Una batalla tras otra es el estreno de la semana en la repleta cartelera de los servicios de streaming que han puesto patas para arriba a la industria del cine global ¿Por qué? Es la nueva película de Paul Thomas Anderson, uno de los realizadores más relevantes de este siglo -by the way, ya hemos atravesado un cuarto de este siglo-. Y está protagonizada por Leonardo Di Caprio, una superestrella de Hollywood (no hace falta decirlo, ¿o sí?), acompañado por un sólido elenco en donde brillan con luz propia Benicio del Toro, Sean Penn -ninguna novedad, por cierto- y las intensas actrices afroamericanas Teyana Taylor y Regina Hall.
El especiado de grand prestige para una superproducción de este tipo está dado por el pedigrí de la novela en la que se basa (libremente): Vineland, publicada por el enigmático y elusivo Thomas Pynchon, “un libro no escrito para superar un bloqueo; no es congestionado, ni entrecortado, ni rígido; de hecho, es fluido, ligero, divertido y quizá el texto más accesible que haya escrito el viejo Hombre Invisible", según escribió en su reseña para The New York Times un tal Salman Rushdie en enero de 1990.
Y con el siguiente remate: “Y a medida que Thomas Pynchon dirige su atención a las pesadillas del presente en lugar del pasado, su estilo se vuelve más ligero, más divertido, más letal. Y lo más interesante de todo esto, es ese mencionado indicio de redención, porque esta vez la entropía no es el único contrapeso al poder; se sugiere que la comunidad podría ser otro, así como la individualidad y la familia. Estos son los valores que la era Nixon-Reagan robó de los años 60 y distorsionó, devolviéndolos a Estados Unidos como armas de control. Son valores que Vineland busca recuperar, recordando lo que significaban antes de que se les arrojara suciedad por encima".

Volviendo a la película: su principal atractivo es que desafía los límites del cine contemporáneo y expone, con crudeza y humor negro, las tensiones sociales de Estados Unidos en el presente. Para eso se sumerge en una trama donde la violencia, la paranoia y la sátira se entrelazan para retratar un país marcado por la agitación política, la xenofobia y la crisis migratoria. Suena a radiografía de este momento, ¿no?
Por cierto, en los minutos finales, la película se permite un giro hacia la ternura, tras un recorrido de dos horas y media en donde la comedia y el thriller paranoico se fusionan en una narrativa desbordante, potenciada por la extraordinaria banda de sonido compuesta por el músico inglés Jonny Greenwood, integrante y cerebro creativo de Radiohead nada menos.
La presencia de Leonardo Di Caprio y Teyana Taylor como pareja militante contra las deportaciones masivas, junto a un Sean Penn caricaturesco en el papel de un coronel del ejército, conforma el triángulo central de la historia. Dieciséis años después del inicio, el relato muestra al personaje de Di Caprio y a su hija adolescente envueltos en una trama que conecta las redadas de inmigrantes ilegales, las ínfulas supremacistas del militar y la paranoia constante del protagonista, quien aparece como una versión renovada, paranoica y anfetaminizada, de The Dude, el icónico personaje de Big Lebowski que compuso Jeff Bridges en el clásico de culto de los hermanos Joel y Ethan Coen.

Entre los disparates que Pynchon imaginó y P. T. Anderson plasmó en imágenes y relato, está el ficticio “Club de Aventureros de Navidad”, una organización supremacista blanca que deja de ser una simple caricatura para convertirse en una amenaza latente sobre el presente estadounidense. En este marco, la disfunción padre-hija se convierte en un eje temático relevante, enlazando la crisis contemporánea de la separación de niños migrantes en la frontera con México y las redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE). Anderson logra articular estos elementos con una comedia sombría, donde la violencia se presenta como única salida y la ironía se filtra en cada escena.
En este contexto, brilla Benicio del Toro como un profesor mexicano de artes marciales, siempre acompañado de una cerveza, y que se revela como uno de los hallazgos del filme. La película oscila entre la sátira y el drama, retomando las ideas de Pynchon sobre contracultura y revolución. Los personajes repiten como mantra los versos del poeta afroamericano Gil Scott Heron y su célebre canción-manifiesto que marcó la contracultura estadounidense de los años 60: “La revolución no será televisada: No podrás quedarte en casa, hermano / No podrás conectarte, encender y evadirte / No podrás perderte en la heroína y salir por cerveza durante los comerciales / Porque la revolución no será televisada”.
Tal vez sea cierto que la revolución no será televisada, pero al menos Una batalla tras otra -una revolución para el cine en 2025- ya se puede ver en el televisor (o la pantalla disponible a mano), a partir de esta semana y hacer, entre preparativos de fiestas y el acelerón de diciembre, más pasable esta época del año.
[Fotos: Warner Bros. Pictures]
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