Gattin y el Equipo: la revista infantil olvidada que tenía como protagonistas a los jugadores de la Selección

En 1977 apareció una revista infantil que tenía al fútbol como tema. Sus protagonistas eran los jugadores de la selección argentina convertidos en simpáticos animales. La historia de su creación, los principales personajes y la imposibilidad de reeditar un proyecto similar en la actualidad

Gattin y el Equipo, una revista que conoció el mundo en la previa del Mundial 78 (Foto: Facebook)
Gattin y el Equipo, una revista que conoció el mundo en la previa del Mundial 78 (Foto: Facebook)

Unos días atrás, en medio de la cuarentena, mi hijo Valentín de siete años me vino a hacer compañía a mi escritorio. Mientras escribo, él (y muchas veces Juli, la hermana de tres) juegan en el piso. En un momento abrió un placard y se puso a revisar revistas viejas. Allí tengo más de un centenar de ejemplares de diversos títulos de la década del setenta: las utilicé para mi libro sobre el Mundial 78. Concentrado en la escritura de un artículo para Infobae no me di cuenta que ya no relataba un partido de fútbol, ni que la pelotita de plástico no pegaba más contra la pared, ni de la quietud sospechosa. Todo era silencio. Cuando levanté la cabeza, vi que éramos dos los que estábamos concentrados en esa habitación: yo escribía y Valen leía, con atención reverencial, una revista angosta y apaisada de historietas. No tuve que acercarme ni espiar la tapa para darme cuenta que estaba leyendo la que había sido mi revista favorita, la que me hizo, durante años (no exagero: años), detener en cada kiosco de revistas (de nuevo no exagero: en cada kiosco) para ver si había en el fondo de las puertas de doble hoja sostenido por un hilo tenso algún número viejo. Esa revista era (es) Gattin y el Equipo.

Un equipo de fútbol compuesto por animales. Pero esos animales tenían los nombres de los jugadores de la Selección de esa época, la que se preparaba para disputar el Mundial 78. Los primeros números aparecieron en 1977. Faltaba un año para el Mundial y Argentina estaba por afrontar la Serie Internacional en cancha de Boca. Siete partidos contra selecciones europeas que podían dar la medida de la Selección de Menotti.

Argentina 78 era el anhelo. No sólo del público y de quienes detentaban el poder. Muchos vieron la posibilidad de hacer el negocio de sus vidas. Turistas, periodistas extranjeros, un mes con el mundo posando la mirada sobre nosotros. Así, agencias de viajes, hoteleros, fabricantes de souvenirs y cada comerciante soñaron que en junio del 78 harían una fortuna. Todos esos cálculos resultaron equivocados. Al país no vinieron más de 15 mil extranjeros de los cuales sólo 11 mil fueron turistas.

Pero Jorge Toro, desde su casa de Morón, decidió adelantarse. Toro era un dibujante que venía desarrollando su oficio hacía años en las múltiples revistas que había en el mercado. Trabajó para García Ferré, para Columba y para los otros grandes. Toro decidió sacar su propia revista bajo el sello Tamar Ediciones (el nombre de su mujer, Marta, al revés). Si todo el mundo hablaba de fútbol por qué no sacar un producto que lo incluyera. No había nada parecido en el mercado infantil. Recurrió al viejo recurso del dibujo ingenuo con algún anclaje en la realidad. El tono era similar a las revistas de la escudería de Dante Quinterno (Isidoro, Patoruzú, Patoruzito). Humor, gags, aventuras, personajes queribles y reconocibles, villanos ineficaces. Le había ido bien con otras revistas infantiles basadas en personajes reales que fascinaban a los chicos: “Las chifladuras de Carlitos Balá”, “Las aventuras de Jerry Lewis”, “Las Travesías de Fitito” y “La voz del Rioba” (Minguito). Junto a Jorge Toro trabajaba, en esta revista, otro dibujante con mucho oficio y un larguísimo recorrido en el mundo de las historietas y el cómic, Félix Saborido.

