
El sábado 1 de febrero estuve en la marcha antifascista. Una marcha multitudinaria.
El gobierno amenazó a la izquierda. Les dijo que tiemblen porque los iban a ir a buscar hasta el último rincón del planeta. El gobierno atacó al colectivo LGBTIQ+I. Los trató de pedófilos y amenazó con quitarles los derechos adquiridos. Nada nuevo, un gobierno de extrema derecha que ataca a los comunistas y a los homosexuales.
Pero hubo una asamblea, en Parque Lezama, del colectivo LGBTIQ+, y convocaron a una marcha.Y hubo marchas antifascistas, antirracistas, multitudinarias en las ciudades y pueblos de todo el país. La marcha fue el sábado 1 de febrero. El domingo 2 estrenamos Los habitantes.
Los habitantes es una miniserie contada por un actor. Los habitantes son un grupo de muertos que pueden ingresar en el mundo de los vivos.
Planteamos que cuando se produce una muerte colectiva, una matanza, algunos muertos pueden ingresar en el mundo de los vivos, interactuar. Pueden ingresar en los cuerpos, pueden habitar. Los habitantes tiene un origen audiovisual. Fue un guión de cine. Fueron guiones para una miniserie. Fue una serie con varias temporadas. Durmió años dentro de un cajón.

Desde el principio estaban los muertos que buscan justicia, que combaten un orden violento. Había una familia que había sido asesinada. Un matrimonio con un hijo. El hijo, muerto, descubrió que podía ingresar en el cuerpo de los vivos, que podía habitar, y les enseñaba a sus padres a hacerlo. Ellos investigaban su propio crimen.
Macbeth, en el tercer acto, se enfrenta al espíritu de Banquo, a quien él mandó a matar y dice: “Hubo un tiempo en que, saltados los sesos, el hombre moría, y ahí terminaba todo. Pero ahora los muertos resucitan con veinte heridas en la cabeza y nos arrojan de nuestros asientos”.
Los habitantes eran los muertos que interfieren en el mundo de los vivos. Los que luchan contra la injusticia, la brutalidad, la impunidad de los asesinos poderosos.

La historia inicial sucedía en 1955, en Argentina. Luego, trabajamos la posibilidad de que hubiera habitantes en otras situaciones de matanzas, otros lugares , otras épocas, y que pudieran relacionarse entre sí. El proyecto circuló. Hubo reuniones, entusiasmo, críticas. Gustó, pareció caro. Hubo promesas y rechazos, ilusiones y decepciones. Fue casi olvidado y durmió en un cajón.
Hasta la pandemia. Joselo Bella hizo una propuesta. Hacer una obra de teatro, un unipersonal con Los habitantes. Me pareció algo remoto e impensado por las características fantásticas de la historia, la cantidad de lugares, escenas y personajes. Pero remota e impensada era nuestra situación en pandemia. La humanidad entera estuvo un año y medio al borde de la muerte. La cuarentena. El miedo a morir. El miedo al otro. De la pandemia surgió algo existencial. De ahí surgió este proyecto de Los habitantes.

Me preguntaba qué teatro íbamos a hacer después de que la maquinaria teatral se frenó durante tanto tiempo. Hubo algo de lo impensado del proyecto, de lo incierto, que nos fue llevando hasta que la obra adquirió su forma. Un actor que cuenta la miniserie, con el lenguaje del guión. Con recursos mínimos. Un actor que busca evocar y dar vida en el escenario a la historia de Los habitantes.
En la obra que estrenamos con Joselo Bella el 2 de febrero en el Espacio Callejón contamos el comienzo de Los habitantes. El primer habitante aparece en Rusia, en 1903, durante un pogrom, Isaac Shemtov, un carpintero judío asesinado por los cosacos.
La historia sigue en España, en 1936, en Madrid, durante la Guerra Civil Española. Los hermanos Justo, republicanos, son asesinados por soldados falangistas, y van a habitar para intentar salvar a sus amigos Federico García Lorca, Carmen Luna y Antonio Machado. Van a enfrentarse con los falangistas, los soldados del general Franco.

Queipo de Llano, general franquista, en un discurso en la radio, dice, “Los comunistas merecen ejemplares castigos y yo he de imponerlos de tal modo que hagan época. Si algún afeminado, algún invertido, se dedica a lanzar infundios alarmistas, no vacileis en matarlo como a un perro o entregadmelo a mí, que yo se lo pegaré.”
Dice Carmen Luna: “Quiero contarles que en este viaje a Madrid lo que veo es que el fascismo avanza, y sólo veo sangre. Hay asuntos con el filo de un cuchillo y son urgentes: si no salimos a la calle a plantar cara a todos los fascistas, los ultras, los violentos, ellos avanzarán rodeados del silencio de los tibios. Necesitamos y es urgente que nos vean, que nos tengan enfrente. Pongamos el cuerpo y la voz contra ellos.”
Un millón de personas pusimos el cuerpo y la voz el 1 de febrero, para frenar el avance sobre los derechos a amar y a pensar como a cada uno le parece. Quedó claro.
* Co autor y director de Los Habitantes, que se presenta los domingos a las 21 hs. en el Espacio Callejón (Humahuaca 3759, C.A.B.A.).
[Fotos: prensa Los habitantes; archivo Infobae; Jaime Olivos]
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