
I
Son pocos los datos biográficos disponibles de Ernst Würtenberger así como también sus obras en museos. Sin embargo, en ellas se rastrea una sensibilidad, una forma de mirar el mundo que permite adivinar ciertas inquietudes de este pintor alemán nacido en Steißlingen el 23 de octubre de 1868. Un retratista y un pintor de género, por supuesto, pero también un artista gráfico, un ensayista del arte y un docente universitario. Un hombre completo: teórico y práctico.
Cuenta Felix Schober que “su talento artístico se hizo evidente a una edad temprana”. La familia propició el contacto con la pintura, lo cual hizo que sea un alumno destacado cuando ingresó en 1888 a la Academia de Bellas Artes de Múnich. En 1892, cuando viajó a Zúrich, la ciudad más poblada de Suiza, conoció obras de Arnold Böcklin y eso fue determinante: dos años después se reunió con el pintor simbolista en Florencia, quería aprender todo de él, se volvió su alumno.
Más tarde estudió con Ferdinand Kelleren la Academia de Arte de Karlsruhe y en 1898 pasó a estar del otro lado del mostrador: tuvo su propio estudio y se convirtió en una influencia para los artistas principiantes. Luego se casó y se instaló en la ciudad alemana Constanza, ubicada en el estado federado de Baden-Wurtemberg, en la orilla sur del lago Constanza, el más extenso de Alemania y que hace de frontera con Suiza.
II
Brigitte Elsner-Heller explica que Würtenberger “estaba estrechamente relacionado con la región del lago Constanza, el área que él percibía como alemánica”. Se trata de una región donde se habla una variante del idioma alemán y que se extiende por el sur de Alemania, el este de Francia, el oeste de Austria, Liechtenstein, Suiza y una pequeña parte de Italia. Ese paisaje lingüístico y ese contexto cultural fueron una influencia enorme en su obra.
Al estar tan cerca de Zúrich, toda una capital cultural para la época, viajó y hasta se instaló allí para retratar a diferentes personalidades. En el año 1921 hizo 200 retratos. Mientras pintaba, enseñaba, y ambas cosas se entrelazaban. Dio clases en lugares como la Escuela de Arte de la Mujer Luise Stadler, la Escuela de Artes Aplicadas de Zúrich y la Badische Landeskunstschule. También fue asesor de coleccionistas de arte como Gustav Henneberg y Richard Kisling.
III
Durante la Primera Guerra Mundial su obra había quedado relegada. Cuenta su nieto, Thomas Würtenberger, que “no había aceptado la ciudadanía que le ofreció la ciudad de Zúrich” y que “su vehemente distanciamiento del impresionismo lo alejó de muchos de sus amigos y mecenas. Más grave aún: su pintura representativa ya no correspondía al gusto de la época”. Su estilo clásico ya no tenía mucho que ver con las vanguardias estéticas de los años veinte.
Sin embargo, en sus obras se percibe una sensibilidad gigantesca. Como El comercio de vacas (”Der Kuhandel” en alemán), un óleo sobre lienzo de 1908. Con sus 111 centímetros de alto y 132 de ancho se encuentra en el Kunsthaus Zürich, un museo en la ciudad suiza que alberga una de las colecciones de arte más importantes de Europa, reunida a través de los años por la asociación de arte local Zürcher Kunstgesellschaft.
La composición, la técnica para retratar a las personas, los colores suaves pero bien definidos, las expresiones en los rostros, las pieles de los animales, todo forma parte de la impronta de un experto en la materia, de un teórico del arte que sabía llevar a la práctica todo eso que escribía con suma frialdad. Las interpretaciones de esta obra son diversas y eso es lo interesante: el espectador completa el sentido. Ernst Würtenberger murió en Karlsruhe, en 1934, a los 65 años.
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