
La idea de que la fotografía es el arte “que lidia con el tiempo” y “lo desafía, lo fija y a veces también lo mata” que la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide expuso al recibir el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025 en España se materializa en Fijar el tiempo, la exposición de la artista en Ciudad de México que estará abierta hasta el 8 de febrero de 2026.
A sus 83 años, Iturbide reafirma, con estas 69 imágenes en blanco y negro -expuestas en el Palacio Iturbide-, su carácter como una de las artistas más influyentes de América Latina, y en cada una de ellas se demuestra la capacidad de la cámara para inmortalizar instantes.
“Lo único que mata a la muerte es la fotografía, porque se muere la gente, y su fotografía queda. Es una frase que me impresiona mucho. Para mí lo que pasa en el país y en otros países es una emoción muy grande”, afirmó Iturbide citando al poeta francés Jean Cocteau, tras un recorrido por la muestra curada por Juan Coronel Rivera.
Esa emoción por inmortalizar lo que habita en el mundo se observa en cada rincón de la exposición, la cual sorprende desde su inicio con Retrato de boda (1961), una imagen en la que aparece una Graciela joven y a color con un sapo en la cabeza, este último dibujado por el pintor Francisco Toledo (1940-2019).

En esta sección de bienvenida, se incluyen otros autorretratos tomados en los episodios más difíciles de la vida de la artista, como Ojos para volar (1989) o Autorretrato con serpientes (2006), este último capturado tras el fallecimiento de su hija Claudia, a quien, con poesía e imaginación, ha retratado en forma de ángel o de ave.
Este viaje por la obra de Iturbide permite al público visitar el México más profundo y onírico, como el desierto de Sonora, los mercados de Juchitán en Oaxaca, la fe irredenta en la frontera de Tijuana y también el caos inmóvil de la India, Suiza, Japón o Estados Unidos.
Iturbide y la naturaleza
Iturbide recuerda con cariño su trabajo, por ejemplo cuando en Mujer Ángel (1979) el desierto “le regaló una foto” que nunca tomó, ya que fue su cámara la que se disparó por accidente. Actualmente, esa foto es uno de los íconos más representativos de su colección.
Pese a ello, admitió que “ya chole (basta), porque ya las he presentado muchas veces, por eso ahora estoy revisando mi archivo para poder hacer una nueva exposición”.

Inspirada eternamente por el clic de su cámara analógica, la alumna del maestro Manuel Álvarez Bravo confesó que se está dejando atrapar por los objetos y la naturaleza, un camino similar al que persiguió su colega el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado (1944-2025) en la última etapa de su vida.
“Acabo de ir a las Islas Canarias y estuve en Lanzarote y pude fotografiar la lava, los cactus: el fin y el principio del mundo. Me emocionó mucho y quisiera seguir trabajando con todo eso”, explicó.
Con humildad, la artista dijo desconocer el volumen de su archivo fotográfico, aunque reconoció que le gustaría preservarlo para que sirva de “testimonio” de lo que ha sido México.
“(El archivo) me encantaría dejarlo en México, pero desafortunadamente no hay lugares ya, (la ciudad de) Pachuca está llena. No hay nuevos archivos. Mientras tanto, mi archivo está en la casa, y vamos a ver en qué lugar lo puedo colocar”, sostuvo.
Fuente: EFE
[Fotos: EFE/ Isaac Esquivel y archivo]
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