
Un thriller en donde la violencia de género dispara un sentido de sororidad, venganza y sanación son los elementos centrales de Hékate, de Nadia Benedicto, que se estrena hoy en el Complejo Gaumont.
Protagonizada por Rosario Varela, Sabrina Macchi, Federico Luisi y Julieta Brito, el segundo filme de Benedicto, luego de Interludio (2016), cuenta la irrupción fortuita de una paseadora de perros en la vida de una mujer sometida por su pareja.
Un incidente y el viaje en busca de la reparación frente al dolor funcionan como el empoderamiento necesario de las mujeres frente al abuso, en la senda del significado del nombre Hékate, diosa griega de la antigüedad que también le da identidad a la película.
“Hékate fue venerada como la madre y guía de las brujas, con el tiempo la Iglesia se fue ocupando de demonizarla y ocultarla -explica la directora-, justamente por esta invisibilización me interesó ponerle ese título a la película, para que podamos volver a conectar con su fuerza y su poder”.
–¿Cómo se generó el proyecto?
–Toda familia tiene su historia y sus nudos y mi rama materna estuvo fuertemente condicionada por violencias y maltratos. Yo crecí sin saber nada porque nunca se habló de eso, pero luego de realizar un intenso trabajo terapéutico, me encontré con muchas más piezas del rompecabezas en su lugar, la comprensión de un montón de situaciones que hasta entonces me era difícil entender y con la necesidad muy fuerte de sacar eso de adentro. Y bueno, me senté a escribir el guion.
–La violencia de género atraviesa a las protagonistas, pero cada una toma una posición diferente. ¿Cómo fuiste construyendo la historia y la puesta para abarcar las distintas posturas de las víctimas?
–Me interesaba que cada una traiga un punto de vista distinto. En este sentido la figura de Hékate, que atraviesa todo el relato desde diferentes ángulos, juega su papel aquí también, pues ella era una diosa tríptica: la madre, la anciana y la niña. Y de alguna manera cada uno de los personajes femeninos encarnan estas tres generaciones: en el caso del personaje de Rosario Varela, Kira, habiendo perdido a su madre luego de que estuvo muchos años con un maltratador, su furia y deseo de venganza están enquistados porque no pudo hacer nada con eso. El personaje misterioso que aparece sobre el final de la película representaría a la anciana, de otro tiempo, como portadora de la sabiduría de alguna manera la conduce hacia allí a la víctima más explícita, la Helena que hace Sabrina, pero como representante de este otro tiempo creo que su resolución es notablemente más cruda también y el dolor, al igual que en Kira, continúa enquistado. Ahí es donde aparece Helena, la niña, a aportar una nueva vía posible: la posibilidad de purgarse del dolor ante todo y luego en una suerte de transe poder disolver la situación, de manera más compasiva si se quiere.
–El relato puede encuadrarse también dentro de las películas sobre la venganza. ¿Cuáles son los referentes que tenés sobre el subgénero y cómo llegaste a esa síntesis que no empaña la cuestión de la violencia de género?
–Confieso que nunca pensé a la película como una película de venganza. Si tuviese que pensar en un referente creo que sin dudas sería Kill Bill, pero en este caso, creo que el motor de la película es otro, pues Helena no sabe qué hacer a lo largo de todo el viaje hasta el final, en ningún momento la venganza motoriza su recorrido. Primero debe recomponerse, salir de ese estado anestesiado, soltar toda esa carga que le pesa, más que qué hacer con él, mi búsqueda estuvo puesta en ella: ¿cómo hace ella para salir de allí? Y ahí es donde la aparición de los otros personajes femeninos son claves también, creando esa alianza y encontrando la fuerza allí.

–¿Cómo fue la elección de los personajes y cuáles fueron las premisas que transmitiste en función de lo que querías contar?
–Para la elección de cada uno de los personajes hubo una instancia de casting y aparecieron Sabrina Macchi, Rosario Varela, Federico Liss y Julieta Brito, quienes tuvieron una química de trabajo impresionante y lograron darle un tono a la actuación que creo que es muy acertada en esta película, pues maneja mucha sutileza y crudeza a la vez. Las premisas se fueron compartiendo en varias instancias de ensayos previos, sabíamos que era una película de poco diálogo, salvo al comienzo, así que fue muy importante filmar todo el inicio de la película al principio, así cuando los personajes salen de viaje, ya van con toda la carga y la información necesaria y pueden construir desde allí.
Fuente: Télam S.E.
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