Cuentan aquellos que estuvieron presentes que el plantel profesional de Boca campeón del mundo en 1977 iba todos los fines de semana a ver a los juveniles del club y muchos estaban obnubilados con un jugador en particular: Oscar Ruggeri. El Cabezón estaba en la sexta división, pero se destacaba. “Este gringo va a llegar porque tiene personalidad, tiene huevos”, insistía el legendario Francisco Pancho, que para ese entonces cargaba sobre sus espaldas con una exitosa carrera tanto en Boca como en Independiente.

“En el 78 nos levantábamos en La Candela con Pancho y el Chapa Suñé e íbamos a verlos a las inferiores. Pancho nos rompía las bolas con vos todos los sábados que jugaban de local. ¡Y no se equivocó!”, le contó el Ruso Ribolzi en un cruce radial con su ex compañero Ruggeri.

“Yo estaba en sexta. Nosotros queríamos salir a verlos a ustedes, imaginate que veníamos de los pueblos y estaban concentrados ustedes ahí que venían con unas naves: Fiat 128, 128 IAVA, el Torino del Tano Pernía que se ponía a dar vueltas por las canchas y las rompía todas. Nos volvíamos locos porque no podíamos creer que estos tipos, campeones del mundo, andaban por ahí. El Toto Lorenzo gritaba ‘encierren a esos pibes que son mufas, dejenlos adentro’. ¡Y nos metían adentro!”, recreó entre risas en el programa Acá hay buen fútbol que se emite por Radio La Red.

A mediados de 1980 debutó en la primera de Boca y comenzó a tener sus primeros ingresos: “Cuando el Chapa hablaba, la mierda, qué respeto había, el silencio que se hacía cuando hablaba Suñé... Estos guachos cobraban premios cuando ganaban, venían y me daban un sobrecito. ¡El cagazo que tenía yo! Me lo guardaba, ni sabía qué cobraban ellos. Yo me iba corriendo a la habitación de La Candela para contar lo que me había dado. Ni se me ocurría preguntarles cuánto nos habían dado”.

Aquel equipo, de la mano de un joven Diego Maradona, terminaría ganando el título local, pero previamente recibió una violenta visita de la barra: “Vino José Barrita, eran 100. Todos con revólver en mano. Yo tenía 18 años. Nos arrinconaron, rodearon La Candela. El Mono Perotti, no me olvido más, estaba hablando por teléfono con las patas arriba de la mesa, bien arrogante. Uno le dice “cortá el teléfono Perotti”. Y el mono le dice “pero qué cortá el teléfono...”. ¿Ah, no? Agarró la línea, que iba todo por la pared, por el marco, y arrancaron todo el cable de la pared, tiraron el teléfono a la mitad de la cancha. Yo pensé acá nos matan. Nos pusieron en la sala de juegos, nos arrinconaron atrás de todo. El abuelo, con los revólver que iban para arriba y para abajo... Nos decían: hoy les vinimos a hablar, mañana a las 6 de la tarde –que era la hora que terminaba el partido– no hablamos más, queremos salir campeones. Y se fueron. Les ganamos a todos, qué no les vamos a ganar a todos. ¡Yo tenía un cagazo!".

En relación a la personalidad de sus compañeros, rememoró una feroz pelea entre el propio Ribolzi y el Chino Benítez: “¡Qué batalla! Qué enojados que estaban estos, qué batalla. Los sábados a la noche era un placer ir a concentrar porque no sabías con qué te ibas a encontrar. Pasaba de todo. Cómo no me voy a hacer fuerte si estas bestias hacían de todo; se peleaban y al otro día salían abrazados. Yo pensaba: estos se agarraron a trompadas y ahora están así, como si nada. Pero bueno, son enseñanzas”.

Finalmente, unos años más tarde, Ruggeri se marchó de Boca hacia River en un controvertido pase que le generó graves problemas con la barra. “Boca era un desastre desde que se había ido Maradona, no cobramos nunca más", recordó el ex campeón del mundo con la selección argentina.

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