
Hace casi tres años, Gustavo Fernández cumplió uno de los tantos sueños de su vida. Fanático del fútbol, hincha de Boca desde la cuna, tuvo el honor de ser el abanderado que encabezó la delegación argentina en los Juegos Paralímpicos de Río 2016. Mientras desfilaba en el imponente estadio Maracaná, uno de los recintos más conocidos del planeta, Gusti, como le dicen sus familiares y amigos, se dio cuenta del valor de lo que había conseguido. A pesar que no tuvo el resultado deportivo esperado, porque no logró ganar una medalla paralímpica, la experiencia marcó su carrera.
Gustavo nació en Río Tercero, una ciudad del centro de Córdoba, ubicada a casi 100 kilómetros de la capital. Nacido el 20 de enero de 1994, es hijo de Gustavo Ismael Fernández, ex jugador de básquet que se destacó en varios clubes de la Liga Nacional, consagrándose cinco veces campeón de la máxima competición. El destino sorprendió al Lobito y su mujer cuando el que hoy es un tenista exitoso tenía un año y medio de vida: un infarto medular lo dejó sin movilidad en sus piernas.
Primera parte de la entrevista con Infobae
En el primer capítulo de su libro (Hambre de Lobo, escrito por Sebastián Torok) cuenta al detalle lo sucedido aquel lunes 25 de mayo de 1995. Al regreso de un paseo por el parque con su hermano, su papá, que por entonces jugaba en Atenas de Córdoba, y Juan Espil (célebre jugador de la Selección de básquet) con sus hijos, Gusti se puso a saltar en el comedor de la casa, desde una pequeña silla al suelo, en repetidas ocasiones. "Hasta que luego de uno de esos movimientos bruscos algo inexplicable sucedió. quedó tumbado en cuatro patas, absorto, sin quejarse, pero sin poder moverse. como si estuviera aturdido por una explosión. Paralizado", relata la escena de la publicación, contada por el propio papá Fernández.
La vida cambió para la familia, pero no la forma de vivirla para el hombre que hoy se consagró, por segunda vez, campeón de Roland Garros. A los 6 años comenzó a jugar al tenis, motorizado por la pasión, un sello distintivo de su personalidad. Ambicioso, pero tranquilo, a Gustavo lo impulsa un fuego interior. Ese deseo de poder ayudar, a través de su calidad como deportista y de los logros que pueda conseguir, a que las personas se despojen de los prejuicios ante la discapacidad.
Segunda parte de la entrevista con Infobae
"Convivir con la adversidad me ayudó a desarrollar una gran capacidad de tolerar la frustración y superarla", citó Fernández en un de las decenas de entrevistas de las que fue protagonista después de coronarse campeón del Abierto de Australia en 2017, título que repitió al comienzo de esta temporada. Con la conquista en París, Gusti suma cuatro títulos en los grandes torneos, además de haberse coronado en campeonato de dobles de Wimbledon 2015, en pareja con el francés Nicolas Peifer.
Ganador de tres medallas de oro parapanamericanas (fue campeón en singles en Guadalajara 2011 y triunfó en el torneo individual y en la prueba de dobles en Toronto 2015), Gustavo volverá a ser número 1 del mundo la próxima semana, una vez que se sumen los puntos de su título en el polvo de ladrillo frances.

"El hecho de haber llegado me genera un orgullo y una satisfacción enorme. No necesito ese título, que para mí es falso, porque Guillermo Vilas fue 1, por más que los libros no lo digan. Pero, más allá de eso, da igual que si hubiese habido 150 números 1 antes; fue muy fuerte cuando llegué y lo valoré de ese lado", le contó Gusti a Infobae, en una entrevista exclusiva después de haberse consagrado en Australia a principios de año. Gracias a su forma de ser, humilde y siempre bien dispuesto, fue que se ganó el corazón del propio Vilas y de Gabriela Sabatini, que cada vez que el tenista adaptado gana un partido o festeja un título, recibe el saludo de la jugadora más importante que dio el tenis argentino.
Para Gusti Fernández esta victoria se traduce en el título número 23 de su carrera deportiva. Siempre con Fernando San Martín a su lado, su entrenador por más de una década, y hace varios años con Florencia Tagliaferro, la mujer que llegó para cerrar el círculo perfecto en su vida. "Me gustaría que haya Lobitos y estar encargándome de ellos", dijo el tenista sobre su futuro rol como padre, aunque todavía quiere tener 10 años más de carrera deportiva.
¿Y después del tenis? "Me encantaría ser entrenador de básquet, es una cuenta pendiente, me encanta", mencionó Fernández, que nació en una familia bien basquetbolera, pero que gracias a sus conquistas por el mundo, transformó su apellido en uno de los más reconocidos en el mundo del deporte adaptado.

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