Escándalo detrás de la biografía de Philip Roth: las denuncias sexuales contra su autor y fragmentos reveladores del libro cancelado

Luego de recibir elogios por su trabajo sobre el gigante literario, Blake Bailey fue acusado de abuso sexual y violación. Su agente ya no lo representa y la editorial decidió no difundir ni reimprimir el libro, que también había sido criticado por su empatía con la perspectiva misógina del autor de “Pastoral Americana”

Antes de las acusaciones, Bailey había sido criticado por reproducir la perspectiva de Roth sobre sus relaciones de uso y descarte con las mujeres. (www.jerseytribune.com)
Antes de las acusaciones, Bailey había sido criticado por reproducir la perspectiva de Roth sobre sus relaciones de uso y descarte con las mujeres. (www.jerseytribune.com)

A comienzos de abril Blake Bailey entraba en uno de los períodos más felices de su carrera: comenzaba a recibir elogios por su monumental Philip Roth, The Biography. La escritora Cynthia Ozick lo celebraba en The New York Times como “una obra maestra de la narrativa”; David Remnick, el director de The New Yorker, le dedicaba un larguísimo artículo y arriesgó que Roth “podría haber admirado la diligencia de su biógrafo, incluso su negativa a caer bajo la influencia de su sujeto”.

Mientras el libro trepaba en las listas de bestsellers, sólo The New Republic y Los Angeles Times mencionaban los aspectos más controvertidos de la vida del escritor, en los que Bailey había abundado: las mujeres horribles de su obra, su trato también horrible a las mujeres en su vida. Pero antes del fin de abril Bailey rodó en una montaña rusa de sentimientos que lo dejó, abruptamente, en las antípodas de aquella emoción durante el lanzamiento del libro.

Además de las críticas a su perspectiva sobre las relaciones de uso y descarte que Roth tenía con las mujeres —porque reprodujo lo que Roth dijo sin haber investigado demasiado los puntos de vista de ellas— surgieron varias acusaciones contra él mismo sobre el preciso, exacto tema: habría tenido comportamientos impropios con niñas de 13 y 14 años a las que enseñó en los noventa en Nueva Orleans y había violado a dos mujeres, una en 2003 y la otra en 2015, según las denunciantes.

Primero la agencia literaria de Bailey, The Story Factory, dejó de representarlo. Luego, la editorial W.W. Norton tomó una medida inusual: suspendió la distribución y la promoción del libro, e incluso detuvo la impresión de una segunda tirada de 10.000 ejemplares para complementar la primera, de 50.000, que podría llegar a ser la única que exista aunque el libro se agote, si las denuncias se confirman.

Blake Bailey fue acusado de haber tenido comportamientos impropios con niñas de 13 y 14 años a las que enseñó en los noventa en Nueva Orleans y de haber violado a dos mujeres, una en 2003 y la otra en 2015, según las denunciantes. (AFP)
Blake Bailey fue acusado de haber tenido comportamientos impropios con niñas de 13 y 14 años a las que enseñó en los noventa en Nueva Orleans y de haber violado a dos mujeres, una en 2003 y la otra en 2015, según las denunciantes. (AFP)

“Estas acusaciones son serias”, dijo la empresa en un comunicado el miércoles 21 de abril. “A la luz de ellas, hemos decidido pausar el envío y la promoción de Philip Roth: The Biography, a la espera de cualquier otra información que pueda surgir”.

Una de las denunciantes de Bailey, la editora Valentina Rice, quien había decidido no informar a la policía sobre el ataque sexual en 2015, tres años más tarde se sintió más preparada para hablar del tema y escribió a The New York Times (el hecho, además, había sucedido en la casa de Dwight Garner, un crítico literario del periódico) y a W.W. Norton. Las conversaciones con el Times no prosperaron; la editorial, simplemente, le reenvió el correo a Bailey, quien respondió que nunca en su vida había tenido relaciones sexuales no consentidas.

The New Republic, donde Laura Marsh destacó en su crítica la neutralidad de Bailey ante la misoginia de Roth, analizó que el episodio va mucho más allá de la caída en desgracia, o no, del biógrafo. “Los tentáculos de este fiasco se extienden hacia todos los niveles de la prensa y la industria editorial. Los errores que cometieron W.W. Norton y medios como el Times son consecuencia de una cultura literaria que permite que artistas rentables como Roth manipulen a los aduladores y les corten el camino a quienes no les gustan”.

