Ricardo Centurión le abrió la puerta a su intimidad, a sus sentimientos más profundos. En la entrevista que le brindó a TyC Sports, en la que asumió la culpabilidad de la pelea con Eduardo Coudet y pidió una reunión para, aunque sea, volver a entrenarse con el plantel de Racing, el mediocampista reveló cómo reaccionó su familia tras el conflicto con el entrenador en pleno clásico ante River en el Monumental y cómo sobrelleva las situaciones de discriminación que le toca vivir.

"Me he entrenado en el predio Tita Mattiussi con 50 cámaras. Querían llevarse un video de mi auto, no podía salir a ningún lado. Me señalaban por todos lados, se fue todo a la mierda. ¿En que mundo estamos? ¿Tanto vende mi apellido?", comenzó Centurión a describir sus sensaciones. "Mi familia me daba la vuelta la cara porque sentía vergüenza, como si yo hubiera matado a alguien. Eso era peor para mí", confesó.

Centurión, a corazón abierto

"Hace seis años debuté y me encontré con un mundo superior. Hay cosas que no supero, hay cosas que no me hacen feliz, como lo material. Hay cosas que a veces prefiero no tenerlas. Quiero ser jugador de fútbol, jugar en las mejores ligar, jugar un Mundial. Tengo mucho sueños… Pero si me mando otra cagada es imposible", dejó unas cuantas cuotas de autocrítica.

"Detrás del fútbol hay una persona. En el fin de semana el hincha espera que uno rinda, a uno le pagan y es profesional. Pero hay veces que también el hincha va a descargarse a la cancha. Les pasa a un montón de colegas, se vive muy difícil el tema. Yo a veces no puedo salir a la calle, que 'negro villero'… Y no se puede. Yo no me quejo si voy a patear un córner y me escupen en la nuca, pero sí de ir a un restaurante o a un shopping y que te persigan", reveló cómo impactan en él esas situaciones complejas.

Incluso, contó una anécdota que le sucedió en la última semana. "Estaba en el centro con mi representante y me subí a un taxi. Y un loco me empezó a gritar 'pisala ahora, pisala ahora', y me hacía el tres con la mano", contó sobre el gesto, en alusión a los tres goles de River en la Superfinal de la Copa Libertadores contra Boca, aprovechando su fanatismo confeso por el Xeneize. "El auto paró en el semáforo y él seguía, golpeaba la llave contra la ventanilla. Yo, nada, bajé la cabeza, pero mi representante le dijo: '¿Qué hacés?'. Si yo reacciono es peor", concluyó.

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