
Un caso que ha generado polémica y debate en las redes sociales sacudió al fútbol profesional colombiano luego de lo que reveló un joven llamado Sebastián, y cuyo máximo deseo era llegar a debutar en la primera división del fútbol profesional colombiano, sin embargo esto no fue así.
Más allá de su relato, el punto central de la controversia se dio por cuenta de una de las declaraciones que compartió en video el periodista Marlon Andrés, como aparece en sus perfiles en redes sociales el comunicador, que dejó en evidencia una presunta práctica que no es desconocida en el medio: y es que algunos jóvenes llegarían a pagar altas sumas de dinero para poder jugar en la plana mayor del torneo nacional.
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“Resulta que hubo un torneo en Medellín, solo equipos profesionales, canteras profesionales. Y yo fui y lo jugué. Entonces llevaron a todos los que estaban rindiendo, normal. Y nos fue rebién, llegamos a semifinal, que nos sacó, nos sacó el Medellín”, así inicia el relato el joven cuya identidad no se revela, pero cuenta sin titubeos cómo se dio toda la situación, pero no se sabe en qué club se presentó el caso.
“Vamos a Tunja otra vez y cuando llegamos nos premiaron a dos (jugadores), al extremo, un parcero y a mí. Y nos dijeron: ‘Mañana lo esperamos a las 7:00 a. m. en tal lado’, que ahí era donde entraba la profesional”, continúa la narración del futbolista.

El hombre recordó que “un día llegó el técnico de la profesional y nos dio una fecha al chino (su compañera, el extremo) y a mí. ‘Vea, esta fecha, ustedes contra el Cúcuta. Espero que me rindan esa ese día’. Eran dos meses para debutar ya con el Cúcuta (Deportivo), para debutar ya oficialmente con Cúcuta. Y pues bueno, seguimos entrenando ahí con el chino normal y llegó un día como faltando como 20 días”, antes del tan anhelado día.
Así fue como describió como le vendieron la idea en concreto de su debut: “Yo estaba rindiendo todavía bien y todo. Y llegó el preparador físico de la profesional y me dijo: “Vea, Sebastián, papi, sígame rindiendo, vea, llévese esa copia pa’ su casa, amigo. Lleve esa copia pa’ su casa y sí, sígame rindiendo, vea”. Cuando yo llegué a la casa, yo me puse a leer eso con el ojo enlagunado, era un contrato, copia de un contrato profesional".
En el contrato se detallaba que su sueldo sería de $1’700.000.
“Le damos casa, le damos todo. Yo, yo leía eso lagrimeado allá en mi cambuche, en ese camarote. Y yo: ‘Bueno’. Nunca dije nada y faltando como, como 8 días sin mentirle, llegó un pelado de Buenaventura (Valle del Cauca)”, puntualizó Sebastián, con “empresario y todo”.
Justo en ese momento, al joven futbolista estaba con el equipo Sub20. “Me empezaron a bajar a la sub-20 y ya no (...) me bajaron con la profesional, yo dije: “Hijo de puta, aquí fue”. Y pues bueno, llegó el día de supuestamente de la convocatoria; tres días antes y no apareció mi nombre ni el del otro socio".
La decepción y el desespero se apoderó de Sebastián, que dijo: “Ah, jueputa, algo hicimos mal”.
Luego de ya no intentarlo, el joven confirmó: “Pasó el tiempo y ya nos rehusamos, ya nos bajaron de la profesional del todo ya”.
Pero lo más insólito vino después: “Cuando, en octubre, entrenando con la sub-20, el chino (refiriéndose al joven que había llegado de Buenaventura) también lo habían bajado de la profesional, que había llegado esa vez”, agregó Sebastián.
El hombre dejó atónitos a los presentes que presenciaron el relato cuando afirmó: “En ese instante, cuando llega el chino a un entreno ofendido y dice: ‘No, perro, ofendido con este equipo, con esta organización, eso es una mierda’, llegaba y nos decía. Y nosotros: ‘¿Por qué perro?, si usted debutó con el Cúcuta’“.
Hasta le hacían bromas y Sebastián recordó que hasta le decían que él les había quitado al puesto. “Nosotros lo jodíamos. Cuando llega el chino (de Buenaventura) nos dice: ‘No, perro, es que esos 24 millones que yo di con mi empresario es que no valen pa’ nada, o qué?”. Así nos dijo".

Esto provocó que Sebastián entrara en cólera: “Y yo: ‘Uy, no seamos tan hijueputa”. Y ofendido. Yo llegué a la casa casi me pongo a llorar (...) leyendo la fotocopia del contrato me enlaguné, llegué a la casa y yo le pegaba a ese hijueputa camarote".
Al final, el joven en medio del desconsuelo cerró: “Yo inmediatamente al otro día me hice lesionar y me vine dos semanas. No aguanté”.
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