
El mercado cambiario volvió a vivir una fuerte tension cuando el rebote del dólar recuperó en pocos días casi todo lo que había cedido en agosto de 2026 y reabrió una discusión más amplia sobre qué sostiene al peso colombiano, qué lo debilita y hasta qué punto una divisa más alta sirve de verdad para exportar más.
Por ejemplo, el el lunes 24 de agosto la Tasa Representativa del Mercado (TRM) arrancó en $3.048,12 y, desde ahí, el dólar subió todos los días. El martes abrió en $3.050, tocó un mínimo de $3.043 y cerró con un promedio de $3.081,34, 25 pesos por encima de la TRM del día, con USD 1.744 millones negociados en 2.264 transacciones y el viernes 28 de agosto la presión siguió al alza, con apertura alrededor de $3.155 y un máximo temprano de $3.170. En el balance semanal, la TRM avanzó $96,16 y cerca de 3,15%. Frente a la TRM del viernes 17, el aumento fue de $81,32, o 2,65%, aunque desde el inicio del año todavía mostraba una caída aproximada de 16,3%, equivalente a $613, y frente al mismo día del año pasado rondaba el 22%. Como dato excepcional, está que no hubo jornadas en rojo.
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Para el country manager de Global66, Daniel Londoño Tapia, el dato más expresivo estuvo en la velocidad del rebote. Desde el mínimo intradía de $3.032 del 19 de agosto hasta el máximo del viernes, el dólar recuperó unos $138 en siete ruedas, mientras agosto terminaba casi donde había comenzado: apenas $12 por encima de los $3.132,42 del 31 de julio.
Su explicación parte de tres fuerzas que empujaron al mismo tiempo y que por primera vez en muchas semanas jugaron todas contra el peso: entre ellas la FED, el petróleo y el terremoto del 10 de agosto.
Reserva Federal de Estados Unidos (FED)
El Departamento de Comercio informó que el PCE de julio llegó a 3,7% anual, por encima del 3,6% esperado, y que el ingreso personal creció 0,4% mensual frente al 0,2% previsto. Ese cuadro llevó al DXY a avanzar 0,24% en la sesión.
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Después llegó Jackson Hole. Londoño Tapia señaló que el presidente de la FED. Kevin Warsh, usó su primer discurso como presidente de la Fed para responder a las críticas por su rueda de prensa de julio y advirtió con más claridad que una inflación persistente podría llevar al banco central a subir tasas. Warsh dijo que las cifras del verano fueron mejores de lo esperado, pero no mostraban una mejora real en la tendencia de fondo. También agregó que no se debía tolerar un régimen en el que los participantes del mercado miraran a la Fed para decidir su próxima operación.
Los bonos reaccionaron de inmediato al incorporar un alza. Antes del discurso, el mercado asignaba cerca del 34% de probabilidad a un aumento en la reunión del 15 y 16 de septiembre, cuando tres semanas antes esa probabilidad había llegado a rondar 60%.
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Petróleo
“Esta vez sí importó”, planteó Londoño Tapia al referirse a la caída del Brent, de referencia para Colombia, durante cuatro jornadas consecutivas hasta cerrar el jueves por debajo de USD 87.
El movimiento llegó después de que Irán y Omán acordaran el reparto de aguas e ingresos del estrecho de Ormuz, aunque Teherán aclaró que la reapertura efectiva requería más que ese entendimiento. A eso se sumó la afirmación del presidente Donald Trump de que el martes 25 de agosto pasaron diez millones de barriles por ese paso y de que las minas ya habían sido retiradas.
Y es que el viernes 21 de agosto, el Brent había cerrado en USD94,39, de modo que la semana dejó una caída cercana a 8%. En el análisis del experto, Colombia pierde por ese canal ingresos de exportación y el peso pierde el soporte que lo había acompañado desde julio, cuando las monedas petroleras eran de las pocas que le ganaban al dólar.
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Efectos del terremoto
La tercera fuerza fue local y, en su opinión, llevaba semanas esperando turno. El mercado atribuyó parte del movimiento a una menor disponibilidad de divisas en el sistema financiero local, pero por debajo de eso ubicó la “aritmética de la reconstrucción”. Esto, ante las consecuencias del terremoto del 10 de agosto.
Las estimaciones iniciales sitúan ese costo por encima de $30 billones, con $24,5 billones para edificaciones y $5,5 billones para infraestructura, cerca de 1% del PIB. A la vez, el Comité Autónomo de la Regla Fiscal proyecta que la deuda neta del Gobierno Nacional Central podría llegar a 60,3% del PIB este año.
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Londoño Tapia añadió otro condicionante: el gobierno saliente usó el 96% del cupo de emisión de deuda interna del año, una proporción que describió como sin precedentes en una transición presidencial. El presupuesto vigente, agregó, enfrenta además un faltante superior a $30 billones.
A esa secuencia se sumó una frase del gerente general del Banco de la República, Leonardo Villar, en la Convención Bancaria para explicar buena parte de lo visto entre junio y agosto. Según su interpretación, una de las razones de la caída del dólar era, paradójicamente, el propio déficit fiscal: “El Gobierno monetizando deuda externa era el que estaba vendiendo los dólares”.
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Cuando ese flujo se agota, sostuvo, el precio se acomoda. De cara a los próximos días, ubicó dos referencias al frente: el informe de empleo de agosto en Estados Unidos, que se publica el viernes 4 de septiembre, y la inflación de agosto en Colombia, que divulgará el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) a comienzos de septiembre.

