
La misión principal de este trabajo fue relevar cómo fueron introducidos Los Beatles al público argentino desde los inicios mismos de su carrera. El foco se colocó en las referencias de un conjunto de diarios y revistas locales editadas durante el año 1964, período en el que el grupo comenzó a tener una exposición mediática sostenida en el país. Aun cuando ya desde la segunda mitad de 1963 se habían publicado en Argentina algunas de sus canciones, no fue sino hasta los primeros meses del año siguiente que ganaron lugar en la prensa gráfica, dejando atrás la etapa donde imperan —con escasísimas excepciones— las escuetas menciones inaugurales. Como complemento a este corpus de corte periodístico, se atendió también a la presentación que realizó de sí misma la banda por medio de sus trabajos oficiales, en la forma que adquirió su distribución local, que no fue necesariamente una copia exacta de lo ocurrido en el Reino Unido.
El punto de inflexión que implicó esta notoriedad mediática del grupo en la prensa argentina se debió primordialmente a la repercusión que tuvo su debut en la televisión norteamericana, lo que constituyó el trampolín para la conquista planetaria, incluido este rincón del Cono Sur. Si bien la popularidad —ya absoluta— en su tierra natal comenzó a extenderse al resto de Europa entre fines de 1963 y comienzos del año siguiente —a destacar las escalas en Suecia y París, respectivamente— la consagración definitiva en el mercado más deseado solo se materializará con la aparición en The Ed Sullivan Show la noche del 9 de febrero de 1964.
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Aunque el ADN europeo seguía pisando fuerte en Argentina, fruto de una voluminosa inmigración todavía reciente y traducida en un consumo cultural que mantenía parte de su mirada en el Viejo Continente, el arrollador star system estadounidense se imponía desde hacía décadas y eran los cantos de sirena del Tío Sam los que inclinaban la balanza de lo noticiable. Muy especialmente si se trataba de uno de sus productos de evangelización más exitosos: el rock ‘n’ roll.

Tras el comienzo de la invasión británica al norte del río Bravo, entonces —ahora sí— los diarios y revistas argentinos comenzaron a prestar algunas de sus páginas para contar quiénes eran estos cuatro jóvenes que estaban, ya desde sus comienzos, revolucionando no solo el mundo de la música, sino el hasta entonces modo de ser de las figuras del espectáculo, para convertirse finalmente en artífices de uno de los cambios culturales más importantes del siglo XX.
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Son verdaderos torrentes de información —cada vez menos tinta y más bits— los que sigue generando a la fecha esta banda, cuya separación ya superó las bodas de oro. En una era de vértigo digital, la corporación que maneja hoy sus asuntos ha mantenido el catálogo vigente a través de distintos mojones comerciales que van desde ediciones expandidas y deluxe de sus últimos álbumes, documentales de altísimo valor —y otros menos relevantes—, periódicos updates a las mezclas y masterizaciones originales y, más recientemente, una reunión virtual hecha posible por el demixing que permite la inteligencia artificial (el single “Now and Then”), entre otros proyectos. Difícilmente pase un año sin que suceda algún tipo de lanzamiento orquestado desde Apple Corps, muy por delante de la actividad vista en las décadas más inmediatas a la disolución del cuarteto. Por si fuera poco, los dos miembros aún vivos mantienen una envidiable actividad en cuanto a giras —y en menor medida, grabaciones— se refiere, ya superadas sus ochenta primaveras.
Aunque se observa una tendencia de sentido decreciente y resulta difícil competir con artistas contemporáneos por la atención de las generaciones más jóvenes, Los Beatles siguen dominando las búsquedas en Internet versus otras bandas legendarias como The Rolling Stones, Queen, Pink Floyd o Led Zeppelin. Es además llamativo que Argentina es el segundo país que mayor volumen de pesquisas ha hecho sobre la banda en Google en las dos últimas décadas a nivel mundial, solo por detrás de México. Aunque con una vigencia incuestionable, no es del más inmediato pasado del que vamos a ocuparnos, sino que se intenta aquí echar luz sobre aspectos muy lejanos en el tiempo.
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La elección del tramo temporal no es caprichosa. Por un lado, 1964 es el año por excelencia de la Beatlemanía; es el momento de su definitiva consagración a nivel mundial y, en consecuencia, un período de impulso sideral en su carrera. El grupo atravesará, en un lapso de unos siete años y medio de vida dentro del negocio discográfico —se consideran los 2772 días que transcurren entre la edición británica del primer single (“Love Me Do / P.S. I Love You”, 1962) y el último LP del canon oficial (Let It Be, 1970)—, un trayecto hasta entonces inédito e impensable. Difícilmente en 1964 alguien podría haber aventurado el impacto que tendría este conjunto para la vida cultural del siglo pasado y, por ahora, también el vigente. Pero, incluso en una intención más cortoplacista, también se hubiera dificultado prever en aquel punto de la historia los pasos que el grupo dará en lanzamientos cercanos en el tiempo. Es casi imposible encontrar en Los Beatles de “Can’t Buy Me Love” (1964) a los cerebros detrás de “Tomorrow Never Knows” (1966), salvo, claro, con el beneficio de la perspectiva.
