
El actor Ryan Reynolds, reconocido mundialmente por su carrera en el cine y el hombre detrás del personaje Deadpool, demostró también su eficacia en un campo bastante diferente: la presidencia de un club de fútbol. Desde que asumió como copropietario del equipo galés Wrexham A.F.C, conocidos como los Dragones Rojos, su gestión estuvo marcada por un notable éxito, culminando en el ascenso del equipo a la cuarta división británica (Football League Two) después de 15 años.
Pero más allá de los logros deportivos, la humanidad del actor se destacó en una historia que involucra un acto de compasión y esperanza con uno de los futbolistas de su equipo. La conmovedora trama comenzó cuando Laura Mangan, esposa del futbolista Anthony Forde, enfrentó una de las pruebas más duras de su vida. Tras el nacimiento de su hija Paddy, Laura comenzó a sentir problemas de coordinación, lo que la llevó a consultar al médico. La noticia que recibió fue devastadora: le diagnosticaron un grave tumor cerebral que, según el neurólogo, era inoperable y prácticamente mortal.
“El neurólogo nos dijo que era inoperable y que tenía un tiempo limitado de vida. Dijimos entonces que no queríamos saber cuánto tiempo me quedaba. Paddy tenía cuatro semanas y básicamente me decían que era posible que no viera a mi hija cumplir un año”, relató Laura en una entrevista concedida al Sunday Times.

En un desgarrador testimonio, Laura compartió el tormento emocional que sufrió tras el diagnóstico. “No es mentira, estaba planeando mi funeral mientras hacía las tomas nocturnas. Estaba llorando en silencio. Fue un momento realmente triste. Una pesadilla viviente”, afirmó, revelando la profunda tristeza y el impacto psicológico que la situación le causó.
Ante tal circunstancia, Ryan Reynolds, lejos de permanecer al margen, mostró su calidad humana al tomar cartas en el asunto de manera decidida. Junto a Rob McElhenney, copresidente del Wrexham A.F.C, facilitó a Laura la posibilidad de obtener una segunda opinión médica por parte de un especialista en Nueva York. Esta intervención representaría un giro inesperado y esperanzador en la vida de la familia Forde.
El neurólogo en Nueva York llevó a cabo una biopsia a Laura y llegó a un diagnóstico menos alarmante: se trataba de un astrocitoma pilocítico talámico de grado 1, es decir, un tumor cerebral benigno que ofrecía un pronóstico mucho más favorable que el originalmente anunciado.
“Fue un shock al principio, no lo podía creer. Me encontraba tan vulnerable... Pero sentí que debía estar más feliz por todo esto. Acabé de pasar las peores siete semanas de mi vida, y con un recién nacido. Ahora tengo síndrome de estrés postraumático en consecuencia y he tenido que empezar terapia”, expresó Laura, quien sigue un tratamiento de observación y debe realizarse pruebas de control periódicas para chequear que el tumor no siga creciendo.
“Son personas muy normales y no hay ninguna posibilidad de que hagan esto por publicidad”, añadió Forde. Gracias al apoyo de Reynolds, el presente de Laura y su familia se ve ahora con esperanzas y una tranquilidad renovada, y ambos se encuentran profundamente agradecidos con el actor por brindarles semejante oportunidad.

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