En José Luis Cantilo 4575, pleno barrio porteño de Villa Devoto, entre otras casas grandes, en un área residencial sin edificios, en una calle empedrada, crece un chalet más. No tiene rejas, tiene vegetación abundante en el frente y una fachada de ladrillos y tejas. Ya no vive nadie ahí. Lo que sobrevive es el recuerdo de su dueño más célebre: Diego Armando Maradona.
Lo había comprado el astro argentino en la década del ochenta, en su despegue profesional. De Lascano 2257 en el barrio de La Paternal, donde hoy se erige el museo La Casa de D10S, Maradona se mudó a Devoto luego de que Boca le comprara el pase a Argentinos Juniors en 1981. La casona era un obsequio para doña Tota y Chitoro, los padres de Diego. Compartieron la residencia, al menos, junto a Claudia y algunas de sus hermanas, antes de adquirir el tercer piso de la mítica esquina de Segurola y La Habana. Pero Cantilo encierra su aura propia: allí, en un balcón que no es balcón, se asomó para saludar a los vecinos que se acercaron a vitorearlo después de la épica en el Mundial ‘86. El caudal emocional que nutre el Maradona mito tiene también su pata en esta casa: allí Maradona y su familia fueron felices. Allí, los nuevos dueños de la vivienda quieren honrar esa memoria.
El chalet abrió sus puertas el mediodía del miércoles 30 de noviembre. Instalaron una pantalla gigante, armaron un asado con ochenta kilos de carne, compraron bebidas en mayorista, contrataron un DJ, alquilaron gazebos para distribuir alrededor de la pileta. Al almuerzo le siguió una tarde desbordante. En el viejo chalet de los Maradona cientos de personas vivieron la victoria 2 a 0 ante Polonia por la tercera fecha del grupo C del Mundial de Qatar 2022. Fue una fiesta futbolera como el Diego hubiese querido: con cánticos, con celebraciones, con alusiones maradonianas, con invitaciones abiertas a todo curioso que quisiera saber qué estaba pasando dentro de la casona de Cantilo.

La casa cubría un tour. El chalet amplio y coqueto, con el living hundido y la barra de tragos en una esquina, la escalera de mármol, las habitaciones amplias y el jardín con pileta hospedó los ánimos de los hinchas argentinos. La gente se distribuyó por todos lados. Coparon las salas, los pasillos, los rincones. Había abundancia de camisetas de Argentina y referencias al mejor futbolista de la historia. El final del partido solo activó la continuidad de la fiesta. Llegaron los bombos y las trompetas de la hinchada de Boca y los festejos por la clasificación argentina se extendieron hasta la noche.
“Es un privilegio y un honor estar en este lugar tan emblemático para los argentinos, y más un día como hoy que juega la Selección y es un momento que nos une a todos. Me siento honrado y feliz”, aseguró ayer el encargado de la organización del encuentro. “Va a ser toda música temática referida al Mundial y a Maradona. Como hincha de la Selección, esto es un sueño. Me lo propusieron y no lo dudé un segundo. Estoy feliz de estar acá. La casa es hermosa y hoy vamos a hacer una linda fiesta”, había anunciado en diálogo con C5N.

Tras el fallecimiento de los padres de Diego, la vivienda quedó a resguardo de las hermanas Maradona. La utilidad se reducía a encuentros esporádicos y a los días de calor para aprovechar la pileta. La justicia determinó que la residencia pertenecía a los herederos del futbolista. Tras su fallecimiento en el penoso noviembre de 2020, formó parte de un remate de sus bienes en diciembre de 2021. El chalet tenía un precio base de 900 mil dólares. La transferencia del bien se completó años después. Hoy, desde el anonimato, sus nuevos dueños buscan recuperar la esencia maradoniana.
La idea es repetir el plan el sábado 3 de diciembre, cuando Argentina enfrente a Australia por los octavos de final a las cuatro de la tarde. Los dueños de la propiedad temen un desborde por eso no hacen pública la invitación. El miércoles solo con vecinos, allegados e invitados íntimos, el chalet que cuenta con dos plantas, una superficie de 700 m2 cubiertos y un jardín de 500 m2, estuvo colmada.

El proyecto de los propietarios, aún joven e inocente, es montar un museo homenaje a Diego Armando Maradona. No queda mucha referencia viva del legado del astro. La casa, de hecho, sufrió un incendio en junio de 2014 con foco en la planta baja. Se perdieron piezas valiosas. Había varias reliquias que representaban distintos hitos en la trayectoria del astro. Uno: el Balón de Oro honorífico que France Football le había entregado en 1995, a modo de reconocimiento, dado que en los mejores momentos de Maradona solo estaban habilitados a recibir el premio los futbolistas europeos.
En Cantilo, Diego le brindó una de sus últimas entrevistas a la prestigiosa revista francesa, días antes de cumplir sesenta años. Según pudo averiguar Infobae, cuando su círculo íntimo le planteó la posibilidad de aceptar la nota, el entonces director técnico de Gimnasia La Plata puso como único requisito recuperar su Balón de Oro. Al menos, una réplica del perdido entre las cenizas. France Football nunca había aceptado entregar un clon de su galardón, que pesa más de siete kilogramos, tiene un costo de confección de alrededor de tres mil euros, está bañado en oro, se posa sobre un pedestal de pirita y en él trabajan seis orfebres de un taller francés. Ni siquiera los más ganadores (Lionel Messi, con seis, y Cristiano Ronaldo, con cinco) recibieron un gesto como el solicitado por el campeón del mundo. Pero Diego había conseguido tamaña concesión. El destino quiso que la muerte se anticipara a su reencuentro con el premio.
En Cantilo también Maradona cenó con la familia de Mario Alberto Kempes. En Cantilo también fue uno de los primeros encuentros entre padre e hijo: el comienzo del vínculo reparado con Diego Junior. La casa que guarda secretos de la familia y conserva el espíritu vivo del astro fallecido el 25 de noviembre de 2020 abrirá de nuevo el sábado para albergar las pulsiones argentinas en un partido mundialista. Otra excusa para recordar y honrar a Maradona.
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