El equipo salía de memoria: Gattín; Tarantin, Ratolguín, Killeón y Perrascosa; Lordiles, Gallogo y Villano; Buhoseman, Luqueti y Certoni (Rápida traducción: Hugo Gatti; Alberto Tarantini, Jorge Olguín, Daniel Killer, Jorge Carrascosa; Osvaldo Ardiles, Américo Gallego, Julio Villa; Rene Houseman, Leopoldo Luque, Daniel Bertoni). El técnico era Monotti. Esta formación se explica, de nuevo, por la fecha de su salida. Es en medio de la Serie Internacional del 77, la seguidilla de partidos que la Selección jugó en la Bombonera contra selecciones europeas en 1977. Ese era el equipo base. Olguín todavía era marcador central, Tarantini jugaba de 4 porque el marcador de punta izquierda era Jorge Carrascosa, el capitán e inamovible para Menotti. El número 10 titular era el lánguido Julio Ricardo Villa. Con el correr de los números y los cambios en el equipo de Menotti, otros jugadores -animales se incorporarían al equipo de Pelotín. Para mantener el juego con los jóvenes lectores, para no apagar la identificación eran imprescindibles esas modificaciones. No cambió demasiado el equipo de Menotti en ese año final pero quienes ingresaron como titulares tuvieron un papel fundamental en la Selección. Eso hizo que también se ganaran la titularidad en el equipo de Monotti jugadores imprescindibles como Patarella y Kempotro (Daniel Passarella y Mario Kempes). También tuvieron apariciones fugaces Aloso (el Beto Alonso), Ortigre (Oscar Ortiz), Galvilán (Rubén Galván, el volante central de Independiente, suplente de Gallego: no confundir con Luis Galván, titular todo el Mundial pero llegado a último momento). Pero hubo un caso mucho más problemático.

Hugo Gatti atajó sólo hasta el segundo partido de esa Serie Internacional, una derrota por 3 a 1 ante el entonces vigente campeón del mundo Alemania Federal. Las críticas a la actuación del arquero se hicieron escuchar. Gatti, que venía mal de la rodilla, decidió operarse y se perdió el resto de los partidos. Lo reemplazó Chocolate Baley quien tuvo excelentes actuaciones. El Loco Gatti volvió a atajar rápidamente en Boca pero no lo hizo en la Selección. En los pocos partidos que se disputaron en los meses finales de 1977 el arco se lo repartieron Baley y Lavolpe (también aparece fugazmente en Gattin como un canguro llamado Labolsa) mientras se esperaba la recuperación total del Loco. Pero había alguien más para ocupar ese puesto, alguien que para la gran mayoría del público debía ser el titular: Ubaldo Matildo Fillol.

Gattin sólo era a color en sus tapas (Foto: Facebook)
Gattin sólo era a color en sus tapas (Foto: Facebook)

Fillol se había peleado con Menotti a principios del 76. Desde ese momento no había vuelto a ser convocado. Durante el 76, la Selección tenía planeado hacer dos giras -la segunda finalmente no se realizó-. El técnico les dijo a Fillol y a Gatti (arqueros de River y de Boca en ese momento) que en la primera atajaría el Pato y en la segunda el Loco. Fillol se opuso, discutieron, cruzaron declaraciones por los medios y Gatti se consolidó como el arquero titular. Tuvo algunas grandes actuaciones como en aquel partido de la nieve en Kiev en el que descolló con su gorrito de lana y los pantalones largos. Gatti, además de ocupar el arco de un Boca que con el Toto Lorenzo de DT, ganaría los dos torneos del 76 y la Libertadores del año siguiente, era una figura de un carisma único. La vincha, el pelo largo, el estilo alegre, las salidas lejos del arco (un personaje extraño: hosco fuera de la cancha pero repartidor de felicidad dentro de ella -también, en muchas ocasiones, a los hinchas rivales-). Así que ante la falta de figuras de mucho peso -se debe recordar que en ese equipo pocos jugadores pasaban los 23 años- Gatti fue la elección ideal para liderar al equipo de Pelotín y nombrar la historieta.

Pero mientras se acercaba junio del 78 y la fiebre mundialista aumentaba, los creadores de la revista enfrentaron un enorme inconveniente. Gatti no sería parte del plantel. Por lo tanto hubo que hacer una incorporación de último momento: Patillol (también nombrado en algún número como Pillol). Con algunos subterfugios en la trama, los guionistas -nunca quedó bien claro quiénes escribían los guiones- hicieron compartir el plantel a ambos arqueros; Patillol ocupaba el arco mientras Gattín vivía aventuras fuera de la cancha (o jugaba de 9).

