Joshua Redman llega a Buenos Aires con su cuarteto para presentar Words Fall Short, su primer álbum para el sello Blue Note, en dos funciones en Bebop Club: el sábado 3 y el domingo 4 de octubre, a las 20 y a las 22.30 h. El saxofonista estadounidense, considerado uno de los artistas de jazz más aclamados y carismáticos surgidos en la década de 1990, estará acompañado por Paul Cornish en piano, Philip Norris en contrabajo y Nazir Ebo en batería. Es la segunda visita de Redman a la sala porteña —en 2023 actuó en formato de trío— y la primera con este cuarteto, que grabó Words Fall Short tras casi dos años de gira conjunta.
La banda se consolidó durante la extensa gira de acompañamiento del álbum where are we, junto a la cantante Gabrielle Cavassa. Fue en ese período de trabajo continuo donde Redman, Cornish, Norris y Ebo desarrollaron la identidad colectiva que luego quedó plasmada en la grabación. “Estuvimos de gira juntos con Gabrielle Cavassa durante casi dos años para acompañar el álbum where are we, así que fue una gran oportunidad para conocernos musicalmente y desarrollar niveles aún más profundos de sensibilidad, empatía, confianza y seguridad como colectivo”, describió Redman.
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Nacido en Berkeley, California, e hijo del legendario saxofonista Dewey Redman, Joshua creció expuesto desde temprana edad a músicas de procedencias muy diversas: jazz, clásica, rock, soul, música india e indonesia, entre otras. Aunque tocó clarinete desde los nueve años antes de pasarse al saxofón tenor, la academia fue siempre su primera prioridad: se graduó summa cum laude de Harvard en 1991, con una licenciatura en Estudios Sociales. Tenía una plaza asegurada en la Facultad de Derecho de Yale, pero la postergó para instalarse en Brooklyn —apenas por un año, según creía entonces—, y nunca regresó a las aulas. En noviembre de ese mismo año, apenas cinco meses después de mudarse a Nueva York, Redman ganó el prestigioso Thelonious Monk International Saxophone Competition. El reconocimiento lo lanzó a una carrera que acumula más de veinte álbumes, tres nominaciones al Grammy y colaboraciones con figuras como Pat Metheny, Brad Mehldau, Charlie Haden, Herbie Hancock y Yo-Yo Ma.

Words Fall Short reúne piezas que Redman comenzó a desarrollar durante el aislamiento, pero que adquirieron su forma definitiva en contacto con el cuarteto. “La música no tiene sentido hasta que la toca una banda. La banda le da vida. La banda le da sentido. La banda es dueña de la música”, afirmó el saxofonista. El álbum fue grabado para Blue Note Records, sello histórico del jazz, y representa la primera entrega de Redman en ese catálogo.
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En diálogo con Infobae Cultura, Redman habló sobre cómo nació y se consolidó este cuarteto, qué busca en sus músicos y qué le sucede a una composición cuando pasa del aislamiento creativo a convertirse en algo colectivo. También reflexionó sobre la relación entre experiencia, confianza e incertidumbre en la improvisación.
—En 2023 te presentaste en Buenos Aires por última vez hasta ahora ¿Qué ha cambiado en ese período de tiempo en términos personales y grupales?
—Cuando vine en 2023, era la primera vez que tocaba con Philip y Nazir juntos. ¡Supe desde el primer compás que iba a funcionar! Tocamos con Paul un par de meses después, y la química fue instantánea. Estuvimos de gira juntos con Gabrielle Cavassa durante casi dos años para acompañar el álbum where are we, así que fue una gran oportunidad para conocernos musicalmente y desarrollar niveles aún más profundos de sensibilidad, empatía, confianza y seguridad como colectivo. Ahora siento que esta es una de las mejores bandas de las que he formado parte. He estado escribiendo mucha música nueva para ellos, y también hemos ido incorporando gradualmente a nuestro repertorio temas «más antiguos» que escribí hace mucho tiempo. Siento que, les tire lo que les tire, simplemente lo atrapan y siguen adelante con ello. Saben cómo hacer música hermosa y cautivadora de cualquier cosa y de todo.
