
Las navieras Hapag-Lloyd y CMA CGM han suspendido sus operaciones hacia Cuba. La interrupción ha dejado mercaderías inmovilizadas fuera de la isla, y ha restringido el abastecimiento de negocios privados, lo que eleva la presión sobre una economía dependiente de productos importados, según IPS Cuba.
Más de 7,000 contenedores con destinos y contenidos diversos se encuentran varados en distintos países durante más de cinco meses. Entre las cargas se encuentran vehículos, ropa, equipos eléctricos y paneles solares adquiridos por comerciantes, emprendedores y personas que importan mercadería de manera informal.
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Ángel Miranda, un cubano de 60 años que viaja hasta tres veces por año a Panamá para abastecer al sector privado e informal, describió la incertidumbre de quienes pagaron por productos que no han llegado.
“Hay personas con envíos que no llegan: vehículos, ropa, equipos eléctricos o paneles solares. No saben cuándo recuperarán la inversión, en lo que el dólar sube, o cómo llegará lo que compraron”, explicó a IPS Cuba.
Durante décadas, los llamados “mulas” conformaron una red de importadores que aprovechó la ampliación de los viajes desde Cuba hacia otros países y las posibilidades de enviar carga no acompañada. Esa vía abastecía tanto a actividades informales como a empresas privadas.
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En septiembre, el vice primer ministro y titular de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva, informó que CMA CGM había reanudado algunas operaciones. Sin embargo, los viajes quedaron limitados al transporte de alimentos, medicamentos e insumos, con una frecuencia insuficiente para reducir la lista de espera.

Las rutas aéreas tampoco han podido compensar la falta de transporte marítimo. El Centro de Estudios de la Economía Cubana incluyó las dificultades para trasladar bienes importados entre los factores que impulsan la inflación.
Ernesto Vargas, de 30 años, trabajaba desde noviembre de 2025 como gestor de ventas para una empresa privada mayorista que comercializaba cerca de cinco contenedores mensuales de harina. Según IPS Cuba, la operación se interrumpió de manera repentina y aún no se recuperó.
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“La demanda aumentó, el problema es que no llegaban contenedores suficientes y casi toda la materia prima es importada”, señaló Vargas. La escasez de insumos redujo la oferta de alimentos y productos de consumo, elevó los precios y obligó a algunos negocios a detener sus actividades, como la panadería privada Pan de La Habana, que no tiene una fecha prevista de reapertura.
La retención de cargas también afectó a servicios básicos. Pérez-Oliva denunció que en julio había 3.5 millones de jeringuillas retenidas en puertos jamaicanos, además de piezas destinadas a equipos hídricos y al sistema energético.
Alimentos, combustible y dependencia comercial de Estados Unidos
La dependencia de las importaciones también alcanza a la alimentación. La oficina del Programa Mundial de Alimentos de Estados Unidos estimó que las compras externas cubren entre 70% y 80% de las necesidades alimentarias de la isla, después de décadas de atraso tecnológico, baja eficiencia productiva y dificultades para conservar los equipos existentes.
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La Oficina Nacional de Estadísticas e Información registró que Cuba importó en 2024 más de USD 2 millones en productos alimenticios. Esa cifra crece desde 2020 y representa una cuarta parte de las mercancías que ingresan al país, en una proporción comparable a los combustibles y los equipos de transporte.
Tras la salida de las navieras internacionales, el comercio con Estados Unidos continuó y aumentó hasta USD 876 millones entre enero y agosto. El intercambio incluye alimentos, combustible, vehículos, equipos y sistemas energéticos para el sector privado cubano.
Mundo Marítimo, sitio especializado en comercio naval, indicó que los envíos entre ambos países pasaron de operaciones esporádicas, principalmente de alimentos, a 326,587 toneladas métricas distribuidas en más de 200 itinerarios hasta agosto.
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El volumen fue 60% superior al de 2025 y superó el total registrado durante 2024, aunque todavía no cubre la demanda de la isla.
La economista Isabella Rebolledo advirtió que la llegada de bienes estadounidenses contrasta con el deterioro de la producción interna y convierte a Estados Unidos en un proveedor cada vez más relevante para el funcionamiento cotidiano de Cuba.
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