Uno de los datos centrales de la biografía es que Roth había elegido a Bailey en 2012, encantado por sus libros sobre John Cheever y Richard Yates y convencido de que —como se puede leer en las 800 páginas que recorren la vida del autor de El lamento de Portnoy, Operación Shylock, El teatro de Sabbath y La mancha humana— lo consideraba el “mayor novelista vivo” de los Estados Unidos. Roth ya había hecho un casting antes y elegido a su amigo Ross Miller, pero bastó el comienzo de la investigación para que se pelearan en 2006.

“Lo lamento si mis hombres no tienen los sentimientos correctos hacia las mujeres, o la gama universal de sentimientos hacia las mujeres”, había dicho el propio Roth en la entrevista que le hizo The Paris Review. Tanto preveía estos giros que llegó a decirle a Miller que no quería que su biografía se titulara La historia de mi pene. Bailey le pareció más confiable: “No me rehabilites. Sólo hazme interesante”, le pidió, y esas palabras son el epígrafe del libro que, curiosamente, aun siguiendo la voz del maestro, muestra ”las furias, los resentimientos y las crueldades de Roth”, como señaló Remnick.

14 momentos claves del libro que ahora queda en suspenso

Maggie, la sexy

La primera mitad del la biografía abunda en detalles sobre la relación de Roth y su primera mujer, Maggie Martinson, a quien conoció mientras él era un profesor primerizo en la Universidad de Chicago y ella era mesera en un bar de sándwiches de la zona. Ella era todo lo que él no: una mujer del Midwest, proveniente de una familia disfuncional, divorciada y con dos hijos de los que había perdido la custodia. Salvo eso, Bailey no detalla mucho la atracción que lo acercó (“Roth simplemente estaba decidido a levantarse una gentil bonita”) y se centra, en cambio, en la memoria amarga que el vínculo dejó en el escritor, luego de años de peleas.

Al comienzo, aparentemente, a Roth lo fascinó la experiencia sexual de una mujer mayor que él.

La primera mitad del la biografía abunda en detalles sobre la relación de Roth y su primera mujer, Maggie Martinson.
La primera mitad del la biografía abunda en detalles sobre la relación de Roth y su primera mujer, Maggie Martinson.

“Maggie estaba ansiosa por mostrarse útil, como cuando Roth tuvo ‘un feo dolor de espaldas’ y Maggie lo cuidó ‘amable, dulcemente’”, según escribió en una carta. “Ella también quería ser útil de maneras menos convencionales. Roth admiraba los encantos de cierta asistente graduada que integraba el Comité sobre Pensamiento Social, Diane”. La muchacha nunca se perdía los tés semanales del grupo, que organizaba Maggie, por entonces secretaria del comité. “En algún momento Maggie ‘se interesó desmesuradamente’ en Diane, según recordó Diane, y sugirió un trío con su novio, Philip Roth, el genio del campus al que la mujer ansiaba conocer. En retrospectiva, Diane no tenía dudas de que Maggie fue la instigadora, y Roth también dijo que Maggie había sido la que ‘lo impulsó’ (‘Cojámonos a Diane’)”.

Pero pronto eso mismo lo disgustó, porque la experiencia sucede con el paso del tiempo.

“Por aquellos días la principal repugnancia que Roth sentía era por la persona física de Maggie, aunque se esforzó por disimularlo. Luego la apodaría con crueldad El Mono, por sus piernas cortas y pesadas, pero eso no fue lo peor ya que Lydia Ketterer —una versión ficcional más cuerda y dulce de la real Maureen (el personaje de Maggie) en Mi vida como hombre— enumera con inocencia, para Zuckerman [alter ego literario de Roth]: ‘Soy cinco años mayor que tú. Tengo los pechos caídos, y nunca fueron gran cosa, para empezar. Mira, tengo estrías’”. La descripción omite “lo más horrible y alarmante, es decir la vagina ‘marchita y descolorida’ que ha alumbrado dos niños y que Zuckerman se obliga a besar”. Cuando Bailey le preguntó si ese era “un aspecto de la verdadera Maggie”, Roth asintió.

