Antes de nacer le dijeron a sus padres que no iba a poder caminar: hoy está cerca de ser la primera mujer latinoamericana con la espina bífida en correr autos

La historia de superación de Belén Ameijenda, que se refugió en el deporte. A sus 24 años está cerca de debutar en el automovilismo zonal. Cómo sufren la discriminación las personas con capacidades diferentes

Belén en los boxes del circuito platense
(IG: @belu.honda)
Belén en los boxes del circuito platense (IG: @belu.honda)

La fuerza de voluntad puede lograr imposibles, más cuando tiene el valor agregado de la pasión. Belén Ameijenda podría haber sido un caso más de las personas que nacen con la espina bífida, una malformación congénita que complica la motricidad. Incluso antes de venir al mundo los médicos le dijeron a sus padres que no iba poder caminar. Sin embargo, desde sus primeros días dio pelea para evitar la silla de ruedas y el deporte fue clave en esa lucha. Natación y equitación la ayudaron a salir adelante. Pero es con el automovilismo donde está cerca de lograr un hito y ser la primera mujer en Latinoamérica en correr en su condición. Belén le contó su historia a Infobae.

Las complicaciones estuvieron desde el primer minuto y nada le fue fácil. “Antes nacer los médicos les dijeron a mis viejos que jamás iba a caminar porque iba a tener la espina bífida, que es una malformación congénita donde el tubo neural no se llega a desarrollar o cerrar, y puede afectar a diferentes regiones de la médula espinal y las mías son la L4 y L5. Al otro día de mi nacimiento me operaron y el médico les ratificó el panorama”, recuerda la joven del barrio porteño de Saavedra.

A todo esto también nací con hidrocefalia y el mismo día que mis viejos fueron a buscar la válvula los llamaron y les dijeron que no compren nada porque mi cerebro estaba volviendo al tamaño normal. No sé si fue un milagro, pero fue así”, revela.

Fue ahí cuando apareció una persona clave, que desde la práctica profesional, le cambió la vida a Belén. “Mis viejos se pusieron muy mal y en la misma clínica conocieron a Florencia Orzali, que estaba haciendo una residencia y les dijo que con rehabilitación me podían sacar adelante y que con eso podía llegar a caminar, al menos con bastones. Ella luego fue mi kinesióloga hasta los 11 años”.

Haciendo natación junto a José Meolans
(IG: @belu.honda)
Haciendo natación junto a José Meolans (IG: @belu.honda)

“Cuando cumplí un año pude estar de pie y empezar a caminar con un andador. Estuve así hasta los cinco o seis años, y luego con bastones. Entonces Florencia nos recomendó que hiciera algún deporte e hice natación y equitación. Después también hice mucho gimnasio, ya que a las personas que tenemos este diagnóstico nos falta fuerza y musculatura en las piernas”, agrega.

“A todo esto los médicos fueron siguiendo mi caso y fui creciendo con otro panorama. Por las secuelas que tuve y cómo me fui desarrollando, mi cuadro fue catalogado como si hubiese tenido un accidente de tránsito. Me dicen que soy un libro aparte”, confiesa.

En su adolescencia tuvo un punto de quiebre que fue romper las barreras con las que suelen encontrarse las personas con su diagnóstico y a esa edad. “Hay un momento en el que los chicos a los 15 años, más o menos, se cansan de todo lo que vivieron, dejan los bastones y pasan a la silla de ruedas. Yo no quise eso para mí y seguí trabajando. Y la motivación que tuve para salir adelante fue el automovilismo. En mi familia no hay ningún piloto, pero siempre los domingos en casa desayunábamos viendo las carreras de Fórmula 1 y luego almorzábamos con las carreras de TC”.

A sus 18 años tuvo su primer auto y cuenta por qué su familia fue clave para que ella pudiera manejar. “No fui a una escuela de manejo porque si bien hay una ley, las escuelas de manejo no cuentan con vehículos adaptados y acá no se venden autos de fábrica que vengan con adaptación. Entonces lo que hacen es obligarte a comprar un auto y adaptarlo. Hoy ese costo es de 10.000 pesos. Sí hay planes para traer autos de afuera libres de impuestos y luego lo tenés que adaptar, así que esa diferencia no sirve tanto. Mi coche actual tiene caja automática y la adaptación que tuvo fue poner el freno y el acelerador con una barra”, explica.

En su auto de calle.
En su auto de calle.

Luego buscó estudiar una carrera que le permitiera estar ligada al automovilismo. “Estudié periodismo deportivo y los autos se convirtieron en mi pasión. Luego arranqué con psicología”, comenta. Fue ahí cuando se presentaron algunas situaciones difíciles. “Primero, la mayoría de la arquitectura no está hecha para nosotros. Hay rampas que están mal hechas y son peligrosas para las personas que están en silla de ruedas. Otro punto es que hasta 2020 las universidades no te daban las posibilidades de que haya una cámara para poder seguir en vivo una clase. Eso es algo que reclamamos quienes no podemos salir los días de lluvia. Resulta que con la pandemia empezaron las clases por Zoom y ellos se tuvieron adaptar”.