Si Fillol había sido clave para obtener el título del mundo (a quienes lo vimos atajar nos cuesta imaginar que alguna vez algún otro arquero haya atajado tanto como él en ese lustro 75-80), no podía faltar Mario Kempes, goleador del Mundial y elegido el mejor jugador. Así fue que ingresó Kempotro.

Pero meses después del Mundial llegó otro jugador indispensable y que pasó a ser el centro de las historias desplazando hasta al mismísimo Gattin: Gatadona. La revista no podía quedar afuera de la fiebre que provocó la irrupción de Diego Maradona.

La estructura narrativa era bastante simple pero muy efectiva. El equipo se preparaba para un enfrentamiento contra los malos; paralelamente se acercaba el partido se desarrollaba una intriga policial sencilla. El clímax era el partido en el que los cracks de Pelotín solían empezar perdiendo por culpa de los ardides de rivales y árbitros, pero que siempre conseguían revertir.

Además de los jugadores y de Monotti en cada historia participaban personajes que también tenían un anclaje real. En una de los números, Gattin se enamora y rescata de unos secuestradores a una cantante y animadora italiana: Gatarella Carra. La Selección de Pelotín en varios números tuvo que luchar contra un villano de una gran maldad: el Toto Loronzo, un loro que odiaba a Monotti. Juan Carlos, el Toto, Lorenzo era el entrenador de Boca (Menotti no llevó a ningún jugador xeneixe al Mundial) y el gran rival y sombra de Menotti por esos años. Era el gran candidato a reemplazarlo cada vez que se habló del despido del seleccionador argentino durante esos años y mantenían ácidos duelos de declaraciones a través de los medios.

César Luis Menotti, en aquellos momentos del Mundial 78, era un protagonista central también (Fotobaires)
César Luis Menotti, en aquellos momentos del Mundial 78, era un protagonista central también (Fotobaires)

Otros famosos que irrumpieron en Gattín fueron actores que, remedando al Equipo de los Galancitos que surgió por esos años, jugaron un partido a beneficio: Porceloso, García Ganzur, Monozón, Ladricina, Alfredo Halcón o Patito Ortega. O Pelé (representado como un enorme gorila negro -que hoy traería polémica-) y el Cosmos de Nueva York.

Una presencia habitual era la del relator de los partidos: el Gordo Muñoso que representaba, sin mayor dificultad para reconocerlo, a José María Muñoz, omnipresente relator deportivo por esos años. Pero el relator sufrió una impresionante transformación. En las primeras entregas era un hipopótamo llamado Munioz. Una digresión: José María Muñoz debe ser el periodista deportivo que más apariciones tuvo en cómics e historietas. En esa lista se pueden nombrar a Gattin, a Clemente (Murioz), al Loco Chávez y al Perramus de Breccia y Sasturain (más allá de sus apariciones casi cotidianas en las revistas Humor y Satiricón en las que era vapuleado con denuedo).

El fútbol no tenía mucho lugar en el mundo de las historietas. La contratapa de Clarín era casi el único sitio en el que se mezclaban los dos mundos. Referencias en El Loco Chávez, las tiras de Clemente (ya le había sacado el protagonismo a Bartolo) y el chiste diario de Fontanarrosa.

En un suplemento que Clarín sacaba los miércoles la contratapa se la dividían cada quince días Trillo y Altuna con Los Grandes Reportajes del Loco Chávez y Fontanarrosa con Inodoro Pereyra. En unos de esos Grandes Reportajes el Loco Chávez perseguía dentro de la cancha al 10 de la Selección (y de Racing: ambos autores eran de la Academia) Julio Ricardo Villa. Otro personaje que de tanto en tanto se animaba al fútbol era ese James Bond del subdesarrollo e hincha de Chacarita que era Pepe Sánchez, el personaje creado por Robin Wood. En julio del 78 en la revista El Tony recreó la final entre Argentina y Holanda con una participación estelar del agente secreto apareciendo en el punto del penal desde abajo de la cancha. En las revistas infantiles casi no se hablaba de fútbol. Por eso para los chicos a los que nos gustaba mucho el fútbol, Gattín nos deslumbró desde el día en que la conocimos. La excepción se dio en junio del 78: con el Mundial empezado el Gauchito fue tapa de Anteojito durante varios números y hasta protagonizó historietas unitarios con Hijitus y Larguirucho.

