
“Soy del 63, como Fito”, dice Gisela Riquelme y suelta una carcajada. Acaba de llegar a su casa, en Monte Grande; había salido a hacer unos trámites. Al llegar, se da cuenta que no hay luz. A esta altura del año, son muchísimas las localidades argentinas que sufren cortes de luz. No se desanima. Ahora, en esta conversación con Infobae Cultura, se olvidará del calor y se concentrará en lo que más le gusta, en lo que la motoriza, en lo que la salva: el arte.
Gisela Riquelme es artista plástica desde que tiene uso de razón. Su papá era litógrafo, tenía una pequeña imprenta. Y pintaba: hacía arte abstracto. Se llamaba Roque Riquelme. “En el colegio decía: mi papá es abstracto”, y vuelva a reír. Hace poco encontró un dibujo de cuando ella tenía doce años. “Increíble pero en ese entonces ya era surrealista. Después me empecé a hacer la artista pop”, recuerda.
Nació en Barracas y creció en Almagro. En mi casa, el arte siempre estuvo, también la música. Tuve acceso. Mi papá y mi mamá me dieron las herramientas”, dice. Desde donde habla, en esta charla, Monte Grande, vive hace más de treinta años. De todos modos va y viene. “Me la paso en Capital porque todas las movidas, todas las exposiciones son allá”, asegura.

En noviembre pasado, recibió una verdadera novedad: quedó seleccionada para participar de la XIV Bienal de Florencia. Allí se darán cita, según los números de la edición anterior, más de 450 artistas y diseñadores de 71 países y más de 10 mil visitantes. “Lo hice sin pensar. Estaba abierta la convocatoria. Había que mandar un mail con obras. Lo hice para medirme, para probar, qué tal mi obra, si gustaba; fue simplemente eso. Me respondieron en la misma semana”.
La Bienal se llevará a cabo en Italia, del 14 al 22 de octubre de este año, pero hay que contar con los recursos económicos. “Con una situación económica complicada es bastante difícil. Necesito pasaje y estadía. Tengo que conseguir sponsor, varios, un poquito de cada uno”. En total, son cuatro las argentinas seleccionadas: Vanesa Román, Claudia Diéguez, Patricia Maiolino y Gisela. “Estamos todas en la búsqueda, nos agrupamos, trabajamos en equipo”.

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Estudió en el Instituto Vocacional de Arte Manuel José de Labardén y en la Escuela Superior Prilidiano Pueyrredón, además de cursos y talleres. Ilustró tres libros, ganó el primer premio latinoamericano en la muestra Por los derechos de la Mujer, en contra de la violencia de género, en Cali, Colombia. Participó en más de cien exposiciones, una de las últimas la hizo en conjunto con Vanesa Román. Fue el año pasado en el Hotel Dazzler de Retiro. Le pusieron Román Riquelme.
Hoy se la pasa pintando. Murales particulares, por ejemplo: hizo varios para el Gobierno de la Ciudad, en los puestos de Plaza Italia, en el hospital materno-infantil de Mar del Plata. También vende sus obras, sobre todo por internet. “En Instagram o en Facebook ven algo publicado y me preguntan por privado”. Una de esas obras, llegó a Nueva Zelanda. Alguien de acá le compró un cuadro para regalarle a alguien que vive allá. Hasta ese rincón del mundo llegó su arte.

“Siempre di clases en mi casa, también en jardines, porque soy maestra de jardín maternal, aunque ya no ejerzo”, cuenta y se ilusiona con reabrir un taller para adultos mayores que tenía en Temperley y concluyó por la pandemia. “Muchas señoras de setenta para arriba. Podían llegar quejándose del dolor, de la humedad, y empezaban a pintar y se transformaban y se transportaban. Los diálogos y las risas: eran jóvenes. No por nada se dice que el arte sana y salva”.
“Después tengo emprendimientos artísticos, un poco de todo. Sí, digamos que vivo del arte”, confiesa. ¿Cómo se define? Mi estilo es surrealista, son locuras mías que salen de mi mente en cualquier momento del día. Más allá de expresar un sentimiento personal o una vivencia, baso mis obras en temas de rock nacional. Soy muy fan de Charly, de Cerati. O tienen el título de un tema o un aparte de la canción”, cuenta.

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De poder viajar a Florencia, tiene que elegir una obra. Como sus trabajados son de dimensiones grandes, debe escoger una. Está entre dos. Llevan por título referencias a Charly García. Una es Pasajera en trance. La otra, Amor sagrado, es por “Rezo por vos”, la canción que compusieron García y Luis Alberto Spinetta en 1985. Gisela se deja llevar por la letra y la canta: “Y curé mis heridas y me encendí de amor, de amor sagrado”.
Sus referentes, sus próceres del arte son Salvador Dalí y Yayoi Kuzama. Son inspiraciones, pero su camino va por otro lado: es una búsqueda personal que ahora tiene la oportunidad de llegar a Italia. “Hasta el 30 de abril tengo tiempo para confirmar. Algunos ya contestaron que no. Pero nosotras, que nos estamos moviendo en equipo, queremos ir”, asegura con una sonrisa y un brillo en los ojos que, aunque no se vea a través del teléfono, se percibe.
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