su expulsión del grupo o generará acciones bajo la consigna “si yo no estoy, no está nadie”. Más teniendo en cuenta que el Zapatero, que formó la columna del barrio Constitución, era el encargado de hablar con la Policía y el hombre que tenía los contactos más importantes con la división de uniformados que se encarga de la seguridad deportiva. Así muchos empiezan a caminar con cuidado y a revisar los baúles de sus autos antes de subirse, porque el miedo a una zancadilla recorre los altos mandos de la barra.
La caída de Flores es la segunda que se da en la cúpula Borracha, tras la salida de Hernán Taboada en febrero pasado, enfrentado justamente con el Zapatero y con Ariel Calvici, alias el Pato. Por lo que aquel grupo dominante quedó ahora sólo en manos de dos personas: Calvici, que es quien tiene las mejores relaciones sindicales, y la familia Ferreras, de Beccar, con Mauro a la cabeza, que son los que tienen la mayor cantidad de gente en la tribuna. Si este monstruo ahora de dos cabezas se mantendrá o tendrá alguna nueva batalla para que quede un solo líder, está por verse. Por ahora está confirmado el viaje a Brasil, donde la barra hará una última muestra de poder para intentar que la dirigencia y las dependencias de Seguridad Deportiva de Nación y Provincia los saquen del derecho de admisión, algo que uno de los líderes estuvo a punto de lograr antes del encuentro por los cuartos de final con Colo Colo y se vio frustrado cuando este medio se enteró de cómo venía la mano.
A Flores el resto de la barra lo acusó de generar acciones con la Policía para perjudicar al resto y quedarse como jefe único. También le facturaron algunos descuidos con la recaudación de las entradas que reciben los Borrachos cuando les permiten ir de visitante más el dinero que se recauda entre la dirigencia y otros aportantes para los traslados. Están quienes dicen que intentó convencer a un hombre del club que hace las veces de nexo con los violentos, de que él era el único interlocutor válido y eso sentenció su salida. Lo cierto es que Flores no es un recién llegado al mundo barra. Se crio en la vieja popular del Monumental a comienzos de los 90, cuando el paravalanchas mayor estaba en manos de Luis Pereyra, alias Luisito, Edgar Buttasi, más conocido como El Diariero, y Ramón Rito Barrios. Su ingreso se dio con la columna del barrio Constitución que tenía por jefe a Albino Saldivia, alias el Mono, asesinado en 2015 y que en su momento revistió como empleado en la Legislatura Porteña, en el Ministerio de Desarrollo de la Ciudad y después en el Consejo de la Magistratura al mismo tiempo que frecuentaba con ansias la popular. Singularidades que sólo se consiguen en la Argentina.

Y el ascenso al liderazgo se dio en 1997, tras la caída del Trío Luisito, Rito, Diariero después del asesinato del hincha de Independiente Christian Rousoulis, el 22 de diciembre de 1996 a la salida de un clásico en Avellaneda. Su padrino político y en el club fue Mariano Mera Figueroa, hijo de Julio, ministro del Interior de la Nación durante el primer gobierno de Carlos Saúl Menem. Desde aquel 1997 y hasta 2001, su influencia en la Sívori fue total pero también se le facturaba que fue una etapa en donde ir a la cancha era arriesgarse constantemente a ser víctima de robos y arrebatos. Alan Schlenker y Adrián Rousseau lo acusaron de liderar una banda que cometía todos esos ilícitos en los estadios y lo terminaron desbancando con el apoyo de la dirigencia que encabezaba José María Aguilar. Y fue echado de la tribuna. Pero cuando se partió la alianza de los llamados Patovicas, vio la posibilidad de regresar. Primero se alió al grupo de Palermo que tenía a Raúl Oveja Pintos como referente y cuando éstos cayeron por el crimen de Gonzalo Acro, terminó juntándose primero con la barra oficial que lideraban entonces Martín Araujo y Guillermo Caverna Godoy y después, cuando éstos lo echaron, fue a parar con la llamada Banda del Oeste y la facción disidente del Pato Ariel Calvici. De hecho estuvo en dos incidentes tremendos de la barra donde gracias a sus contactos salió ileso: la apretada al árbitro Sergio Pezzotta en el entretiempo del partido contra Belgrano de Córdoba el día del descenso de River en el Monumental y el ataque en la confitería del club el 25 de noviembre de 2014 a Caverna Godoy en la previa del partido entre River y Boca por la Copa Sudamericana, que terminó con Calvici preso y el Zapatero prófugo y cuando se presentó a la Justicia, mucho tiempo después, logró ser sobreseído.
Esos contactos, su relación fluida con la Policía y su militancia en el Justicialismo de la Ciudad le permitieron siempre surfear los momentos críticos de Los Borrachos y regresar tras la caída definitiva de la barra de Caverna cuando se frustró la final soñada en el Monumental de la Copa Libertadores 2018. Empezó a tejer de nuevo y volvió a generar una alianza con Calvici, que tras la pandemia sumó a la familia Ferreras y a Hernán Taboada como las otras patas de una mesa fuerte en la barra. Pero las relaciones empezaron a resquebrajarse y primero se cobraron la figura de Taboada, con quien el Zapatero siempre se había llevado mal por tener visiones distintas de cómo manejar la tribuna y la relación con la dirigencia. Así en febrero de este año lo emboscaron en la esquina de Alcorta y Pampa y entre ocho barras lo atacaron y lo dejaron fuera. Y ahora es él mismo el que queda de lado. Su sostén dentro de Los Borrachos era Calvici, quien esta vez no lo defendió ante el embate del resto. Su respaldo por fuera siempre fue de la Policía y algunos sectores políticos, que habrá que ver cómo juegan ahora. Lo cierto es que la barra ya tiene 150 tickets y dos micros más varios pasajes en avión para estar en Belo Horizonte el próximo martes. Y habrá que rezar para que nada extraño ocurra.
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