¿Un divorcio o un despido?

La relación fue una sucesión de mentiras, infidelidades y peleas.

"Soy cinco años mayor que tú. Tengo los pechos caídos, y nunca fueron gran cosa, para empezar. Mira, tengo estrías", transfiguró Roth a su primera esposa en "Mi vida como hombre".
"Soy cinco años mayor que tú. Tengo los pechos caídos, y nunca fueron gran cosa, para empezar. Mira, tengo estrías", transfiguró Roth a su primera esposa en "Mi vida como hombre".

Maggie, que en una ocasión había abortado por pedido de Roth, compró por USD 3 la muestra de orina de una mujer embarazada en Tompkins Square Park, la llevó a la farmacia y le mostró el resultado: si quería que abortara de nuevo, tenían que casarse. El libro no profundiza en las razones; cita que ella lo acusó de ser peor que su padre, frase que usaba con frecuencia, y que años después él se preguntó por qué simplemente no le dijo: “Diez veces peor. Y si no te vas de aquí, en cinco minutos te voy a mostrar cuánto peor”.

Bailey también mencionó una carta de Roth a un amigo en la que se burló de haber “tratado con todas mis fuerzas de ganar el premio al Chico Judío más Amable del Siglo” y que ella “lo forzó a cumplir su promesa [matrimonial] al día siguiente”, por lo cual tuvieron que viajar hasta Yonkers para encontrar a alguien que los casara legalmente.

El biógrafo reprodujo la idea del escritor —y de muchos hombres— de que un divorcio se debería tramitar como un mero despido: citó como un “robo por orden judicial” a los USD 110 dólares semanales que Roth debió pagarle a Maggie por manutención. Y agregó:

Como regalo de bodas, los padres de Roth le habían dado a la pareja un juego de vajilla Spode, muy caro, que terminó en manos de Maggie junto con casi todo lo demás luego de su separación, cuando Roth le rogó al juez que tuviera en cuenta que ‘no había sido por accidente’ que su padre también le hubiera dado a él —”a mi nombre solamente”— acciones de AT&T por si alguna vez las necesitaba, que su esposa distanciada ahora estaba ansiosa por quedarse también.

Una Playmate, una estudiante

A lo largo de la sección del libro que cubre el matrimonio, Maggie surgió como una persona desequilibrada, que se quejaba de todo, que lloraba, que gritaba y que molestaba. Bailey repitió incluso el fastidio que le causó a Roth que ella en una ocasión interrumpiera su escritura para pedirle si podía ir a comprar un poco de queso parmesano.

La biografía presentó a la primera esposa de Roth como una persona desequilibrada, que se quejaba de todo, que lloraba, que gritaba y que molestaba al escritor.
La biografía presentó a la primera esposa de Roth como una persona desequilibrada, que se quejaba de todo, que lloraba, que gritaba y que molestaba al escritor.

La biografía se detuvo en un encuentro con Alice Denham, Miss Julio de 1956 en la revista Playboy, “una larga tarde de sexo” que Roth acordó luego de haber conocido a Denham en una fiesta “escoltado por Maggie”. La modelo se distinguía por haber sido “la única Playmate que publicó un cuento en el mismo número que fue chica de tapa, y el listado de sus conquistas sexuales —Norman Mailer, William Styron, Nelson Algren, Joseph Heller, William Gaddis, etc.— es un verdadero quién es quién de la literatura estadounidense de posguerra”, en la descripción del biógrafo.

A eso le siguió otra pelea matrimonial. Y otro romance de Roth, “con una de sus estudiantes, una muchacha atractiva y talentosa de 22 años, Lucy Warner”, que Bailey contó como una historia de amor. Solo destacó que Warner decidió no continuar con el escritor porque “expresó una preocupación curiosa sobre sentirse demasiado atraído por su hijastra cuando ‘creciera más’”. Para ella, el comentario sonó como “una alarma”.

Cortó la relación con las palabras: “No puedo salvarte, Philip. Sólo tengo 22 años”.

“Estás muerta, y no tuve que hacerlo yo”

“Nuestro matrimonio fueron tres años de constante queja e irritación, y entonces me enteré que el matrimonio mismo se basó en una mentira grotesca”, expresó el escritor en su juicio de divorcio. En esos años Roth comenzó a deprimirse. Vio al psiquiatra y psicoanalista Hans Kleinschmidt, quien había sido discípulo directo de Sigmund Freud y consideraba su cuadro como “la interacción de narcisismo y agresión”.

