
Los graves hechos de violencia que envuelven al departamento del Atlántico motivaron a la Defensoria del Pueblo para que, en la mañana del domingo 30 de agosto, emitiera una alerta temprana por el riesgo que enfrentan las poblaciones de Luruaco, Repelón, Sabanalarga, Baranoa y Polonuevo por la los fuertes choques de estructuras armadas ilegales que disputan el control de un corredor estratégico.
Según el órgano de vigilancia, la alerta temprana 019-2026 se emitió para advertir sobre posibles violaciones a los derechos a la vida, la integridad, la libertad y la seguridad humana en esos cinco municipios del centro del Atlántico.
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Según la Defensoría, el riesgo se explica por la disputa territorial y por el control de rentas ilícitas en una zona que conecta el Área Metropolitana de Barranquilla con el canal del Dique y con los departamentos de Bolívar y Magdalena.
La entidad aseguró que entre los grupos armados figuran el autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia (o Clan del Golfo), el Bloque Resistencia Caribe conocido como Los Costeños; Los Pepes, los Rastrojos Costeños y bandas tercerizadas.

El autodenominado EGC mantiene presencia en zonas rurales de Luruaco y Repelón y controla corredores veredales que conectan con Bolívar. El órgano de vigilancia indicó que los Rastrojos Costeños y redes locales como Los Prii ejecutan vigilancia, sicariato, cobro de extorsiones y administración de fronteras invisibles.
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Según la Defensoría, la región se ha convertido en un corredor estratégico para el tráfico de armas, drogas y ganado, conectando el área metropolitana de Barranquilla con el canal del Dique y otros departamentos vecinos. Esta condición ha favorecido la presencia simultánea de varios grupos armados ilegales, cada uno con su propia dinámica de violencia y control social.
Los habitantes enfrentan amenazas constantes: extorsiones sistemáticas, patrullajes armados y la distribución de panfletos con amenazas de exterminio social. El rompimiento de una tregua entre Los Pepes y Los Costeños a comienzos de 2026 reactivó enfrentamientos armados, intensificando el riesgo para la ciudadanía tanto en sectores urbanos como rurales.
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Asimismo, la entidad advirtió que los efectos de la violencia recaen de forma desproporcionada sobre la infancia, adolescencia y juventud, víctimas del reclutamiento y explotación sexual desde edades tan tempranas como los 12 años. Los grupos armados emplean métodos de seducción material, como la entrega de regalos, para captar a menores en un ambiente de ausencia de oportunidades educativas y laborales.
Las mujeres y la población con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas también estarían sufriendo agresiones motivadas por prejuicio y control social.
A esto se suman las amenazas y hostigamientos contra líderes sociales, defensores de derechos humanos y comunidades étnicas, quienes han sido objeto de intimidaciones para silenciar sus testimonios en procesos de verdad y reparación.
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En municipios como Luruaco y Repelón, donde más del 70% de los habitantes son afrodescendientes, la violencia pone en riesgo la autonomía y la pervivencia cultural de estas comunidades.

Entretanto, la subregión Centro enfrenta un escenario en el que la disputa por rentas ilícitas conduce a homicidios selectivos, mientras la imposición de normas y restricciones por parte de los grupos armados limita la movilidad y deteriora la economía local. El cierre de negocios y el reclutamiento forzado de menores son consecuencias directas de la consolidación de la criminalidad organizada.
Las extorsiones y el abigeato han provocado desplazamientos forzados que, en muchos casos, permanecen invisibilizados. Los hostigamientos contra líderes sociales y docentes buscan desarticular los procesos de organización comunitaria.
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Frente a este contexto, la Defensoría del Pueblo formuló 31 recomendaciones dirigidas a autoridades nacionales y territoriales, entre ellas los ministerios del Interior y Defensa, la Fiscalía General y la Unidad para las Víctimas. Se solicita la activación inmediata de la Comisión Intersectorial para la Respuesta Rápida a las Alertas Tempranas (Ciprat), con el objetivo de implementar acciones de protección, acceso a la justicia y atención humanitaria con enfoque diferencial.
El ente de control advirtió que las Alertas Tempranas son herramientas preventivas cuyo fin es resguardar la vida, libertad e integridad de las comunidades en riesgo. La falta de intervención institucional, advierte la Defensoría, podría agravar aún más la situación humanitaria y de seguridad en la zona.
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