El equipo de Pelotín fue progresando a lo largo del tiempo. En la primera historieta, Monotti va por la selva recolectando entre los animales a sus jugadores. Uno de los últimos en sumarse es Perrascosa que con un antifaz pretende asaltarlos pero al que convencen de jugar con ellos. Pero al momento de entrar en la cancha para jugar el partido en el que se jugaban el destino de Pelotín, su pueblo, sólo son diez jugadores. Les falta un arquero. Pero sentado sobre el travesaño, con su sonrisa amplia y compradora, está un gato flaco y grácil, con un cola larga, orejas paradas y vincha. Gattin se suma al equipo.

En ese partido el equipo juega sin camiseta y sin botines. Esos implementos se van a ir incorporando con el correr de los partidos. La camiseta naturalmente es a rayas celestes y blancas (sólo lo sabemos por las tapas de la revista eso porque en su interior es en blanco y negro).

La revista, a pesar de que se anunciaba que aparecería la primera semana de cada vez, tenía una salida algo irregular; tal vez fruto de la falta de andamiaje industrial, de lo artesanal del armado en la casa de Morón de Jorge Toro. El formato fue variando; del tamañao normal de cualquier publicación pasó al apaisado característico de las historietas. Gattin y el equipo se vendió bien en su momento pero nunca llegó a ser un gran éxito. Tuvo varias vidas más en las que cambiando las tapas y el nombre se reeditaron las viejas historias. La última resurrección llegó (muy) a destiempo. Reapareció en 1989/1990. Sólo basta con mirar cómo número a número en la tapa va aumentando sideralmente el precio en australes. También es cierto que parte del interés era que el joven lector identificara a esos animales que jugaban al fútbol con los que defendían los colores de la Selección. Y en esos años sólo Diego seguía jugando.

Tuvo también otras reencarnaciones muy breves. Las mismas historietas pero con otro nombre. Esas revistas, que a veces, tuvieron sólo un número se llamaron La Selección de Monotti o El Equipo de Pelotín. Una publicación, de nuevo fugaz, titulada Barrabrava parece una versión pirata, en la que los jugadores ya no tienen sus nombres históricos sino que se llaman sólo por sus genéricos: “Oso”, “Perro”, “Ratón”. Se pueden ver imágenes de estas publicaciones en el muy buen blog sobre Gattin que armó Carlos Carella.

Y este tampoco es un tema menor. Los nombres son claves en esta historia. La combinación nombre-animal eran parte del encanto. Las combinaciones y fuentes de inspiración eran el apodo del jugador o la posibilidad de deformar su apellido para asociarlo con un animal. Menotti se convirtió con mucha facilidad en Monotti. Houseman mutó en un ingenioso Buhóseman o Bertoni en un fácil Certoni. Del lado de los apodos Tarantín era un conejo como Alberto Tarantini y para representar a Fillol se fusionó el Pato con el apellido y resultó un eficaz Patillol. Aunque tal vez el más polémico, el único que no lograba conexión entre su apodo, su imagen y su apellido con el animal del equipo de Pelotín era Luqueti (Leopoldo Jacinto Luque) convertido en una tortuga. No parece muy inspirado pero, también se debe reconocer que no era sencillo encontrarle solución al dilema del centrodelantero.

Con mi hijo Valen establecimos nuestro propio juego y lo extendimos al resto de la familia. Imaginamos qué nombres, qué animales podrían ser los actuales jugadores de la Selección. El tema nos ocupó la conversación a los cuatro durante varias cenas. Aunque, tuve que explicar que no iba a pasar del juego, que hoy con los contratos multimillonarios, los derechos de imagen y demás factores económicos y comerciales sería imposible imaginar un producto de estas características. Los primeros que buscamos fueron, naturalmente, los nuestros, los de Racing. En algunos casos encontramos buenas posibilidades, de las que estuvimos orgullosos: Lautoro (por Lautaro Martínez), Vicuña (el Huevo Acuña), Zorracho (por Matías Zaracho). En otros no mostramos tanta inspiración: Pulguesi (Messi), Perrela (Pezzella), Dibáguila (Dybala), Vacardi (Icardi), Chiquito Ternero (Romero). Y con muchos el resultado fue francamente pobre: Pingüero (Agüero), Saporabia (Renzo Saravia); Tiguerfico (Tagliafico); Gatedes (Paredes); Osomendi (Otamendi) y algunos otros más nos da vergüenza reproducir; pero no nos importó porque no somos guionistas de historietas (y en el camino nos divertimos bastante). Seguro que el lector aumentará y mejorará esta lista.

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