Kleinschmidt era caro pero, según recordó Roth, fue un gusto pagarlo mientras discutía en la corte el dinero que debía pagar a su esposa: “Philip, no te gustó mucho el ejército. ¿Cómo te sentaría la cárcel?”, le recordaba el terapeuta. Hubo, sin embargo, episodios de violencia, y en una ocasión Roth robó el diario de ella, cuyas entradas reprodujo casi textualmente en Mi vida como hombre.

Roth salió con la socialite Ann Mudge, quien lo acompañaría durante buena parte de los sesenta, y conoció a Jackie Kennedy. Cortó todo vínculo con Maggie y sus hijos, argumentando que ella lo acusaría de conducta impropia con la niña. Y mientras tramitaba un divorcio cada vez más complicado, Maggie aceptó salir de copas con el editor Carter Hunter, quien al llevarla a su casa perdió el control su Jaguar. Ella murió en el accidente.

Cuando la hija de Maggie lo llamó, Roth no le creyó: pensó que era una artimaña para que dijera algo que se pudiera usar en su contra en el juicio. “¿Y dónde está ella ahora?”, preguntó, medido. “¡En la morgue!”, le dijo la muchacha, y se echó a llorar. Solo entonces Roth se ofreció a ayudar.

Frente al ataúd, dijo: “Estás muerta, y no tuve que hacerlo yo”. Escribió sobre el alivio que sintió en Los hechos, su primera obra autobiográfica.

“El libro por el que han estado rezando todos los antisemitas”

Roth salió, además de vivo, en muy buen estado literario de su relación con Maggie: El lamento de Portnoy se publicó poco después de su muerte y lo convirtió en un hombre rico. También polémico.

Entre los muchos honores que mereció Philip Roth se cuenta la Medalla de las Artes y las Humanidades, que el ex presidente Barack Obama le entregó en 2011. (Patsy Lynch/Shutterstock)
Entre los muchos honores que mereció Philip Roth se cuenta la Medalla de las Artes y las Humanidades, que el ex presidente Barack Obama le entregó en 2011. (Patsy Lynch/Shutterstock)

Luego de muchas críticas en los Estados Unidos, incluida la de su madre, por su presentación de los personajes judíos, Gershom Scholem, por entonces presidente de la Academia de Ciencias y Humanidades en Israel, y un respetado académico en judaísmo escribió: “Este es el libro por el que han estado rezando todos los antisemitas”.

Agregó, en su artículo publicado en Haaretz: “Nosotros, los judíos, pagaremos el precio, no el autor que se divierte con obscenidades. Me atrevería a decir que en el próximo giro de la historia, que no se demorará demasiado, este libro nos convertirá a todos en acusados ante los tribunales. Nos citarán este libro, ¡y cómo! Nos dirán: aquí tienen el testimonio de uno de sus propios artistas”.

Las muchachas inteligentes y hermosas de la clase

“Escriban unas 2.000 palabras sobre tres (o, si quieren, cuatro) obras de ficción que les parezcan que son las mejores en ilustrar esta amplia gama de la experiencia humana que se asocia con la actividad sexual”: así decía uno de los apuntes que Roth preparaba para sus clases.

Según su biógrafo, se trataba de “una de las muchas maneras en que a Roth le gustaba recordarles a los estudiantes (a algunas más que a otros) que él también era de carne y hueso y que desde luego consideraba el sexo uno de los aspectos más deseables de enseñar ‘en aquel entonces’ —como diría luego— ‘cuando no te arrastraban encadenado a la cárcel feminista si entablabas una amistad tierna con la muchacha más inteligente y hermosa de tu clase’”.

Lisa Halliday, una de las amantes de Philip Roth, escribió la novela "Asimetría" como un homenaje a su relación con él cuando ella era una joven asistente editorial y el la triplicaba en edad.
Lisa Halliday, una de las amantes de Philip Roth, escribió la novela "Asimetría" como un homenaje a su relación con él cuando ella era una joven asistente editorial y el la triplicaba en edad.

