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Con lágrimas, ovaciones, besos y un espectacular concierto, así se despidió Ricardo Arjona de Bogotá tras seis presentaciones en el Movistar Arena

El cantautor guatemalteco se despidió de Colombia con un espectáculo en el Movistar Arena que mezcló recuerdos familiares, nuevas versiones de sus clásicos y una puesta en escena de aire cabaret

Ricardo Arjona cerró en Bogotá una gira que dejó cerca de 90.000 personas repartidas en seis noches consecutivas en el Movistar Arena.
Ricardo Arjona cerró en Bogotá una gira que dejó cerca de 90.000 personas repartidas en seis noches consecutivas en el Movistar Arena.
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Ricardo Arjona cerró en Bogotá una gira que dejó cerca de 90.000 personas repartidas en seis noches consecutivas en el Movistar Arena, lo que lo convirtió en el artista con mas presentaciones seguidas en la historia de este escenario.

El domingo 2 de agosto, el cantautor guatemalteco de 62 años subió al escenario por última vez en Colombia para poner punto final a “Lo que el Seco no dijo”, una propuesta que desde el primer minuto dejó claro que no se trataba de un concierto convencional.

Las puertas del recinto abrieron a las 5:00 de la tarde. Arjona apareció a las 9:10 de la noche, sin teloneros, sin actos de apertura. Solo él, su banda y una producción diseñada para contar una historia que lleva décadas construyéndose canción por canción.

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El nombre que lo explica todo

La gira no está construida para repasar éxitos en orden cronológico ni para satisfacer únicamente la nostalgia del público.
La gira no está construida para repasar éxitos en orden cronológico ni para satisfacer únicamente la nostalgia del público.

“Seco” fue el apodo que Ricardo Arjona cargó durante su infancia, una referencia directa a su delgadez. Ese detalle biográfico, aparentemente menor, es el eje sobre el que gira todo el espectáculo.

La gira no está construida para repasar éxitos en orden cronológico ni para satisfacer únicamente la nostalgia del público. Su propósito es otro: contar aquello que el “Seco” —el niño guatemalteco que eventualmente se convertiría en uno de los artistas más convocantes de la música en español— no había dicho del todo.

Arjona abrió esa historia desde antes de su propio nacimiento. Durante el concierto habló de la llegada de su padre desde España a Guatemala, de cómo conoció a su madre y del amor que originó su familia. “Vamos a tratar de empezar desde el principio, si les parece. Tiene que ver con un muchacho en Cadiz, principios del siglo pasado, se llamaba igual que yo, se subió a un barco, era andaluz, no sabía muy bien a dónde iba el barco pero terminó en costas de Guatemala, nadie sabe muy bien por qué”.

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Desde ese momento el ambiente de Cabaret, que arranca con la interpretación de “La vie en rose”, famosa en la voz de Edith Piaf, y enlaza recuerdos personales con canciones que marcaron distintas etapas de su vida, convierte el show en una especie de relato autobiográfico musicalizado.

Esa decisión narrativa termina explicando por qué el espectáculo funciona de manera distinta a otras giras del artista. Las canciones no aparecen como productos terminados listos para el consumo nostálgico, sino como consecuencias de experiencias concretas que el cantante fue relatando a lo largo de la noche.

Una escenografía que contaba su propia historia

Cinco pantallas gigantes —que funcionaban también como mapping— proyectaban la fachada animada de un barrio de aire francés: balcones que se abrían, personas que se asomaban a las ventanas, negocios iluminados que evocaban cafés, cabarets y hoteles de otro tiempo.
Cinco pantallas gigantes —que funcionaban también como mapping— proyectaban la fachada animada de un barrio de aire francés: balcones que se abrían, personas que se asomaban a las ventanas, negocios iluminados que evocaban cafés, cabarets y hoteles de otro tiempo.

El concierto comenzó antes de que Arjona pronunciara una sola palabra. Cinco pantallas gigantes —que funcionaban también como mapping— proyectaban la fachada animada de un barrio de aire francés: balcones que se abrían, personas que se asomaban a las ventanas, negocios iluminados que evocaban cafés, cabarets y hoteles de otro tiempo.

Mientras esas imágenes llenaban el escenario, sonaba “Iluso” de fondo. Segundos después, una bailarina cubana apareció sobre las tablas. Y con los primeros acordes de “Gritas” —una canción nueva— entró Arjona completamente vestido de negro.

El ambiente de cabaret que inauguró esa apertura no fue un recurso decorativo puntual. Funcionó como hilo conductor visual de toda la noche, con las pantallas transformando constantemente el escenario para crear distintos ambientes sin detener el ritmo del concierto.

Uno de los momentos más emocionantes del concierto llegó con “Historia de taxi”, el cual coronó con la participación de Mauro Castillo, excantante del Grupo Niche y reconocido por su participación en la película “Encanto”, quien interpretó “Rebelión”, famosa en la voz de Joe Arroyo.
Uno de los momentos más emocionantes del concierto llegó con “Historia de taxi”, el cual coronó con la participación de Mauro Castillo, excantante del Grupo Niche y reconocido por su participación en la película “Encanto”, quien interpretó “Rebelión”, famosa en la voz de Joe Arroyo.

