
“Dicen que vos defendés muy bien, pero para mí no defendés a nadie eh”.
“¿Por qué le dicen así a este pibe? ¿No podemos cambiarle el apodo?”.
“Velocidad normal, Bolmaro, eso es velocidad Usain Bolt”.
“Esto de que los entrenadores sabemos todo y de todo, no corre… Salvo yo, que soy la excepción”.
“En realidad no tengo respuestas a todo, ustedes me las tienen que dar a veces y no tengan miedo de decirlo…”
“Si me mirás así, pienso que estás aburrido y me voy a apurar a decir lo que debo”.
“Si no volamos en la cancha, a los Juegos vamos a ir a pasear”.
“No podemos ser conservadores. Si no atacamos al rival, nos vamos a ir rápido de un Juego Olímpico”.
Sergio Hernández está en su salsa. Su esencia es ésta, estar entre los jugadores y sentar la base de cada entrenamiento con su conocimiento, energía, exigencia y, a la vez, humor. Una combinación nada sencilla de encontrar y llevar a cabo. Oveja tira una frase tras otra, mezclando absoluto rigor y ocurrencias muy divertidas, por momentos haciendo sentir que se las sabe todas y, en muchas otras, dejando claro que está lejos de eso. Como ningún otro, Oveja hace equilibrio entre sus dos costados. Y lo hace con un carisma que cautiva. Y que hace más llevaderas y productivas las prácticas de la selección argentina en el centro de entrenamiento de la Universidad de Nevada, Las Vegas.
Muchos de los 13 jugadores (falta Gaby Deck, quien ya dio negativo en el testeo y espera los estudios complementarios para tomar el avión hacia USA) ya lo conocen y aceptan sin problemas los comentarios irónicos. Y los que no lo han tenido tanto, los nuevitos de este proceso, no pueden decir nada, claro… Sergio es así. El motor de cada entrenamiento, en especial aquellos basados en la táctica, cuando él toma un papel protagónico. “Hay que transmitir energía, pasión y esa es mi responsabilidad. Estamos a menos de un mes de debutar en un Juego Olímpico…”, explica.
La Selección comenzó el trabajo en Las Vegas hace varios días. Cada jornada depende de una planificación, claro, pero también de las distribuciones de las cargas a partir de las respuestas físicas a nivel individual. “Esto es un arte”, resume uno de los asistentes de Hernández. Se refiere a ir definiendo qué es lo mejor cada día. Si se diagrama un solo entrenamiento largo. O dos algo más cortos. Y qué hacer en cada uno, de acuerdo a cómo se semblantea al grupo. A veces, si se lo nota entero, se va a fondo. O, de lo contrario, se regula y se aprovechan esas horas para hacer otras cosas. No hay tiempo que perder, algo que recalca Hernández cada día…
La ansiedad está en el cuerpo técnico porque se busca progresar y avanzar en bloque, pero hay que adaptarse. Cada día. Y el head coach maneja esa tensión como pocos, siempre con buen humor y frases que descontracturan y generan el mejor clima de trabajo. A veces toma las riendas y es el líder de la práctica, como en la segunda del lunes o en la parte final del trabajo del martes, cuando se puso énfasis en la táctica, apuntando a lo que quiere del equipo en Tokio. “Debemos tener claro por qué hacemos cada cosa, hacia dónde vamos cómo equipo”, les repite.
De lo contrario, como pasó en la buena parte de la práctica del martes, se le dio protagonismo al resto del staff, desde los preparadores físicos (Manuel Alvarez y Marcelo López) hasta los asistentes técnicos. Se armaron estaciones de 18 minutos donde se mezcla con acondicionamiento físico y técnica individual. Todo con exigencia y hasta buscando sacar la competitividad de los jugadores. Lo mismo que pasa generalmente en el final de cada práctica táctica, cuando se juega un cuarto entero, con reglas ofensivas y defensivas para cada uno. Cada equipo lo dirige un ayudante y se juega a cara de perro, con tiempo y tanteador.

Cuando le toca a Oveja, los cuerpos vuelan y no hay medias tintas. Con estilo logra que la práctica sea tan intensa como amena. La agresividad, intensidad y la velocidad son conceptos que se repiten en todos los ejercicios. Oveja quiere seguir arriesgando, como hizo en el Mundial. Pretende que el equipo vuele en cancha, no deje en paz al rival. Y para eso pide máxima concentración e intensidad. Los jugadores, como siempre, lo siguen como un mesías. Lo que dice, se hace. Callados, aunque no sin gritos y aplausos. Entre compañeros se alientan y felicitan.
El bahiense refresca conceptos y suma algunos. Tiene claro qué es lo busca para Tokio y va al hueso. Sabe que no sobra tiempo. Todos, en mayor o menor medida, hicieron postemporada y se nota. Están muy bien físicamente y responden ante la rigurosidad. Aunque a veces haya que aflojar. Ese arte que Oveja y sus ayudantes han perfeccionado en los últimos años para hacer preparaciones que dejen al equipo como un violín.
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