Al titular del departamento de literatura inglesa en la Universidad de Pensilvania, el escritor Joel Conarroe, le tocaba “elegir entre las estudiantes que trataban de anotarse tarde” en la clase siempre superpoblada de Roth. Representó “lo que resultó el papel de un proxeneta, con perdón de la expresión”, lo citó Bailey, quien mencionó “cierto arrepentimiento retrospectivo” de Conarroe.

Del multiculturalismo a la cárcel feminista

A comienzos de la década de 1990 Roth comenzó a protestar contra “la terrible xenofobia y el filisteísmo que se autodenomina ‘multiculturalismo’”, según Bailey. En 1999 explotó cuando fue a ver una muestra en la Biblioteca Pública de Nueva York, sobre los nombres máximos de la literatura estadounidense del siglo XX. Escribió Bailey:

Como luego se quejó a Paul LeClerc, el presidente de la biblioteca (un cargo que Roth le había ayudado a obtener), no era sino “una atrocidad” presentar a gente como Richard Wright, Ralph Ellison y Edna St. Vincent Millay pero no mencionar en absoluto a Hemingway, Faulkner o Robert Lowell. Y el multiculturalismo era, para Roth, apenas un aspecto de una asquerosidad mayor: “Uno solía poder acostarse con las chicas en el pasado”, refunfuñó ante [Saul] Bellow. “Y ahora, desde luego, es imposible. Vas a la cárcel feminista; te tocan de 20 años a cadena perpetua”.

Bailey recordó que Mickey Sabbath, protagonista de El teatro de Sabbath, novela por la cual Roth recibió el Premio Nacional en 1995, consideró dejar un legado de USD 500 anuales para becar a la estudiante que “se cogiera a más profesores que cualquier otra”.

Un matrimonio de 17 años, un affaire de 18

“Uno solía poder acostarse con las chicas en el pasado”, refunfuñó Philip Roth ante Saul Bellow. “Y ahora, desde luego, es imposible. Vas a la cárcel feminista; te tocan de 20 años a cadena perpetua”. (Reuters)
“Uno solía poder acostarse con las chicas en el pasado”, refunfuñó Philip Roth ante Saul Bellow. “Y ahora, desde luego, es imposible. Vas a la cárcel feminista; te tocan de 20 años a cadena perpetua”. (Reuters)

Roth solía decir que se había enamorado de la actriz británica Claire Bloom a los 19 años, cuando la vio actuar en Candilejas, de Charles Chaplin. La conoció 15 años más tarde, cuando ella estaba casada con su primer esposo y la volvió a ver años después, junto al segundo. Un día de 1975 se cruzaron por la calle en Nueva York, y en la conversación ella sintió que se enamoraba de él. Comenzaron a verse.

En uno de sus viajes a Nueva York, porque ella vivía en Londres, Bloom encontró una nota que le reveló que su novio tenía otras novias. No sospechó entonces, sin embargo, que durante los 17 años que pasaría junto a Roth él tendría, además de relaciones ocasionales, un romance paralelo —en realidad, más largo: de 18 años— con una terapeuta física cuyo nombre Bailey preservó con el seudónimo de Inga Larsen, quien también sirvió de modelo para el personaje de Drenka en El teatro de Sabbath.

En la misma página la biografía cuenta que Bloom “no era ajena a las relaciones furtivas” y que el affaire con Inga fue, según dijo Roth, “algo adjunto a la vida doméstica, sin lo cual no podría haber continuado esa vida doméstica”. Toda esta sección de la biografía funcionó como la respuesta del escritor a las memorias de Bloom, Leaving a Doll’s House, libro al que Roth siempre responsabilizó de haberle creado una imagen de misógino por la cual nunca recibió el premio Nobel.

Adictos al sexo

Mientras que Bloom tenía una relación compleja y obsesiva con su hija Anna, Inga fue “una co-conspiradora y una amante”, la describió Bailey, que compartía con Roth “una mutua adicción al sexo”, según la citó. Continuó la biografía:

El segundo matrimonio de Philip Roth, con la actriz británica Claire Bloom, también terminó en desastre. (Alan Davidson/Shutterstock)
El segundo matrimonio de Philip Roth, con la actriz británica Claire Bloom, también terminó en desastre. (Alan Davidson/Shutterstock)

[Inga] fingía estar complacida cuando él le ponía en la cara una servilleta impregnada de semen o algún fetiche de ese tipo, y se volvió gradualmente más hábil para parecer embelesada cada vez que él, a propósito de nada, comenzaba a masturbarse frente a ella. “Este es un hombre guiado por el pene”, le observó su terapeuta cuando ella mencionó esta compulsión de él. Más tarde, Roth señaló que Inga le había dicho muchas veces que le encantaba ver a los hombres masturbarse, la forma en que perdían gradualmente el control antes de acabar; de hecho, sus comentarios sobre el tema pasaron casi literalmente a Drenka.

Anna, o el infierno

En 2013 Bloom respondió a Bailey algunas preguntas sobre su relación con Roth; lo acusó de haber mentido cuando dijo que su hija, Anna, la había golpeado y la había insultado. Sin embargo, Roth insistió en que el episodio sucedió tal como él luego lo incrustó en la ficción de Me casé con un comunista, y aseguró que era algo cotidiano.

Cuando convivían en Londres, él pensó en rentar un apartamento para él, para que “el infierno de la familia” no interrumpiera su rutina de escritura. “Cuando le mencionó el plan a Bloom, ella ‘cayó de rodillas’, dijo, y le rogó que se quedara”, escribió Bailey. “Así que él se quedó. ‘Esta chica no va a derrotarme’, recordó haber pensado”.

La relación entre madre e hija era de peleas constantes. “Anna está loca”, citó Bailey una carta de Roth a un amigo. “Es un gran incordio y ha pasado las últimas dos semanas tratando de sabotear el estreno de Claire. Me voy al estudio a la mañana y en casa no me relaciono mucho con ella salvo para decirle cada noche que baje el volumen de la música punk en el reproductor. Siempre tendrá problemas, lo siento por ella. Está más gorda que nunca, y tan confundida y autodestructiva”. En presencia de su hija, Claire se transformaba en “una mujer abyecta”, la describió.

Milan Kundera y Philip Roth, con la escritora Veronica Geng, en una imagen de Vera, la esposa de Kundera.
Milan Kundera y Philip Roth, con la escritora Veronica Geng, en una imagen de Vera, la esposa de Kundera.

Roth se burló del modo en que Bloom escribió en sus memorias el momento en que, presionada por él, que no quería convivir más con las dos en pelea constante, le pidió a su hija que se mudara a un dormitorio de estudiantes. “Se le pidió a Anna que se fuera. Tenía 18 años”, dice el texto. “Tan sombrío, tan trágico, tan conciso en su revelación”, comentó Roth a Bailey, “como si escribiera: ‘Se le pidió a Anna que se fuera. Tenía dos años’”.

“¿De qué sirve tener una chica bonita en la casa si no te la coges?”

Anna acusó a Roth de haber hecho avances indebidos con una compañera de estudios musicales de ella, Felicity (otro seudónimo), en 1981 y en 1988. La primera vez, la chica se había quedado a dormir en la casa de la familia y a la mañana siguiente, cuando se dirigía a un ensayo, Roth “apareció de pronto e intentó besarla en la boca”; Felicity lo empujó y se fue. Roth negó el episodio en el libro.

En cambio, reconoció el segundo, cuando él regreso a la casa una noche, en la que ni Anna ni Claire dormían allí, y encontró a la chica en bata, la abrazó y la escuchó decirle que estaba loco y era un monstruo por hacerle eso a su esposa y que ella se vestía y se iba. “Me disculpo por haber entendido mal la situación. Parece que me he excedido. Pensé que se me extendía una invitación”, le respondió.

La versión de Felicity incluyó una coda: a la mañana siguiente, la saludó con energía y, mientras ella se retiraba por las escaleras hacia su habitación, él la persiguió, gritándole: “Vamos, ¿hace cuánto que me insinué a ti? ¿Diez años? ¿Cuántos tenías tú entonces, doce? ¿De qué sirve tener una chica bonita en la casa si no te la coges?”.