Con Warsh poniendo sobre la mesa el argumento de una subida de tasas, un dato fuerte de empleo consolidaría el rebote del dólar en Colombia y uno débil lo desinflaría. En el frente local, tras el IPC de julio en 6,03%, una nueva baja de la inflación abriría la conversación sobre recortes del Banco de la República antes de lo previsto y le quitaría atractivo al carry, justo cuando el peso pierde otros dos apoyos.
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También puso el foco en un elemento técnico. El programa de acumulación de reservas del Emisor solo permite ejercer opciones cuando la TRM está por debajo de su promedio móvil de 20 ruedas, y el rebote de esta semana llevó la tasa justo a ese umbral, con lo que el mecanismo se desactiva por sí solo. “Visto en frío, el diseño funcionó”, afirmó, al señalar que el banco central compró cerca del piso y deja de comprar cuando el mercado se acomoda. La segunda subasta mensual, prevista para comienzos de septiembre, servirá como señal sobre dónde cree el Emisor que está el equilibrio.
Declaración de emergencia
En el plano fiscal, recordó que la emergencia vence alrededor del 18 de septiembre y que después vendrán los decretos con fuerza de ley y la revisión de la Corte Constitucional. Su escenario base ubica al dólar entre $3.100 y $3.220, “con el piso donde estaba el techo hace diez días y el riesgo cargado hacia arriba mientras la Fed siga sonando dura y el crudo siga cediendo”.
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Finalizó al decir que “l fortaleza del peso durante el trimestre no venía de que Colombia estuviera haciendo algo particularmente bien, sino de un dólar global débil, un carry ancho y un gobierno vendiendo divisas”.

Intervención en la tasa de cambio
Dicho diagnóstico conecta con otra discusión que reaparece cada vez que la divisa sube. El empresario Cristian Halaby cuestionó la idea de intervenir la tasa de cambio para impulsar las exportaciones y resumió su tesis en una frase: “Exportar vía devaluación es exportar pobreza”.
Halaby sostuvo que la intuición de pedir un dólar alto para vender más al exterior resulta comprensible, pero no se sostiene ni en los datos ni en la lógica económica. Citó una gráfica que compara la tasa de cambio y las exportaciones no tradicionales de Colombia entre 2010 y 2024, ambas llevadas a base 100, y concluyó que la relación entre una y otra es baja.
“Mientras la tasa de cambio se disparó, las exportaciones siguieron su propio camino”, afirmó. También remarcó que se trata de “cifras preliminares sujetas a verificación con fuentes oficiales”.
Su explicación es que buena parte de los insumos exportadores del país son importados y se pagan en dólares, por lo que una moneda débil eleva al mismo tiempo el ingreso y el costo. A eso se suma que la demanda externa depende más de los precios internacionales y de la capacidad de oferta que del nivel de la tasa. Pero su objeción principal apunta más al fondo.
“Competir exportando por la vía de una moneda débil es competir abaratando el trabajo nacional medido en dólares”, planteó.

“Se vende más barato afuera porque nuestra gente, en términos internacionales, gana menos. Eso no es competitividad: es exportar pobreza”, agregó. Para Halaby, la competitividad real se construye del lado de la oferta. Habló de impuestos competitivos, infraestructura que reduzca los costos logísticos y menos trámites que liberen la energía productiva.
“Eso sí perdura, porque no depende del precio del dólar sino de que produzcamos mejor y a menor costo en términos reales”, sostuvo. A su juicio, el desafío exportador de Colombia es estructural y tratarlo con la tasa de cambio equivale a aliviar el síntoma y agravar la enfermedad.
Elecciones presidenciales y su efecto en el dólar
Dicha mirada contrasta con la del economista Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria, al explicar la caída del 17% del dólar en Colombia en 2026. Su punto de partida es que “no es el dólar mundial”, que describió como prácticamente quieto.
Campos concedió que hay un componente de petróleo y mencionó a Noruega, México y Brasil, donde la caída del dólar rondó el 6%. Pero sostuvo que en Colombia “la historia es principalmente interna” y que “el verdadero desplome coincide con las elecciones”.

También matizó el papel de las tasas altas. “Una tasa alta por alto riesgo fiscal no fortalece la moneda. Usted paga lo que le toca”, afirmó, y citó como ejemplos a Brasil, a Rusia “en el extremo” y a Colombia hasta abril. Su contraste está en otro tipo de combinación.
Remarcó que “una tasa alta más expectativa de menor riesgo fiscal, ahí sí cambia la cosa. Los inversionistas llegan a dos manos y el dólar cae”.
Entre el rebote semanal descrito por Londoño Tapia, la crítica de Halaby a la devaluación como receta exportadora y el énfasis de Campos en el factor político interno, queda un mapa menos complaciente para leer el dólar en Colombia. Agosto abrió en $3.132, tocó $3.032 y terminó en $3.144: casi el mismo punto, pero con menos certezas sobre lo que de verdad sostiene al peso.
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