
Peter es un hombre que recorre el mundo en su bicicleta. A cada lugar que visita le dedica unas líneas en el blog Peter on the moove. Cuando estuvo en Ereván, la capital de Armenia, una ciudad que se caracteriza por su gran arquitectura de la era soviética, por su historia, por su arte, se quedó maravillado con un pequeño lugar: la casa-museo dedicada al artista Martiros Saryan, quien murió en 1972, y es considerado un referente histórico del arte de su país.
“Hoy encontré el Museo Saryan. Una helada profunda había llegado desde Siberia durante los últimos dos días y la nieve que se había derretido un poco el día anterior se volvió a congelar. En la calle Moskvayan, el lodo del pavimento se había convertido en pequeños cubitos de hielo peligrosamente resbaladizos. El museo era pequeño y confortablemente cálido. Solo costó 1000 drams y el personal obviamente estaba muy aburrido”, escribe.
El primer cuadro que ve, o al menos el primero que le llama la atención —por tal motivo está puesto primero en la crónica—, es Retrato de Nina Komurjian. Lo describe así: “El color, la composición y la pincelada son maravillosos. Me encantó este retrato. Muy cálido”. Este cuadro es hoy nuestra belleza del día. Mide 66 centímetros de ancho y 70 de alto. Fue pintado en 1917, el año que sucedió la Revolución Rusa.

Martiros Saryan nació en el año 1880 en una ciudad que ya no existe. Se llamaba Najicheván del Don, también conocida como Nuevo Najicheván, cerca de Rostov del Don en el sur de Rusia, fundada por armenios de Crimea justo un año antes de su nacimiento. Conservó el estatus de ciudad hasta 1928 cuando se fusionó con Rostov. A los 17 se fue a estudiar a la Escuela de Artes de Moscú y recibió la influencia de Paul Gauguin y Henri Matisse.
Viajó por Armenia, entonces parte del Imperio ruso, donde pintó una enorme cantidad de paisajes. Luego estuvo tres años entre Turquía, Egipto e Irán. En 1915 se fue a Echmiadzin para ayudar a los refugiados que habían huido del Genocidio Armenio en el Imperio Otomano y en 1916 viajó a Tiflis donde se casó con Lusik Agayan y ayudó a a organizar la Sociedad de Artistas Armenios. En 1917, con la toma del poder de los bolcheviques se fue con su familia a vivir a Rusia.
Ese preciso año pinta Retrato de Nina Komurjian. Lo que allí se ve es una mujer de cabello corto, tal vez recogido, con la cabeza levemente inclinada hacia arriba pero la mira fija hacia adelante. Los párpados le entrecierran los ojos dándole cierta superioridad a su postura. Detrás, flores y colores que se tiñen con ella misma. Ahí se percibe la influencia de sus maestros y la pulida excelencia de este pintor armenio. Para muchos, es una de sus mejores obras.

En 1921 Saryan volvió a Armenia y trabajó mucho para su gente. Entre 1926 y 1928 vivió en París: la mayoría de las obras de este período fueron destruidas en un incendio a bordo del barco en el que regresó a la Unión Soviética. Desde entonces y hasta su muerte vivió en la Armenia soviética donde fue elegido como diputado al Soviet Supremo de la URSS y fue galardonado con la Orden de Lenin tres veces, además de recibir otros premios y medallas.
En un largo texto titulado “Poesía de luz y color”, Shahen Khachaturian cuenta que “todos los que conocían a Saryan estaban inevitablemente cautivados por la claridad de su mente, por su humor invariable, por la pureza de su alma y por su sorprendente modestia. Para sus contemporáneos, fue, y sigue siendo, un ejemplo de un hombre perfecto que es interiormente rico, espiritualmente sano, moralmente fuerte y verdaderamente sabio”.
Murió en Ereván, su Ereván, el 5 de mayo de 1972. Tenía 92 años. Fue en vida que inauguró su casa-museo, ese lugar que maravilló a Peter y a tantos viajeros. “Discute, trabaja o pelea. Siempre, y en todo, sigue a la naturaleza”, solía decir Martiros Saryan. Un gran consejo al mundo entero.
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