Con Tevez mirando el partido desde el banco, Boca fue al Monumental con la vista puesta más en los próximos partidos y no podía perder…. (Télam)
Con Tevez mirando el partido desde el banco, Boca fue al Monumental con la vista puesta más en los próximos partidos y no podía perder…. (Télam)

A ningún amante del fútbol le puede gustar lo que hizo Boca ayer en el Monumental. A nadie. Pero los partidos tienen un contexto.

Es imposible analizar el presente, desconociendo el pasado y sin mirar el futuro. Boca es un equipo millonario, pero a Núñez fue pobre. No tenía en sus filas a los delanteros titulares. Perdió a Mauro Zárate, Toto Salvio y Wanchope Ábila en los últimos diez días y de apuro tuvo que adelantar los plazos de Soldano y Hurtado, que llegaron como apuestas para más adelante. Por todo esto, sumado a que era el primer partido después de la final en Madrid y en condición de visitante, el encuentro tenía un favorito: River.

Saberse inferior es una virtud, no una falencia. Creo que Gustavo Alfaro fue a ejecutar un plan, a jugarle a Gallardo como no le gusta que le jueguen. Y a ejecutar un sistema que le puede servir en el futuro.  River es el mejor equipo de América hace rato, y allí fueron varios técnicos a tratar de jugar de igual a igual. Así les fue. La gran mayoría perdió. Y muchos de ellos, por  goleada.

Arruabarrena y Barros Schelotto ganaron en liga, pero como perdieron en la Copa, están dirigiendo afuera y muy lejos. Alfaro, el 2 de enero en su presentación, dijo "tengo una bala de plata y me la quiero jugar". Esa bala es la Copa.

Probó una estrategia: sacar un resultado positivo para saber si el 1 de octubre hay que modificarlo o no. Sí sorprendió la ausencia de Tevez en el equipo. Solo quince minutos de Carlos fue raro. Pero el director técnico dio su explicación. Podía poner un lento, pero no dos. Entiéndase. Puedo poner un jugador de 36 años, pero no dos.  Es decir, con De Rossi ya está.

El italiano es un jugador de jerarquía internacional, de buena técnica, bien ubicado, gran primer pase, pero sin velocidad. Traerlo al mercado argentino es excéntrico, atípico y glamoroso. Pero no está para la dinámica de nuestro fútbol en partidos de elite. Llegó, se dio un gusto, cumplió un sueño, pero le costó.  Por edad y poco ritmo, De Rossi está para terminar la temporada y luego volver a Italia o quedarse ya para el equipo Senior.

A River le faltó chispa, falló en la toma de decisiones, pateó poco al arco, quizá llegó con lo justo desde lo físico. Lo cierto es que River tenía todo a favor y Boca mucho en contra. Por eso, el cero a cero cayó mejor en La Ribera.