Hasta recordó un diálogo particular con un directivo de una universidad privada a quien le hizo un reclamo:

B: “La rampa está mal puesta y ni siquiera tiene antideslizante”.

D: “Y bueno flaca, ¿por qué no te venís en silla de rueda?”

B: “¿La silla de rueda la ponés vos?”

D: “No, comprala y venís con esa”.

Sus experiencias demuestran a lo que están expuestas las personas con capacidades diferentes, más allá de que ella tiene la posibilidad de moverse con bastones. Pero esto no atentó contra su pasión. Empezó a ir a las carreras y en 2019 en el Autódromo Roberto Mouras de La Plata conoció a Juan María Nimo, que es un piloto que está en silla de ruedas y corrió en el TC Pista Mouras, la cuarta categoría de la Asociación Corredores Turismo Carretera.

“Verlo al Gatito Nimo me dio fuerzas y me inspiró. Me di cuenta de que no había una discapacidad de que me impida correr. A partir de una charla que tuve con un amigo Matías Machuca (también piloto) en 2020 le planteé la inquietud de querer correr y él creía que podría darse”, cuenta con entusiasmo.

Los monopostos de la Fórmula 1100 Bonaerense.
Los monopostos de la Fórmula 1100 Bonaerense.

“Entonces averigüé dónde podía empezar a correr. Y lo más accesible era en una categoría zonal. Me decidí por la Fórmula 1.100 Bonaerense (monopostos con motores Renault 1,3 litros) que corre solo autódromos de Buenos Aires, Roque Pérez, La Plata y Dolores. Un médico del Autódromo Mouras me dio la habilitación médica y me hice todos los estudios para sacar la licencia. El 21 de enero los presenté en el Autódromo de Buenos, firmé la licencia, pero no me la pueden dar hasta completar la prueba de escape donde puedo salir del auto en cuatro segundos. Tiene que ser en ese tiempo porque eso es lo que resiste el buzo antiflama. Esta prueba se la hacen a cualquier persona que tiene algún impedimento físico”, comenta.

Espera que el examen se lo puedan tomar este mes y en cuanto termine de reunir el presupuesto poder empezar a correr. “Mi pasión son los autos de carrera y hoy estoy a muy poco de ser la primera piloto mujer con discapacidad en Latinoamérica en el automovilismo. Hice conocer mi historia por todos lados, y cada vez que algún padre de un chico con la espina bífida me ve, me lo agradece porque se dan cuenta que sus hijos puedan hacer lo mismo”, asegura.

“No pude probar el auto porque estoy esperando a la licencia. Para la adaptación vamos a necesitar acelerador, freno y embrague al volante. Comprar el auto de carrera me cuesta entre 300.000 y 350.000 pesos. Después son necesarios unos 8.000 pesos el día de pruebas. Por carrera se gastan 37.400 pesos (entre fiscalización y otros ítems), más la atención en pista de un equipo. Hay una o dos carreras por mes”, sostiene.

Sobre un auto de carrera.
Sobre un auto de carrera.

Como Nimo, ella tiene otros referentes que sufrieron accidentes, que les afectó de forma drástica la motricidad, pero siguieron corriendo como Carlos Villar (perdió la sensibilidad de las axilas para abajo), que después corrió en el midget bahiense. A nivel internacional el caso más emblemático es el del italiano Alex Zanardi, a quien le amputaron las dos piernas por un choque del CART, volvió a competir en autos de turismos. El italiano también ganó las medallas de oro en ciclismo de mano en los Juegos Paralímpicos de 2012 y 2016.

Belén también se inspiró en todos ellos. En tanto que es muy agradecida de su traumatólogo Juan Manuel Roncoroni. “Como Florencia fue muy importante hasta mi adolescencia, Juan Manuel o fue en estos últimos años”, reconoce. Está a diez materias de recibirse de periodista deportiva y sigue firme con psicología. Trabajó haciendo radio, conducción y como community manager de emprendedores.

El automovilismo es uno de los deportes más inclusivos. Permite que las mujeres y hombres puedan competir juntos. También les da lugar a las personas con capacidades diferentes a quienes se les permite adaptar la conducción del vehículo, pero no se les da ninguna ventaja técnica en los autos, para no afectar el espíritu deportivo y lo más importante, para no discriminar. Belén está muy cerca de plasmar un hito y ser la primera dama en Latinoamérica en correr en autos en su condición. Su actitud frente a la vida es el motor para salir adelante y fue a fondo por cumplir su sueño. En su reto al destino ella ya ganó.

En el centro médico del Autódromo de Buenos Aires completando la planilla para sacar la licencia de piloto.
En el centro médico del Autódromo de Buenos Aires completando la planilla para sacar la licencia de piloto.

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