
A fines de 2023 recibí un mensaje de Rocío Gómez Cantero en el que me invitaba a reunirnos para hablar de un proyecto teatral en base a un suceso personal. Nos encontramos en un café de Parque Saavedra. Ahí Rocío empezó a contarme algo que le pasó y con lujo de detalles: antes de la pandemia había viajado como productora de una compañía de teatro de títeres a un festival en Charleville-Mézières, Francia. Todo era soñado y espectacular. Había ido con su mamá y su hija, alquilaron un departamento con la compañía y todo marchaba sobre rieles. Mientras Rocío avanzaba con el relato comencé a impacientarme, no entendía si aquello había terminado bien o mal. Interrumpí el relato y ahí me dijo: “Terminó mal. Mi mamá se murió”. Seguí escuchando con más calma las circunstancias de todo aquello.
A partir de ahí empezamos a trabajar. Había un profuso archivo, ideas de puesta en escena, un equipo posible. Yo dudaba bastante sobre cómo adentrarme en esa historia tan íntima y ajena, de alguna manera era lo opuesto a lo que venía trabajando en el último tiempo.
Durante 2024 ensayé una primera escritura. Ya contábamos con Carolina Saade (una actriz muy admirada, dueña de una voz preciosa) para llevar el relato y con Gerardo Porión, que no solamente es titiritero, sino que también estuvo compartiendo con Rocío la situación (al principio feliz, luego traumática) de Charleville-Mézières. Esa primera escritura no me convencía: era mucho más documental de lo que terminó siendo Menos detalles. Ya tenía ese título, pero la escritura no se definía por un camino o por el otro: o el de los datos biográficos documentales o el del recorte que una narración escénica pueda hacer para configurar otra cosa, alejada de la historia original. Todo lo documental me producía una duda infinita. No quería ser impúdico, es algo que por lo general me aleja del documental escénico o audiovisual.

Decía que a fines de 2024 no estaba encontrando la forma de la obra, me sentía inapropiado para el proyecto que, en mi cabeza, estaba a punto de naufragar. Podía renunciar o barajar y dar de nuevo. Y ahí fue que la fantasía, el humor y la música encontraron su lugar en la obra.
Fue importante la decisión de que Menos detalles sea una obra en la que las palabras fueran las mínimas e indispensables. Apoyarnos en la experiencia de Gerardo Porión en el teatro de objetos y armar equipo con él, Paola Delgado (en el diseño de arte y vestuario) y Fernando Berreta (en el diseño de iluminación). Ese trío configuró la identidad visual de la obra en base a experimentos que nos conectaban con el principio de las narraciones cinematográficas. Animar lo inanimado, la ilusión del movimiento. El teatro de objetos es para mí un mundo desconocido y por lo mismo, completamente estimulante.
No fue hasta que hicimos las canciones que la obra arrancó en mi cabeza. Hace casi diez años que trabajo con Pablo Viotti haciendo canciones y desde que empezamos a colaborar siento que funciono con tracción a canciones. De alguna manera son el engranaje fundamental. Hicimos muchos proyectos, muy distintos, y en cada uno el deseo de las canciones les dio un impulso que no encontraría de otra manera. En Menos detalles hay al menos tres y también está llena de música de Viotti.

En la última etapa se suma Milva Leonardi en el diseño de movimiento, lo que nos faltaba para que amalgama sea lo más feliz posible.
En esa reescritura con menos datos y menos palabras, el eje no es tanto los sucesos sino la imposibilidad de contarlos. No es el duelo por una pérdida inesperada sino la falta de escucha y lo que le pasa a la protagonista cuando queda sola con esa historia a cuestas. Menos detalles no ofrece mucha información concreta, lo único que sí se dice es que todo ocurrió en un festival de marionetas en Francia. El trabajo de puesta en escena estuvo centrado en lo no dicho, en imágenes que transmiten ese clima alucinado del dolor en el que también se involucra la comedia y, especialmente, la música. Los objetos animados fueron apareciendo: un alien, un avión, un gato negro, un médico sexy y francés, etc.
Ahora que estrenamos sabemos que Menos detalles es un cuento triste y breve cuyo epicentro no es la anécdota truculenta sino el silencio por no encontrar quien sea capaz de escuchar con lujo de detalles las circunstancias, a veces cómicas y otras alucinadas, de presenciar la partida de un ser querido. Y toda la obra es esa repercusión subjetiva, todo lo que pasa cuando esa frase (“menos detalles”) llega a los oídos de la protagonista.
* “Menos detalles”: Miércoles a las 20:30 horas en El Galpón de Guevara: Guevara 326 (Chacarita, CABA). Entradas acá. Hasta el miércoles 27 de agosto
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