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—Este cuarteto se reunió originalmente en torno a la gira de where are we, pero finalmente se convirtió en el grupo con el que grabaste Words Fall Short. ¿En qué momento te diste cuenta que habías encontrado una identidad de banda distintiva?
—Creo que me di cuenta inmediatamente: teníamos un sonido colectivo. Empezamos tocando música que había sido desarrollada y grabada por otra banda; pero estos chicos encontraron una manera de aportar su propia sensibilidad y perspectiva, conservando al mismo tiempo todos los elementos interpretativos esenciales. Así que supe que esta banda tenía algo único. También sabía que llevaría tiempo profundizar realmente esa identidad y encontrarnos y conocernos verdaderamente como colectivo. No se pueden apresurar ni forzar estas cosas. Hay que dejar que se desarrollen y evolucionen según su propio ritmo y dirección. Afortunadamente, esta banda parece evolucionar increíblemente rápido. A veces siento que me cuesta seguirles el ritmo, como si me estuviera aferrando con todas mis fuerzas. ¡Pero qué viaje!
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—Has descripto a Paul Cornish como alguien que puede ser profundamente empático y, al mismo tiempo, estar dispuesto a desafiarte musicalmente.
—Es exactamente lo que busco. Lo sé cuando lo escucho o, más precisamente, cuando lo siento. Llevo haciendo esto desde hace tiempo y he tenido la suerte de tocar con algunos de los mejores músicos del mundo. Así que siento que puedo reconocer con bastante rapidez y naturalidad cuándo alguien tiene «eso» y cuándo ese algo también es compatible con —¡y también desafía a!— «lo mío». Paul tiene eso. Philip y Nazir también.
—Philip Norris y Nazir Ebo pertenecen a una generación considerablemente más joven que la tuya, y has elogiado especialmente su madurez, sensibilidad y capacidad para escuchar. ¿Qué aportan a tu música?
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—Son jóvenes, sí. Y están en su mejor momento físico y mental. Sus cuerpos y mentes son fuertes, rápidos, fluidos, ágiles… Aprenden muy rápido. Lo recuerdan todo. Y pueden ejecutar prácticamente cualquier cosa. Ah, recuerdo vagamente cómo era eso, jajaja…
En cuanto a lo que aportan a mi música que es diferente de lo que hacen los músicos de mi propia generación, sinceramente no me gusta pensar en esos términos. Realmente no los veo, ni los trato, ni me relaciono con ellos de manera distinta a como lo haría con cualquier otro músico. Son grandes músicos. Punto. Hacemos buena música juntos. Eso es lo único que importa. Tengo suerte de tocar con ellos.
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—Words Fall Short reúne composiciones que comenzaste a desarrollar durante la pandemia, pero que encontraron su forma definitiva cuando las tocaste con este cuarteto. ¿Qué le sucede a una composición cuando pasa del aislamiento en el que fue creada a convertirse en algo colectivo?
—La música no tiene sentido hasta que la toca una banda. La banda le da vida, le da sentido. La banda le impregna emoción y espíritu. Es dueña de la música. Si la música no funciona con y para la banda, entonces no es música, al menos no para esa banda.
—Has hablado del jazz como una música que exige “abrazar la incertidumbre”. Después de tantos años ¿Sientes que la experiencia y la confianza cambian esa sensación, o en realidad te permiten asumir riesgos?
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—La confianza y la empatía crean las condiciones para abrazar la incertidumbre de manera plena y auténtica. Es porque nos conocemos tan bien y confiamos tanto los unos en los otros que podemos asumir los mayores riesgos e improvisar de verdad, colectivamente, con confianza, dirección y entrega.
[Fotos: prensa Bebop]
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