“Me disculpo por haber entendido mal la situación. Parece que me he excedido. Pensé que se me extendía una invitación”, le respondió Roth a una amiga de su hijastra que rechazó uno de sus avances. (EFE/Miguel Rajmil)
“Me disculpo por haber entendido mal la situación. Parece que me he excedido. Pensé que se me extendía una invitación”, le respondió Roth a una amiga de su hijastra que rechazó uno de sus avances. (EFE/Miguel Rajmil)

Hay que ingresar a la visita

Roth decidió regresar a su casa en Connecticut; Bloom se negó. Acordaron que vivirían en Nueva York y que Anna viajaría a visitar a su madre. En ese tiempo Roth tuvo un affaire con Ava Gardner y necesitó un by pass quíntuple, se obsesionó con su salud física y se llenó de angustia y ansiedad. Enterró a su padre —un proceso que contaría en Patrimonio— y escribió Decepción, sobre cuyo manuscrito Bloom vomitó. “¡¿Cómo te atreves a presentarme como una esposa burguesa?!”, le dijo, y lo acusó de haber “hurtado” su vida privada en beneficio de su obra.

Aunque en público parecían felices, su relación estaba rota. Roth puso condiciones para las visitas de Anna; Bloom lloraba porque extrañaba a la hija. El hermano de Roth lo encontró tan mal que se lo llevó a su casa en Chicago, donde Roth comenzó a expresar pensamientos suicidas.

Durante el tiempo final de esa relación, Roth decidió internarse en una clínica. El día anterior a su salida, Bloom lo visitó; discutieron sobre los planes de volver juntos —él le pidió una separación de seis meses— y una enfermera acudió al escuchar los gritos. Él tenía la presión alta; ella, una crisis de nervios por la cual fue sedada e ingresada a su vez, “la primera visita en la historia de Silver Hill, o eso dijo Roth, retenida como paciente por una noche”.

Su idea del matrimonio

Los reclamos económicos de Roth por haber “perdido su tiempo leyendo los guiones” del trabajo de Bloom y el ofrecimiento de pagarle por el divorcio la misma exacta cifra que a su mucama revelaron mucho de su idea del matrimonio. También una declaración de 2014 que se cita en el libro:

Roth se interesó en en la filmación de su novela "La mancha humana" porque la protagonizó Nicole Kidman, a quien intentó seducir. (Moviestore/Shutterstock)
Roth se interesó en en la filmación de su novela "La mancha humana" porque la protagonizó Nicole Kidman, a quien intentó seducir. (Moviestore/Shutterstock)

Cuando explicó por qué se casó con las dos mujeres con quienes se casó y no con parejas más adecuadas como Ann Mudge y Barbara Sproul, Roth dijo: “No fue por falta de amor que no me casé con ninguna de esas mujeres con quienes no me casé y que se hubieran casado conmigo. No me casé con ellas porque ninguna era una estafadora, una tramposa o una manipuladora forjada en la tenacidad por el pánico, que conseguiría a su hombre a cualquier costo”.

Como después de su relación con Maggie, Roth emergió del divorcio de Bloom con un gran libro, El teatro de Sabbath. Y a esa obra le siguió la trilogía que comenzó con Pastoral americana (que ganó todos los premios posibles) y se completó con Me casé con un comunista y La mancha humana.

El desplante de Nicole Kidman

Hasta que conoció a Nicole Kidman, Roth había mostrado muy poco interés en la filmación de La mancha humana, que la actriz coprotagonizó con Anthony Hopkins. “Solo vas a tener un problema conmigo”, le había dicho al productor Tom Rosenberg: “Si el cheque no se acredita”. Pero al conocer a Kidman cambió su perspectiva. La invitó a Russian Samovar, su lugar favorito, y la elogió en el set: “Odio decir esto delante de Nicole”, empezó, e hizo una pausa dramática. “Pero lo que hizo fue tremendo. Se podía ver lo que sucedía dentro de su cabeza, y todo lo que ella hizo fue ir a tocar a este tipo y entonces decidir que no lo haría”.

Hubo llamadas telefónicas; una noche que ella aceptó una invitación, él se presentó con una limusina en la puerta del hotel. Ella, en jeans, se excusó: creía que la cita era al día siguiente, pero con gusto lo invitaba a tomar una copa en el bar del hotel, dijo. Roth, furioso, se fue sin vacilar.

Tiempo más tarde un amigo de él se encontró con Kidman, y mencionó lo sucedido. “Dile que crezca”, fue el único comentario de ella.

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