Aun cuando cada año de su período de actividad pueda arrojar varias imágenes distintas e interesantes de la banda, se trata de dar cuenta aquí de cuáles fueron las que emergieron en la prensa argentina —y otros materiales de difusión— en aquella etapa seminal. Remontarse a la infancia de la presencia del grupo en la prensa puede ofrecer fuertes voces disidentes y brindar la riqueza singular e inocente de conocer cómo fueron las primeras aproximaciones a un fenómeno que por entonces —segurísimo— no iba a ser más que una moda pasajera. En este sentido, el año 1964 constituye sin duda el mejor momento para tomar una fotografía y poder eludir, si bien parcialmente, algunas de las miradas justificadamente enamoradas acerca del conjunto.
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Así, y sin tener pretensiones lexicológicas, esta investigación intenta entender cuáles son las formas de decir “Beatles” sin decir “Beatles” en ese preciso instante de esta historia y en un país determinado; cuáles son las estrategias que han seguido una serie de publicaciones para aproximarse y dar a conocer a una banda hasta entonces ignota, desde una latitud postergada y austral. Se trata, en definitiva, de describir cómo un conjunto social, sin poder anticiparlo, dejó de ser virgen de Los Beatles.

Nuestro corpus se halla conformado —primordial, pero no únicamente— por textos de revistas y diarios argentinos que circularon entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 1964. La elección de las publicaciones diarias busca abarcar un amplio espectro que involucre tanto a la denominada “prensa seria” como a la “prensa sensacionalista”. El recorte incluye principalmente a La Nación, Clarín y Crónica, aunque también se ha trabajado con La Razón, La Prensa y El Mundo. En el caso de las revistas, se seleccionaron diversos exponentes en cuanto al producto que suponen, asegurando aproximaciones diferentes respecto a las temáticas del arte, la música y el entretenimiento. Las publicaciones privilegiadas fueron las más generalistas Primera Plana, Leoplán, Atlántida, la edición en español de Life y, más cercanas al mundo del espectáculo, Antena, Radiolandia, Ritmo Juvenil y TV Guía, entre otras. Dentro de este universo, se privilegiaron especialmente los artículos en los que Los Beatles se erigen como protagonistas claros, independientemente de que pudieran ser mencionados al pasar en piezas que no los tomaban como su eje principal.
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Vale la pena aclarar que, hacia 1964, aún no había surgido en Argentina una prensa especializada en el rock ‘n’ roll —era aún primitivo el desarrollo del género en el país—, como sí ya sucedía desde hacía varios años, naturalmente, en mercados como los de Estados Unidos e Inglaterra, con los casos resonantes de Billboard, Cash Box y Downbeat, y de New Musical Express, Disc y Melody Maker, respectivamente. Esto implica que este tipo de música no recibía en las publicaciones locales una atención frecuente y protagónica, encontrando de a poco espacio en revistas que atendían de forma generalista al mundo del espectáculo —con foco en intérpretes locales y en el marco de una mirada que se extendía también hacia el cine, la radio y la TV— y, con aún mayor dificultad, dentro de la prensa diaria, especialmente la considerada “seria”.
No será sino hasta el lanzamiento de JV en 1967 y Pinap en 1968 que comenzó en Argentina el periodismo especializado en rock y “cultura joven”, legado que continuaron más inmediatamente, entre otras, Cronopios (1969), La Bella Gente (1969), Pelo (1970), Mordisco (1974), Expreso Imaginario (1976) y Rock Superstar (1977). La aclaración bien vale para anticipar en qué magnitud y desde qué posicionamientos serán introducidos Los Beatles a los lectores argentinos desde los medios circulantes en 1964.
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En ese sentido, cabe destacar que el soporte principal de difusión de las canciones de Los Beatles fue la radio. La TV también apuntalaba la música popular, especialmente la de artistas locales, pero no parece haber jugado un rol pivotal en la masificación directa de la banda de Liverpool. Los programas radiales de corte musical más populares en 1964 eran Escalera a la fama (producido por Rubén Machado en Excelsior), Escala musical (de Carlos Bayón, en la misma emisora y además con versión televisiva), Wincofonías (conducido por Miguel Fernández Volpe en Splendid) y Una ventana al éxito (liderado por Antonio Barros en Antártida). En la pantalla chica triunfaban, en Canal 7, Ritmo y juventud (del mencionado Machado), en el 9, Sábados continuados (con Antonio Carrizo) y, en el 13, Sábados circulares (de Pipo Mancera) y El Club del Clan (con producción de Ricardo Mejía).
Es momento de sumergirnos en el corazón del fenómeno Beatle en Argentina. Los primeros ecos de sus canciones y la anticipación mediática allanaron el camino para una explosión cultural que transformaría el panorama musical y juvenil del país.
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Damas y caballeros: ¡Los Beatles!
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