
De Jacob Cornelisz van Oostsanen se sabe muy poco. Nació en un pequeño pueblo llamado Oostzaan dentro de la provincia de Holanda Septentrional en los Países Bajos. ¿El año? Hay dudas de eso: entre 1465 y 1470. No hay muchos datos salvo los que pudo investigar Karel van Mander en la biografía sobre este pintor y grabador renacentista neerlandés.
No sabemos cómo fue su formación porque no hay documentos que detallen estos asuntos. Todo es especulativo. Observando su estilo se cree que estudió en Haarlem y que estuvo relacionado al círculo de Geertgen tot Sint Jans. Sí hay constancia de su familia, en la que había muchos artistas: su hermano Cornelis Buys I, por ejemplo. También fueron pintores dos de sus hijos: Cornelis Jacobsz y Dirck Jacobsz.
Para 1500, Oostsanen alquila una casa en Ámsterdam. Los historiadores creen que en 1520 viaja a Amberes a conocer a Durero, el más famoso de los artistas del Renacimiento alemán. Entre 1526 y 1528 trabaja en un retablo para la abadía de Egmond, un lugar que terminaría siendo destruido por los disturbios provocados por la iconoclasia protestante. Se cree que muchos de sus cuadros corrieron esa suerte.
Pintó mucho aunque se ha conservado poco. Tiene pinturas realmente fascinantes. Una de ellas es El nacimiento de la Virgen María, de la cual no se tiene fecha precisa. Es un óleo sobre tabla de 129 x 78,5 cm. Se encuentra en el Museo de Bellas Artes. El historiador del arte Ángel M. Navarro destaca “su composición dinámica, colorida y plena de detalles”.
¿Qué es lo que vemos en este cuadro? Un gran salón repleto de personas. Un grupo de mujeres atiende a la recién nacida; otro grupo se ocupa de la madre que acaba de parir y descansa en la cama; en el porche hay mujeres que llegan a la casa; alrededor de una mesa, otro grupo come, bebe y charla. Hay mujeres contentas, mujeres tristes. Arriba, cuatro ángeles observan la escena.
En octubre de 1533 un documento de su esposa dice que era viuda. Sabemos que desde entonces, tal vez unos años antes, Jacob Cornelisz van Oostsanen pasó a la inmortalidad. Ahora vive en sus obras, todas de un gran nivel de detalle y de una interesante facultad para la composición de las escenas. Están desperdigadas por el mundo. Una de ellas, El nacimiento de la Virgen María, en Buenos Aires.
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