
“Me parece que David Fincher y yo somos los dos mejores directores”, afirmó Quentin Tarantino en una reciente conversación, al referirse a la decisión de ceder la dirección de la secuela de Había una vez en Hollywood a Fincher. Para el cineasta, el hecho de que otro realizador de su talla quiera adaptar su obra representa un reconocimiento a la seriedad de su trabajo, una valoración que, según sus palabras, “debe ser tenida en cuenta”. Esta declaración, recogida en el podcast The Church of Tarantino y citada por The Guardian, no solo revela la confianza de Tarantino en su legado, sino que también introduce una de las cuestiones más debatidas entre críticos y aficionados: ¿cuál es la mejor película de Tarantino? El propio director, a sus 62 años, ha decidido responder a esta pregunta, desglosando su filmografía desde una perspectiva personal y profesional.
Durante su intervención en el pódcast, Tarantino identificó a Bastardos sin gloria (2009) como su obra más lograda, calificándola directamente como su “obra maestra”. No obstante, distinguió entre excelencia técnica y preferencia personal, al señalar que Había una vez en Hollywood (2019) ocupa el lugar de su favorita. La complejidad de su relación con su propio cine se acentúa cuando se refiere a Kill Bill: “Creo que Kill Bill es la película definitiva de Quentin, nadie más podría haberla hecho. Cada aspecto está extraído, como con tentáculos y tejido sangriento, de mi imaginación, mi id, mis amores, mi pasión y mi obsesión. Así que pienso que Kill Bill es la película para la que nací”. Esta triple distinción —obra maestra, favorita y destino creativo— ilustra la manera en que Tarantino evalúa su trayectoria, diferenciando entre logros artísticos, afinidad emocional y expresión personal.
El análisis de Tarantino sobre su propio trabajo no se limita a la dirección. Al abordar el tema de los guiones, el cineasta sostuvo que “Bastardos sin gloria es mi mejor guion, y creo que Los 8 más odiados y Había una vez en Hollywood le siguen de cerca”. Sin embargo, introdujo un matiz relevante al considerar que Los 8 más odiados representa su mejor labor como director al servicio de un material ya consolidado: “Hay un aspecto de Los 8 más odiados que probablemente sea mi mejor dirección de mi propio material, es decir, el material está escrito y es sólido. No tengo que crearlo, como en Kill Bill; está ahí y creo que es mi mejor servicio a mi propio material como director”.

La decisión de no dirigir la secuela de Había una vez en Hollywood, titulada Las aventuras de Cliff Booth y producida para Netflix, responde a una reflexión sobre el sentido de su carrera. Aunque Tarantino permanece como guionista y productor, explicó que declinó la dirección porque no deseaba que su última película fuera una secuela. “Me encanta este guion, pero sigo recorriendo el mismo terreno que ya he pisado. Simplemente me desanimó. En esta última película, tengo que volver a no saber lo que hago. Debo estar en territorio desconocido”, argumentó en el pódcast citado por The Guardian. Esta necesidad de explorar lo inédito se alinea con su convicción de que la creatividad auténtica surge del riesgo y la incertidumbre.
La idea de un retiro tras su décima película ha sido reiterada por Tarantino, quien sostiene que “la mayoría de los directores tienen películas finales horribles”. Esta autolimitación, lejos de ser un gesto de modestia, parece responder a una estrategia para preservar la integridad de su obra. En este contexto, el director reveló que antes de abordar su último largometraje, estrenará una obra de teatro en el West End de Londres en 2026, lo que sugiere una transición temporal hacia otros formatos narrativos.

Durante años, se especuló que su despedida del cine sería con The Movie Critic, un proyecto que habría contado con Brad Pitt en el papel de un crítico cínico en la California de 1977. Sin embargo, en 2024, Tarantino descartó definitivamente esta idea, confirmando en The Church of Tarantino que abandonó el proyecto por considerarlo demasiado similar a trabajos previos. “No me entusiasmaba dramatizar lo que había escrito en la preproducción, en parte porque estaba usando el conjunto de habilidades que aprendí en Había una vez en Hollywood: ‘¿Cómo vamos a convertir Los Ángeles en el Hollywood de 1969 sin usar CGI?’ Era algo que teníamos que lograr. No era seguro que pudiéramos hacerlo… En The Movie Critic no había nada que resolver. Ya sabía, más o menos, cómo transformar LA en una época anterior. Era demasiado parecido a la última”.
Desde su debut con Perros de la calle en 1992, Tarantino ha escrito todos los largometrajes que ha dirigido, y solo ha realizado una secuela, Kill Bill: Volumen 2, aunque considera ambas partes como una sola película. Su negativa a repetir fórmulas y su búsqueda constante de nuevos desafíos creativos marcan el cierre de una etapa y la expectativa sobre cuál será el desenlace de su filmografía.
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