“El arte es salvador y curativo –dice Edgardo Giménez–. Pienso que es así porque alcanza lugares adonde otras cosas no llegan. Te llega al alma, te pone de buen humor, que es lo importante”. Y agrega que le gusta toda la música, “todo lo que estimule, a favor de estar vivo, eso es lo que más me interesa”, dice en la tarde húmeda del viernes. Esta semana, bajo intensas lluvias, terminó de instalar el gran monumento circular y multicolor que se levanta en medio de la pista del Hipódromo de San Isidro, transformado hasta el domingo en sede de la novena edición del Lollapalooza.
Su Volcán de la Felicidad –así denominó a la obra que creó especialmente para esta ocasión– mide catorce metros de alto y sus colores estridentes contrastan contra el cielo desde cualquier punto del predio y ante cualquier variante climática. El artista la define “como un juguete enorme”, que va mutando con el transcurso de las horas, promete “una excitación continuada” y culminará al anochecer con un estallido de llamaradas, chisporroteos, humo rosa y una banda de sonido que incluye truenos, especialmente grabada para acompañar todo ese accionar. Siempre con el propósito de mantener la atención del público masivo y sobre todo juvenil de este megaevento musical.
El volcán se sostiene sobre una estructura metálica recubierta de una lona ignífuga que impide la propagación del fuego, a la vez que resiste los embates del agua y el viento, que no dieron tregua durante el montaje. La obra ocupa el mismo espacio donde hace dos años Marta Minujín presentó dos esculturas inflables que llegaron a los diecisiete metros de altura.
“Uno tiene que salir a seducir al público porque nadie te lleva el apunte si no lo seducís” –declara Giménez, recordando otros hitos de su carrera que acapararon las miradas como ¿Por qué son tan geniales? (1965), el poster-panel que instaló junto a Dalila Puzzovio y Carlos Squirru en la esquina de Florida y Viamonte.
Giménez cuenta que concibió al Volcán… como una propuesta divertida y alegre, con la que quiere que el público disfrute e interactúe “de la manera que se le dé la gana”. Se trata de la obra más monumental que ha realizado hasta el momento, seguida de cerca por Monumental Moria, la estatua de cuerpo entero representando a la actriz Moria Casán que exhibió en la muestra El espíritu pop en el Museo de Arte Contemporáneo MAR, de Mar del Plata, desde su apertura a fines de 2013 hasta mediados del año siguiente. “Nunca hago las cosas como me las piden, sino que a esas cosas que me piden las paso por mi filtro”.
—¿Cómo te inspiraste para crear este volcán?
—Me llega como un dictado, soy un tipo que tiene una gran imaginación. La gente viene porque el programa es bueno y yo acompaño ese bienestar con mi volcán, el Volcán de la Felicidad.
—¿Y por qué un volcán?
—Me gustó la idea, que puede llegar a ser una cosa dramática, pero no es la misma cosa que el volcán que te destruye y arrasa con todo, este arrasa [solo] con tu malestar.
—Contanos sobre los colores que elegiste, que conservan el estilo Lollapalooza.
—Es el estilo de Edgardo Giménez para el Lollapalooza. Lo que tiene este festival es una convocatoria de público muy numerosa, son tres días intensos. Es importante que el arte no esté solamente en las galerías y en los museos, que el arte esté en la calle y que te busque a vos, sin que vos tengas que ir a buscarlo. Me pone muy contento que la obra tenga una llegada a a gente que por primera vez está en contacto con este tipo de lenguaje.
Con sus juveniles 82 años, el artista que integró la vanguardia del Instituto Di Tella en los años 60, cuenta que el domingo planea venir a Lollapalooza como visitante. Y a manera de conclusión, sostiene que “lo interesante de esto es que no hace falta una preparación previa [porque] el pop es un arte directo, es lo que es y lo que significa”, características que sin duda comparte con la música que suena en los escenarios del festival.
El artista propone diversión a través de su trabajo. “Los argentinos necesitamos con urgencia empezar a pasarla bien”. Aparte, agrega, “como cantaba Tita Merello: ‘La vida es corta / y al pasarla a té de tilo /, preocupado y con estrilo / me parece que es atroz’. Coincido plenamente con ella”.
[Fotos: Franco Fafasuli]
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