Uno de los momentos más elaborados de esa producción llegó con “Historia de taxi”. Un automóvil apareció sobre el escenario mientras una bailarina representaba parte del relato que narra la canción. Las proyecciones y la iluminación completaron la escena, convirtiendo uno de sus mayores éxitos en una pequeña puesta en escena teatral, el cual coronó con la participación de Mauro Castillo, excantante del Grupo Niche y reconocido por su participación en la película “Encanto”, quien interpretó “Rebelión”, famosa en la voz de Joe Arroyo.

Ese cuidado por los detalles se sostuvo durante toda la noche. Las bailarinas aparecían en momentos específicos, los cambios de escenografía ocurrían con naturalidad y cada elemento respondía al desarrollo de la historia que el cantante iba construyendo.

Más de 30 canciones, ninguna igual a la versión conocida

El setlist superó los 30 temas, con una particularidad: varias de sus canciones más conocidas llegaron con arreglos nuevos.
El setlist superó los 30 temas, con una particularidad: varias de sus canciones más conocidas llegaron con arreglos nuevos.

El setlist superó los 30 temas, un recorrido que combinó clásicos de distintas décadas con material más reciente, pero con una particularidad: varias de sus canciones más conocidas llegaron con arreglos nuevos que les cambiaron el carácter sin borrar su esencia.

“Historia de taxi” incorporó ritmos tropicales. “Tarde” la interpretó con su guitarra bajo un impresionante arreglo flamenco. “El problema” también recibió un tratamiento diferente al que el público tenía memorizado. La decisión de alterar esas versiones no respondió a un capricho estético, sino a una voluntad de romper la rutina de lo ya conocido.

La banda que lo acompañó estuvo a la altura de esa ambición. Músicos de Argentina, España, Chile, México, Cuba y Estados Unidos, con una marcada presencia femenina, ejecutaron cada arreglo con precisión y soltura.

El tramo más emotivo de la noche llegó con una medley que reunió “Dime qué no”, “Cuando” y “Como duele”. Pasada ya la media hora de concierto, las lágrimas aparecieron en varios rostros del público, entre hombres y mujeres que recibieron esas canciones con una intensidad que iba más allá del reconocimiento de los éxitos.

El set continuó con “El Amor”, “Te conozco”, “Historia de taxi”, “Tarde”, “Mujer de lujo” y “Todo termina”, esta última dedicada a sus hijos. Las pantallas mostraron durante esa canción una secuencia en la que un Ricardo Arjona joven evolucionaba hasta convertirse en anciano, una imagen que reforzó el tono autobiográfico del espectáculo.

El QR que convirtió al público en parte del show

Antes de que comenzara el concierto, las pantallas del Movistar Arena mostraban un código QR, los asistentes podían ingresar a una página y escribir la canción que querían escuchar.
Antes de que comenzara el concierto, las pantallas del Movistar Arena mostraban un código QR, los asistentes podían ingresar a una página y escribir la canción que querían escuchar.

Antes de que comenzara el concierto, las pantallas del Movistar Arena mostraban un código QR con una propuesta poco habitual: los asistentes podían ingresar a una página, escribir su nombre, su ubicación en el recinto y la canción que querían escuchar. La mecánica era simple, pero su impacto sobre la dinámica del show resultó ser uno de los elementos más recordados de la noche.

Arjona dejó el escenario principal y se desplazó hasta una tarima alterna ubicada en la parte posterior del Movistar Arena, más cerca de las graderías. Desde allí arrancó un segmento en el que las pantallas mostraban el nombre de algunos asistentes junto con su fila y su silla exacta. Una cámara los buscaba entre el público y su rostro aparecía en las pantallas gigantes.

Arjona interactuó con cada uno de ellos antes de interpretar la canción pedida. La emoción en algunos rostros fue visible para todo el recinto.

Las sorpresas que nadie esperaba

El concierto cerró con “Minutos” y “Mujeres y Arjona recorrió el escenario de lado a lado.
El concierto cerró con “Minutos” y “Mujeres y Arjona recorrió el escenario de lado a lado.

Durante “Acompáñame a estar solo”, Arjona se dirigió con amabilidad a una joven ubicada en primera fila y le pidió que dejara el celular a un lado. “Ese en la pantalla es un impostor-le dijo-, yo estoy aquí”. Luego le cantó la canción directamente a ella. El gesto, sencillo y sin estridencias, generó uno de los momentos más aplaudidos del primer tramo del show.

Más adelante, las cámaras captaron a una mujer entre el público que sostenía un cartel que decía “Soy una señora de las cuatro décadas”. “¿Quieres venir para acá?“, le preguntó Arjona. ”¿Alguien puede ir por ella?“, pidió el artista mientras comenzaba a cantar uno de sus temas más populares. Al final, Angie, que así se llamaba la afortunada, le dio un beso antes de salir del escenario.

El concierto cerró con “Minutos” y “Mujeres”. A las 11:30 de la noche se apagó la música. Durante el tramo final, Arjona recorrió el escenario de lado a lado con una energía que desmintió cualquier cálculo sobre lo que significan los 62 años sobre un escenario.

A lo largo de una trayectoria de más de cuatro décadas Ricardo Arjona construyó una base de seguidores que abarca varias generaciones.

“Lo que el Seco no dijo” no apela a la nostalgia como único recurso ni se limita a reproducir lo que el público ya conoce. Propone una relectura de esa obra desde adentro, con el propio artista como guía de un recorrido que arranca en su infancia y llega hasta el presente.

“Colombia, se les quiere. Yo me llamo Ricardo y soy de Guatemala”, se despidió “el Seco” antes de abandonar el escenario en medio de una ovación de un público agradecido por más de dos hroas de emociones.

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