63 años y ocho horas recorriendo La Habana: Conoce la historia de Toni, el bicitaxista

Sale a las 7:00 desde Centro Habana y recorre Habana Vieja para sostenerse. Entre calor, cortes de luz y falta de agua, repite una rutina de casi tres décadas. Algo cambió en lo que rinde cada día

El exauditor de Holguín trabaja ocho horas al día en un bicitaxi, entre calor, apagones y escasez, mientras la inflación le impide cubrir lo básico pese a reunir miles de pesos. (Imagen retomada de CUBANET)
El exauditor de Holguín trabaja ocho horas al día en un bicitaxi, entre calor, apagones y escasez, mientras la inflación le impide cubrir lo básico pese a reunir miles de pesos. (Imagen retomada de CUBANET)
Guardar

A sus 63 años, Antonio Ramón Font Carreño, conocido como Toni, pedalea ocho horas diarias en un bicitaxi por La Habana para sostenerse sin que sus ingresos alcancen a cubrir las necesidades básicas. La rutina, que cumple de lunes a domingo desde hace casi tres décadas, le permite conservar independencia laboral, pero transcurre entre el calor, los apagones y la falta de agua, según CubaNet.

La etapa actual es la más difícil que ha atravesado desde que comenzó a transportar pasajeros. Aunque obtiene entre 5,000 y 6,000 pesos diarios, sostiene que el costo de los productos redujo el valor real de ese dinero: “Antes se ganaba menos dinero, pero todo era más barato y el dinero alcanzaba. Ahora tú te buscas entre 5,000 y 6,000 pesos diarios y no llevas casi nada para la casa. El dinero no tiene valor”.

PUBLICIDAD

Toni vive en Centro Habana y comienza su jornada cerca de las 7:00 de la mañana. Después de tomar café, baja los siete pisos del edificio donde reside, camina unas tres cuadras hasta el estacionamiento y recoge el vehículo con el que recorre Habana Vieja y Centro Habana.

La jornada concluye alrededor de las 3:00 de la tarde, salvo que un pasajero ofrezca una tarifa que justifique trasladarse a otros municipios. Su cuerpo delgado y sus piernas, “flacas pero fuertes”, le permiten mantener un oficio físicamente exigente a una edad en la que denuncia mayores dificultades para los cubanos.

Del banco de Holguín al bicitaxi habanero

Font Carreño nació en Holguín y llegó a la capital en 1995 con la intención de enviar ayuda a sus familiares en el oriente del país. Era graduado de Contabilidad y auditor, y había trabajado en un banco, pero el salario no cubría sus gastos.

PUBLICIDAD

Pintura al óleo de un hombre en un bicitaxi con la palabra TONI, dos pasajeros a bordo, automóviles antiguos y casas de colores.
Antonio Font dejó su empleo en Holguín, llegó a la capital en 1995 y halló en ese oficio una forma de sostenerse, ayudar a su familia y conservar autonomía laboral. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“El salario nunca me alcanzó para nada. Vine para La Habana con el propósito de abrirme camino porque siempre la capital ha estado mejor que todas las demás provincias del país”, relató. Los primeros meses fueron adversos: “Era como si hubiera llegado a otro país, pero a pesar de todo seguí adelante”.

Su primer trabajo independiente en La Habana fue la cerrajería. La actividad le daba resultados, pero dejó de ser viable por la escasez de las materias primas necesarias para continuar.

Un amigo lo acercó entonces al transporte en bicitaxi y le prestaba su vehículo durante las tardes y las noches. En aquella época trabajaba hasta tarde, en un entorno que, según recordó, tenía menos violencia y menos peligros que el actual.

Tras cerca de dos años de ahorro, compró su propio bicitaxi. Durante ese período pagaba alquiler —vivió arrendado unos nueve años—, adquiría lo indispensable para sobrevivir y reservaba el resto para reunir el dinero necesario.

“Desde 1997 estoy dando pedales y me siento bien gracias al Señor a pesar de mi edad y lo mejor, soy libre, no tengo jefe”, afirmó. “Si me da la gana trabajo y si no quiero no lo hago, aunque confieso que soy adicto al trabajo”.

El descanso entre apagones, café y dominó

El calor es el principal obstáculo físico que identifica durante los recorridos. Al volver a casa intenta descansar, aunque los cortes eléctricos complican esa pausa cotidiana.

El trabajo también le permitió contribuir con su familia en Holguín. “Desde aquí pude sufragar los gastos que generaron las enfermedades de mis padres”, explicó sobre la ayuda que brindó a su hermana y a sus progenitores.

Después de pedalear, Toni busca un café y, de vez en cuando, visita a amigos para jugar dominó. Esas salidas se volvieron una forma de escapar de las limitaciones que encuentra dentro de su vivienda.

“Qué otra opción existe para despejar, si sales de la casa con apagón y llegas con apagón”, planteó. En su zona también comenzó a faltar el agua, una situación que aseguró no haber vivido antes: “La verdad es que las personas de la tercera edad aquí no tienen vida”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD