
En una de las zonas más conflictivas del planeta, los gobiernos militares de Malí, Burkina Faso y Níger se agruparon en la Alianza de Estados del Sahel. Este pacto de defensa firmado el 16 septiembre de 2023 demostró ir más allá de una protección conjunta y reconfiguró las relaciones con las potencias mundiales.
La ambiciosa alianza en la conflictiva región del Sahel
Durante 2023, el Sahel se convirtió en el epicentro de la inseguridad en África Occidental. Mali, Níger, Mauritania, Burkina Faso y Chad comparten la triste realidad de lidiar con una crisis humanitaria, que llevó a 3,8 millones de personas a migrar internamente en sus países de origen y a más de 500.000 a abandonarlos, según Naciones Unidas.
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La crisis se debe a distintos factores: el climático, en el cual la temperatura media anual aumentó 1,5 grados; el político, con gobiernos inestables y reiterados golpes de estado; y la inseguridad, con el auge del narcotráfico y una mayor presencia del terrorismo, que llevó a comprometer la seguridad nacional de estos países.
De los ocho golpes militares de Estado registrados en África a partir de 2020, cinco pertenecen al Sahel. Mali tuvo dos en 2020 y 2021, Burkina Faso sufrió otros dos en 2022 y Níger, el más reciente, que tuvo lugar el año pasado.
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Las nuevas juntas militares de estos tres países resultaron estar alineadas en sus intereses y conformaron la Alianza de Estados del Sahel, un pacto defensivo firmado el 16 de septiembre de 2023 que surge como reemplazo del G5 Sahel y una respuesta a la amenaza yihadista en la región.
El sucesor de Al Qaeda, el Estado Islámico, busca construir poder en la zona denominada el Gran Sahara, precisamente en los tres países que integran la nueva asociación en el Sahel.
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Desde la asunción del nuevo gobierno en Níger en julio de 2023, más de 200 personas murieron debido a atentados terroristas del Estado Islámico. Se informaron 4000 víctimas en Burkina Faso y otras 5000 en Mali, ambas estadísticas tomadas desde que los militares llegaron al poder en ambos países en 2021. Si se toman los datos de la década anterior, los números ascienden a cientos de miles.
Los nuevos mandatarios buscan lidiar con la problemática en sus Fuerzas Armadas y determinaron la protección tripartita inmediata. Si uno de los miembros es atacado, los otros colaboran en la defensa.
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La nueva alianza militar del Sahel, además de su composición antidemocrática, tiene la particularidad de mantener las puertas abiertas para otros países de la zona que “compartan las mismas realidades geográficas, políticas y socioculturales, y que acepten los objetivos de la Alianza”.
Más allá de la ambición proteccionista, los gobiernos de Malí, Burkina Faso y Níger iniciaron un cambio de era en África, se alejaron de Francia y Estados Unidos y buscaron un nuevo socio geopolítico que deje de lado las trabas y los apoye militarmente.
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Adiós al “neocolonialismo”
La relación del Sahel con Francia y la comunidad internacional comenzó a resquebrajarse hace tiempo. Las operaciones francesas Serval y Barkhane no pudieron encontrar una solución permanente a la problemática del terrorismo.
El éxito parcial del intervencionismo militar europeo ya no tiene efectos presentes en la actualidad de la región y las tropas abandonaron la zona.
En la actualidad, la más grande misión de Naciones Unidas, la MINUSMA, con más de 11.000 soldados de 61 países, fracasó en su objetivo de mantener la paz en la región. Alemania, que había enviado soldados de la Bundeswehr, se retiró del continente en diciembre de 2023.
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El G5 Sahel, una iniciativa francesa para establecer un marco de cooperación internacional en seguridad y economía entre Mauritania, Chad, Malí, Burkina Faso y Níger, también falló. De los cinco países, los últimos tres se retiraron del acuerdo.

La Alianza de Estados del Sahel, compuesta por los tres países salientes, llegó en reemplazo del G5, pero también buscó nuevos horizontes para la región. Las juntas de Malí, Burkina Faso y Níger y los pueblos desgastados ahora rechazan la ayuda de Francia, su antiguo colonizador.
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En la misma línea, el gobierno nigerino revocó un acuerdo militar con Estados Unidos y forzó la salida de las 1100 tropas apostadas que operaban desde dos bases construidas por Washington desde 2012.
Los gobiernos del Sahel, ya alejados del “neocolonialismo” que denunciaron desde su asunción, fueron en busca de un nuevo aliado. En contraposición con las relaciones históricas, Rusia apareció como un socio que rápidamente se apostó en la región y aprovechó las necesidades y fragilidades de sus nuevos asociados.
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Rusia surge como un rápido aliado
El Kremlin firmó sociedades militares con Guinea-Bissau, Guinea, Argelia, Libia, Burkina Faso, Malí, Níger, Nigeria, Camerún, Chad, Congo, República Democrática del Congo, Sudán y Etiopía. Una expansión que no es una novedad: en el siglo pasado, la Unión Soviética fue el gran aliado de África en los distintos procesos de independencia que tuvieron lugar a partir de la descolonización. La Federación Rusa no hace más que continuar con el camino iniciado por sus antecesores soviéticos.

La cumbre Rusia-África, celebrada el año pasado en Moscú, sirvió para que el presidente ruso Vladimir Putin reafirmara su deseo de mantener relaciones igualitarias con África y elogió las gestiones para un nuevo “orden mundial multipolar” sin “neocolonialismo”.
El aliado paramilitar, el Grupo Wagner, se asentó en Guinea-Bissau, Guinea, Libia, Malí, Chad, Sudán, Sudán del Sur, República Centroafricana, República Democrática del Congo y Burundi.
La noticia de la ruptura nigerina-estadounidense incluso estuvo acompañada de la ocupación rusa, a través de los África Corps, y de efectivos a cargo de Wagner en las bases norteamericanas de Níger en proceso de abandono por el ejército de EE. UU.
La región del Sahel parece ser la punta de lanza de la nueva era de África, lejos de las voces occidentales, y acompañada de un relevo protagonizado por el poderío militar de Rusia. De momento, la inestabilidad democrática, la seguridad nacional y las operaciones del Estado Islámico persisten como problemáticas sin solución en el corto plazo.
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