Nació en Vietnam, creció en Estados Unidos y lanza una novela sobre migrar y volver a empezar

Ocean Vuong presenta “El emperador de Alegría”, una novela sobre una familia migrante que intenta rehacer su vida en Estados Unidos

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Ocean Vuong y una mirada
Ocean Vuong y una mirada a partir de su experiencia.

El aire huele a grasa requemada y cebolla. En la fila, entre desconocidos extendidos hasta la puerta de cristal empañada, una madre avanza con sus hijas, sin quitarles los abrigos, los tickets arrugados en la mano. En ese espacio suspendido entre el cansancio y la esperanza cotidiana, El emperador de Alegría del escritor Ocean Vuong propone un recorrido por paisajes donde la intimidad y la precariedad se cruzan en gestos mínimos. El techo rojo del local, refugio temporal contra el desgaste de la jornada, se impone sobre la escena: “nuestra especie ha construido una caja con cuatro paredes y un techo y la ha bautizado como HomeMarket, como McDonald’s, Wendy’s, Burger King, Burger Chef, Subway, Panda Express, Pizza Hut”. En esas primeras páginas, el menú no resuelve el hambre profunda ni la intemperie, pero basta una mirada y un susurro para que un instante corriente se transforme en una declaración silenciosa de pertenencia y ternura: “No sé qué quiero”.

La novela de Vuong, definida por su alcance épico y la delicadeza con la que trata el amor y la identidad, construye a través de Hai —el protagonista— un relato de trauma familiar, desarraigo, migración y los persistentes intentos de fundar un hogar en tierra ajena. Las experiencias de Hai se ramifican en una narrativa donde los vínculos familiares se rehacen entre pérdidas, y donde la violencia del exilio convive con la búsqueda obstinada de belleza. En las páginas de El emperador de Alegría, los pequeños rituales domésticos y la práctica de la memoria dan lugar a una épica de lo íntimo: “Se miró las manos, como si pudiese encontrar en ellas una respuesta. Quería decirle a Grazina que el cuerpo era tan solo una pequeña pala idiota que usamos para cavar un túnel a través del tiempo y al final encontrarnos rodeados de vacío y nada más”.

Hai crece en una casa pequeña donde la vida tiene reglas propias. El silencio, el orden de las mantas, la manera de cuidar cada moneda: todo obedece a códigos aprendidos “para no molestar a los vivos ni a los muertos”. La abuela transmite el pulso de la tradición vietnamita. La madre —marcada por el exilio y las horas en trabajos ajenos— alimenta diariamente la esperanza de permanencia bajo el mismo techo. El niño observa la rutina como si fuese una coreografía: “El niño intentó no llorar, porque sabía que el llanto tenía consecuencias en ese lugar donde lo peor que uno podía hacer era hacer ruido en la escala equivocada”.

"El emperador de Alegría", la
"El emperador de Alegría", la ternura del encuentro.

El emperador de Alegría despliega así una trama que va mucho más allá del relato familiar: registra el choque entre la herencia y la reinvención, el duelo de la diáspora y la reconstrucción de una identidad. La convivencia con Grazina, la dueña de la casa, que carga recuerdos de su lituania natal, convierte la memoria en un juego de supervivencia. “Ella yace por toda la casa, apretándose un costado, su albornoz azul ondeando por las habitaciones cada vez que muere. Es como si él apuntara a distintas partes del cielo, salvo que siempre termina dándole a una abuela”. La violencia y la ternura se alternan, así como los idiomas, los recuerdos y los afectos que dan sentido a la experiencia migrante.

El entorno —el suburbio, el patio de desguace, las hileras de casas idénticas— funciona casi como otro personaje, atravesado por los ecos de guerras pasadas y la precariedad cotidiana. Alegría Este, la comunidad imaginada, es descrita como “la huella de muchos antiguos nombres y muchas historias”. Quien llega allí busca un refugio, o por lo menos un sitio donde contar su origen. “Si vas hacia Alegría y te pierdes, darás con nosotros. Y es que nos llamamos Alegría Este. Alegría en sí misma ya no existe, le cambiaron el nombre por Millsap hace casi un siglo”.

Ocean Vuong, gay, inmigrante y
Ocean Vuong, gay, inmigrante y polémico.

La novela de Vuong combina imágenes de ternura y resistencia: la abuela enseñando a hervir sopa y a rezar, la madre compartiendo un descanso ínfimo, los niños recordando la luz de otro continente. “La sopa humeaba, olor a hierbas frescas, y por un instante, podían imaginar el soplo del monzón sobre los campos. La voluntad de cuidar lo vulnerable sostiene la narrativa: “Uno cuida lo que teme perder. Uno nombra lo que ama para que no se lo lleve el tiempo”.

El cierre retiene la imagen de Grazina y Hai después de todo, compartiendo un trozo de pan sin palabras, porque las palabras se quedan cortas cuando sucede la alegría de estar juntos después de todo.

Ocean Vuong nació en Ciudad Ho Chi Minh, Vietnam, en 1988.

♦ Es poeta, novelista y ensayista.

♦ Su familia emigró a Estados Unidos cuando él tenía dos años. Se formó en literatura inglesa en The College of Brooklyn y realizó estudios de posgrado en la Universidad de Nueva York.

♦ Entre sus principales libros se cuentan los poemarios Burnings (2010), No (2013), Cielo nocturno con heridas de fuego (2016) y las novelas En la tierra somos fugazmente grandiosos (2019) y El emperador de Alegría (2025).

♦ Fue reconocido con la beca Ruth Lilly/Sargent Rosenberg (2014), el Premio Whiting (2016), el Premio T.S. Eliot (2017) y la beca MacArthur (2019).

♦ Actualmente reside en Massachusetts y enseña en la Universidad de Massachusetts en Amherst.

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